El virus de la mediocridad
El kirchnerismo y una parte del PRO imaginan eternizar la confrontación, el estatismo y los negociados, que necesitan de esa miserabilidad
La naturaleza nos regala una fuente de esperanza a través de los recursos energéticos pero el gobierno, el actual y el anterior, la convierte en impotencia y la oposición la degrada en denuncia. Alguien recuerda que para privatizar el gas necesitaron cinco diputados truchos -a uno no lograron disimularlo-, y que la venta, las coimas, el saqueo no dejaron de aplicarse por ese “detalle”.
Nuestra historia tiene escasa democracia, el poder del voto sólo se impone con Yrigoyen y con Perón. Del otro lado estaban los de siempre, y esos en cada golpe asesinaban. Claro que la fractura viene en el último golpe, ahí asesinan en exceso y endeudan para siempre. En ese último golpe se destaca el modelo colonial que termina con el patriótico intentando impedir para siempre su retorno. Las multitudes de necesitados que hoy nos acostumbramos a ver no existían antes de esa atroz decisión.
Toda otra división de la historia es falsa, ni la inflación ni el peronismo ni la sustitución de importaciones, todas son excusas que no explican ni justifican la tragedia. Hasta el último golpe la pobreza y la deuda eran dignas, el desempleo oscilaba sin generar subsidiados.
La historia es clara, democracia hubo poca, con Yrigoyen nace el radicalismo, con Perón, el peronismo y del otro lado habitan los negociados de quienes nunca asumieron el voto como un derecho ciudadano. La imbecilidad de algunos historiadores discute todo menos el hecho fundamental de que nuestros ricos pocas veces fueron democráticos. No tuvimos clase dirigente, o la tuvimos digna hasta que le quedó grande la democracia.
Con Alvear participábamos entre los seis países que desarrollaban su industria aeronáutica. Hasta el último golpe fuimos país, teníamos conciencia y burguesía propia, ahora concursamos para colonia, importamos y concentramos; la distancia entre los ricos y los pobres es lo único que se desarrolla. El presidente de Estados Unidos dijo que no existe “el derrame”. El nuestro intenta convertir su incompetencia en docencia, su gobierno asume que solo un milagro les devolvería el futuro.
La oposición
Macri enoja a los radicales, Gerardo Morales y Facundo Manes cuestionan toda alianza donde vuelvan a ser simple acompañantes de la derecha. En Jujuy el gobernador dispuso la cárcel contra Milagros Sala, uno de los hechos más definitorios de la política en los últimos tiempos. Imponer cárcel a la marginalidad implicó revertir el camino del kirchnerismo hacia el caos.
Necesitamos quien haga lo mismo con los “mapuches” o como quieran denominar esa absurda sublevación. La bicisenda y el metrobús son formas necesarias, la reconstrucción del orden y la justicia son objetivos esenciales, incluidos los empresarios que dan clases de moral. Cierta derecha no imagina que los radicales puedan triunfar en la interna, hay demasiado poder económico involucrado en otra vuelta del PRO. Para los peronistas históricos un radical es viable pero la otra opción, el regreso de Macri es ya imposible de apoyar. Lo digo asumiendo la dimensión de mi error.
Ahora la Justicia revive un atentado de Montoneros, por unanimidad insiste en su investigación. Sería un gran paso salir de la justicia deformada donde los atentados guerrilleros eran considerados “derechos humanos” y todo el resto pertenecía al espacio del mal. La absurda e irracional “teoría de los dos demonios” determinó una visión que ya es tiempo de revisar. La sobreviviente conducción de la guerrilla debería ser la foto de la ausencia de pensamiento y de dignidad, el final del heroísmo sin destino.
El kirchnerismo debería ser superado en todas sus dimensiones, en su apuesta a la “sublevación” que desarrollan aun siendo gobierno, como es el caso de los “mapuches” o de Milagros Sala. Y superarlo es un tema de la política, no es ni de economistas ni de privatizadores. Los que apuestan al caos es porque viven en él, carecen de principios, la coherencia es una forma de vida que desconocen y los molesta. Intentan destruir hasta el lenguaje convirtiendo su extravío en un asunto gramatical. Es un grave error analizar lo económico como causa, es una más de las consecuencias de aquel último golpe y el cuestionamiento del sistema productivo que nos redujo a la miseria que hoy nos rodea. Que existan diputados truchos para regalar lo colectivo y convertirlo en propiedad privada enriqueciendo a muchos de los que participaron en el negociado es significativo. El poder se queda con los negocios y regala la calle a los revolucionarios y entonces, el ciudadano queda al desnudo.
La grieta
El kirchnerismo y una parte del PRO imaginan eternizar la confrontación, el estatismo y los negociados, necesitan de esa miserabilidad. La grieta en su despliegue redujo los cerebros de demasiados participantes, repetir argumentos sin otra razón que agredir no puede ser bueno para ningún ser humano que se precie. La exuberancia en las denuncias se contrapone a la pequeñez de las propuestas. No surgen ideas, ni candidatos ni ilusiones que nos devuelvan el futuro. Los intereses económicos deben ser conducidos por la política, jamás sustituirla.
Siempre queda un margen para el delirio, es un sendero viable para aquellos que la eligen como atajo y no como un lugar donde habitar. La boleta única deja al desnudo la pobreza de ideas del oficialismo, demasiado abrazado a sus miserias, incapaz de ceder cualquiera de ellas. Estamos ante un gobierno que se despedaza y una oposición que solo puede permanecer unida si no discute ideas ni candidatos, en síntesis, sin hacer política. Por ahora, la salida no existe, ya llegará su tiempo.
El presidente le habló al mundo en nombre de una sociedad que en su gran mayoría no está de acuerdo con su absurdo planteo. Viajó a defender las dictaduras, a dejarnos como siempre mal parados. El peronismo priorizaba la política exterior, tuvo cancilleres de lujo pero lamentablemente ahora sus herederos transitan el sinsentido de la mediocridad. Triste final de un movimiento que se inventó un origen y no encontró una causa. Solo nos queda soportar su vigencia como ejercicio de la democracia. Lo que no se disfruta se padece.
Nuestros representantes no dan para la indiferencia y es por eso que soportarlos termina siendo expresión del más duro aprendizaje. Sin embargo hay excepciones, Esteban Bullrich destaca la fuerza de su fe por encima de la infinita limitación de su enfermedad. Su ejemplo aparece como un saludable límite a la viveza de tanto mediocre apresurado. Muchos creemos en Dios, otros en el hombre, otros no creen en nada, lo malo y notable es que estos últimos nos gobiernan. La experiencia nos enseñó que la pequeñez de los negocios es una limitación para el espíritu. Y esos son el gobierno, también la oposición, los sindicatos y los empresarios, todos marcados por el virus de la mediocridad.///
Por Julio Bárbaro- Politólogo y Escritor. Fue diputado nacional, secretario de Cultura e interventor del Comfer.