Elena González, múltiple campeona nacional de atletismo master
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2019/09/foto-elena.jpg)
Adrian Stolarczuk
Redacción
Este mes lo comenzó corriendo 10 kilómetros en Gonzales Chaves, a la semana siguiente se animó a otros 7 kilómetros de las “Siete Iglesias” en Quequén, la semana pasada hizo 12 en Orense y ya se prepara para participar el próximo domingo en la prueba de 8 kilómetros del Aniversario del Hogar Raimondi. Este notable raid en pocas semanas le pertenece a Elena González, que lejos de ser una atleta de elite, a sus 61 años, logra siempre terminar cada carrera con la misma sonrisa que comparte a diario. Sin embargo, ella rápidamente advierte: “No me considero runner”.
Para ella, el secreto para disfrutar cada carrera, es “no preocuparme por el reloj. Felicito a los que por el contrario, eso los motiva, me parece bárbaro. Pero yo en las carreras vengo charlando. Corro con mis tiempos. En las “Siete Iglesias”, lo hice en 6 minutos el kilómetro, menos de eso ni intento. Mi meta es llegar nomás, llegar bien y no cansada. Mis tiempos son lo que me dice mi cuerpo, esas son mis exigencias, lo hago hasta donde yo puedo, sino camino”.
Campeona argentina
A pesar de esas limitaciones, Elena se dio el gusto el año pasado de conseguir siete títulos argentinos en categorías masters a lo largo del calendario nacional. Representando a la Asociación Corredores Master Necochea Quequén, siempre en la categoría 60-64 años, logró en agosto los títulos nacionales de 20 km. marcha ruta y 5 km. marcha ruta en San Cayetano; en agosto también, pero en Entre Ríos, fue campeona de los 7 km. marcha y 15 km. ruta; en noviembre se consagró en la pista del Cenard de Buenos Aires en los 5.000 metros marcha y en diciembre fue campeona de aventura en los 3.000 marcha y 15 km por equipos mixtos junto a Enrique Sánchez, en el Balneario de San Cayetano. “El año pasado fue el que más carreras hice. En mi categoría, muchas veces, no hay tantos corredores. Quizás al principio me daba vergüenza decir que había ganado porque era lógico hacer podio si corríamos una o dos nomás. Pero después, un atleta mendocino, de muchos años, me resaltó que lo importante es que la carrera yo la había hecho, más allá de cuantos corrieron”.
Desde cero
Para aquellos que insisten en que cualquiera puede correr o hacer deporte, Elena es un ejemplo sin proponérselo. “Nunca había hecho nada, nada de running. Mi marido es profesor de judo, yo lo acompañaba a los torneos. Mis hijos jugaban al tenis y al handbol. Mi hijo hasta los 17 años hizo fútbol y yo iba de acompañante. Pero siempre desde afuera. No hice nunca nada, ni en mi adolescencia. Te dicen ‘¿y ahora de tan grande?’ y le digo, no hay edades, lo podes hacer, trotar, correr o caminar”. Ahora es la familia quien está pendiente de ella. “Mi marido no me acompaña por una cuestión de trabajo y mis hijos son grandes, pero siempre mandan mensajes y me alientan”.
Sobre sus inicios, relató que “me animé porque ni hermano Eduardo es atleta desde hace varios años y siempre me decía cuándo iba a empezar. Yo trabajaba doble turno, tenía mis hijos, mi familia, era como que no tenía espacio. O quizás yo no me lo hacía”, reflexionó. Pero empecé cuando aún me faltaban dos años para jubilarme. Eduardo me invitó a que lo acompañara a correr la “Combi 2” (tradicional prueba en duplas en las que llegan juntos a la meta, turnándose entre correr o andar en bicicleta). Lo acompañé en bicicleta, me largué por la ribera del Quequén, una carrera muy linda”. De aquel inicio pasaron 5 años. “Y a partir de ahí seguí. El (Eduardo) tenía una alumna que hacía marcha y ahí empecé, día por medio, incorporando el trote también. Entrenamos en la ribera. Vivo a tres cuadras del Club Del Valle y nos queda más cómodo. Bajamos todo por la ribera hasta el puente, es un espacio muy lindo y todo el año, que nos queda más cerca que el parque”. La marcha es una modalidad atlética en la que se intenta caminar lo más rápido posible sin llegar a correr, con rigurosas cuestiones reglamentarias donde, fundamentalmente, el atleta debe siempre tener un pie en el suelo.
A viajar
Con el tiempo, de aquellos primeros pasos, Elena se soltó buscando más. “Mis primeras carreras fueron sólo en marcha. Fue de forma gradual, 5 y 7 kilómetros. Mi primer nacional fueron 20 kilómetros. A partir de ahí tomé confianza, también corriendo. Lo máximo que he hecho son los 21 km. de Actitud Solidaria, los últimos dos años”. Y así también llegaron los viajes. “Empecé a competir a nivel nacional, con los masters, algo que desconocía y me empecé a animar. La primera fue en Puerto Madryn, 10 kilómetros de marcha, en 2015”. Sería el primer paso deportivo que la llevaría prácticamente por todo el país. Mendoza, Entre Ríos, La Pampa, Córdoba…Muchos lugares a los que nunca había estado ni como turista. “También fui al Cenard el año pasado, un lugar que no conocía. No estaba acostumbrada a correr en una pista. Lo había hecho solamente en Mendoza, nunca en Mar del Plata por ejemplo. Había un nivel de atletas espectacular, veía gente con zapatillas con clavas, que se lo toma muy enserio desde hace años, y las mías eran comunes”, compartió entre risas. Y también se animó a conocer otros países por primera vez, gracias al deporte. En 2016, compitió y se subió a lo más alto del podio en su categoría en los 10 kilómetros de marcha del Sudamericano Master en Coronel, en Concepción, en Chile y el año pasado en Mercedes, en Uruguay, en una competencia de marcha atlética en la cual corrió 20 kilómetros. “Lo que más rescato es la parte humana, lo social, sobre todo en los campeonatos master. Ves personas de 80 años y que te sorprende, como viajan y compiten, corren 800 kilómetros como nada. Son atletas de toda la vida. Disfruto mucho eso, compartís con aquellos que viajás. También está la parte turística, porque en Uruguay fuimos a Colonia y en Chile a Concepción, que fue muy lindo, y no conocía”.
Entre las metas está poder seguir disfrutando de las carreras y los viajes. “Me encanta también cuando se hacen carreras acá en Necochea, siempre poder correr y apoyarlas. Quizás como un deseo próximo sería lindo poder ir a un Mundial, al menos participar. El año pasado en Málaga no pudimos ir por cuestiones personales. Ya poder estar y vivir todo eso sería una gran satisfacción. El año próximo es en Canadá, es lejos, pero vamos a ver”. Y reconoció que aunque el cronómetro no la apure en las carreras, hay otro reloj que la apura a concretar sus objetivos, como por ejemplo llegar algún día a correr una maratón de 42 km. “No lo tengo como principal objetivo, pero lo pienso. A los 61 años no puedo esperar demasiado, pero quizás para hacerlo el año que viene. No digo que no”. Todo es cuestión de proponérselo, no importa la edad.