Elevarse por sobre los vuelos de cabotaje
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Un experimentado hombre de la vida política, lector de muchos libros y dueño de propias vivencias, solía repetirme en mi adolescencia llena de interrogantes y cafés noctámbulos «en la vida hay que superar los vuelos de cabotaje, volar más alto, discutir lo trascendente, no desperdiciar el tiempo en lo que no enriquece interiormente, si lo que sirve a lo colectivo». Comencé a entender el concepto mucho después, una cotidiana costumbre que lamentablemente nos hace perder valioso tiempo.
En el medio de todo surgen las confusiones cuando no sabemos diferenciar entre lo intrascendente e importante y terminamos discutiendo con la misma pasión el crecimiento de la ciudad o la instalación de un semáforo.
Mucho de esto se instala como constante en la vida del poder legislativo, no es la excepción nuestro Concejo Deliberante, ese lugar de la democracia donde en forma justa o injusta cargamos de anatemas, y cometemos el error de generalizar, todos iguales, lo mismo un «burro» que un «gran profesor» escribiría Enrique Santos Discépolo, en la obra maestra de los argentinos «Cambalache». El deliberativo necochense no tiene «burros», vale aclarar ni tampoco un «gran profesor». ¿Qué es ser un concejal?
Simple. La persona elegida por el pueblo para defender los derechos de los vecinos, procurándole mayores servicios, con el propósito de mejorar la calidad de vida, elevando ordenanzas y controlando fundamentalmente la gestión del departamento ejecutivo.
Podríamos agregar en este presente, que los concejales deberían ser quienes solucionen, lo pequeño rápidamente, y discutan con criterio los grandes temas del distrito, los que no pueden esperar. Y dejar para el café las largas charlas simplemente adscriptas al escenario de la eterna “rosca” política.
La responsabilidad del presidente Mancino
El Concejo Deliberante tiene la oportunidad de cambiar el mal concepto que muchos ciudadanos tienen de su funcionamiento. El presidente del cuerpo Ernesto Mancino, tiene esa gran responsabilidad.
Para muchos no era el indicado para ese lugar por no venir del campo de la política, sino de la actividad rural tal cual se lo conocía, para otros fue un error tremendo de la interna haberlo designado en ese trascendental cargo.
Mancino no ha podido, ni supo, hasta el momento manejar el cuerpo legislativo, ni siquiera a los propios, hay que tener “training” para ello dentro de la diversidad y las apetencias personales.
Otros presidentes del deliberante han tenido otra muñeca, cintura política se llama, otra presencia; sin dar nombres para no destacar a nadie sobre el resto, porque las comparaciones siempre son odiosas.
En voz baja y en secreto argumentan algunos pares que «Ernesto dice una cosa y hace otra, declama austeridad y luego incrementa la planta de contratados en el legislativo», es como el tero que grita en un lugar y pone los huevos en otro lado. Otros aseguran que le falta decisión para apercibir a colegas, algunos de su estructura, ausentes seriales a reuniones de comisiones de trabajo, entre otras, que habla de la falta de responsabilidad ante el ciudadano que confió con su voto.
Un caso típico fue la incompetente conducción que mostró en ocasión del debate sobre la derogación de la tasa a los agro-exportadores y el porcentaje de aumento de las municipales, cuando desde el departamento ejecutivo hubo que reunir la tropa de Cambiemos, algo que Mancino no había sabido concretar.
Es cierto también, que no ha podido fijar su impronta. El actual presidente viene con fisuras desde el día de su nombramiento, cuando la figura del concejal Alejandro Issin (Pro) era mencionada para ocupar ese lugar, finalmente sin concretase a último momento por acuerdos políticos, situación que no ha cicatrizado y difícilmente se cierre en el corto plazo.
¿Nos merecemos el legislativo que tenemos?
Le es imposible a la sociedad discernir cuando analiza la labor del legislativo municipal bajo la titularidad de Ernesto Mancino.
Entre las continuas discusiones que terminan de madrugada nunca se entendió el horario elegido para las sesiones, verbas afinadas que muchas veces descienden en calidad, son la constante, aún en los jóvenes concejales, ingresando con los mismos vicios, vivir del pasado, como herramienta constante para discutir poco el presente y obviar el futuro como si nunca interesara. Ese futuro que parece inalcanzable pero que llega inexorablemente.
El organismo legislativo no debe vegetar, debe ser dinámico, emprendedor, resolutorio, un eje donde giren necesarias transformaciones. Sin embargo es una caja de resonancia de ecos donde todo se convierte en discursos repetidos, tramas conocidas y finales parecidas. Esos son los vuelos de cabotajes, que no conducen al futuro del distrito, esos que despegan y quedan allí.
Debemos animarnos a pensar en grande
Salir de la lógica imperante donde cada uno defiende su ideología, algunos convertidos en fundamentalistas sin límites, como si vivieran en campaña, con nostalgia de tiempo de estudiantes de bolsillos flacos e idealismos inalcanzables.
Escuchar en el concejo por dar sólo un ejemplo, que debería parar la actividad de la ciudad en el Día Internacional de la Mujer por la detención de Milagro Sala (versión dúo Unidad Ciudadana, Caceres-Barrena), es cruzar el límite hacía la supina incoherencia o relatos de ficción. Como los eternos adoradores del «no» ante cualquier proyecto innovador que salga del “statu quo” clásico de la conformidad.
Observar la falta de acuerdo entre componentes de una misma alianza, en este caso Cambiemos, ediles Graciana Maizzani, José Luis Pagliaro (se dice que pediría licencia en días más por razones particulares en las que se ve afectado), el binomio de la Unión Cívica Radical, el cual en las pocas sesiones llevadas a cabo con su presencia se enfrentaron más, con los propios compañeros de ruta que aportando ideas para el bien común.
Asistiremos en pocos días a la grieta que se abrirá cuando deban obtener los dos tercios para que se elija al futuro Defensor de la Seguridad Municipal, cargo que parecía tener atado el ex concejal, Alberto Esnaola y al parecer en las últimas horas su situación de nombramiento es incierta.
El propio bloque oficialista (Frente Renovador) en algunas actitudes individuales juega al libre pensador, sin entender la realidad, obligando a jugadores experimentados del Ejecutivo a mover piezas para evitar jaque-mate, en acciones simples. ¿En qué estamos si no estamos en los principales temas?
Queremos verlos unidos debatiendo con elevación los temas recurrentes y que siempre se paralizan a la hora de la concreción. ¿Seguimos pensando que Necochea termina en la avenida 2 y Pinolandía?
¿Seguimos pensando que el parque «Miguel Lillo» es un lugar sagrado sólo reservado para una élite protestota ante el simple hecho de pensar en una modernización, dotándole de atractivos dentro de un sector de sus 600 hectáreas?
¿Seguimos pensando que el adefesio Jardín de Rocas permanecerá por los tiempos de los tiempos como una postal de la nada, en el corazón mismo de la Villa Díaz Vélez? ¿Abriremos el frente costero oeste para crecimiento e inversiones futuras, o seremos la única ciudad de playa mundial que no permite crecer de cara al mar? ¿Discutiremos el futuro del Complejo Casino, o nos haremos los distraídos cómo cuando un árbitro deja pasar un penal con el clásico, siga..siga.». ¿Abriremos para la inversión todo el frente costero desde el «Hogar Raimondi» a la escollera? ¿Aceleraremos la concreción de llamado a concesión de los nuevos balnearios de río ?
¿O asistiremos a discusiones ideológicas, con espejos retrovisor, mientras el mundo avanza mirando hacía adelante?
Necochea es un gran avión para despegar, quizás no hemos tenido los pilotos adecuados, o solamente nos animamos al cabotaje, recorrer pocos kilómetros y volver.
Para fortalecernos más necesitamos de una sociedad dispuesta a los cambios, una intendencia con firme decisión, de ir a las cosas definitivamente y un Concejo Deliberante acorde a las circunstancias.
Ya no hay excusas, ni culpas a repartir, la única verdad es que Necochea viene de frustraciones y retrocesos, nadie puede esquivar esa realidad, salir de esa situación requiere unidad, privilegiar la ciudad sobre el individualismo, dejar de lado hogueras de vanidades y ponernos a trabajar en la Necochea de los próximos 20 años, algo que deberíamos haber comenzado ayer.///
Por Miguel Abálsamo
Para Ecos Diarios