Empatía, compromiso y necesidad de ayudar
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Días atrás se celebró el Día Mundial de la Enfermería. La profesión cobra cada vez más relevancia en el marco de la pandemia de coronavirus. La formación de las primeras enfermeras profesionales en el distrito y el trabajo cotidiano
A medida que la pandemia avanzaba por el mundo, el rol de la enfermería dentro del sistema de salud parecía agigantarse día a día.
El miércoles pasado, al conmemorarse el nacimiento de Florence Nightingale, se celebró a nivel mundial el Día de la Enfermería.
Nightingale es considerada la precursora de la enfermería profesional moderna y creadora del primer modelo conceptual de la profesión.
En los últimos dos años, ese profesionalismo que Nightingale pregonaba en la segunda mitad del Siglo XIX, parece haberse convertido en fundamental para el sostenimiento del sistema de salud.
En el distrito la profesionalización de la enfermería ha tenido un largo camino, iniciado con capacitaciones de auxiliares, luego con la creación de una escuela municipal y luego, hace 40 años, con la formación de la Escuela Profesional de Enfermería “Manuela Joglar”.
Entre las egresadas de la primera promoción de enfermeras profesionales formadas en Necochea se encuentra la licenciada Amanda Piscitelli, actual delegada municipal de La Dulce y durante años docente de la escuela en el interior del distrito.
Amanda no sólo fue una de las primeras enfermeras profesionales formadas en Necochea y también fue una de las dos primeras licenciadas en enfermería del distrito.
Pero la vocación de Amanda no fue temprana. Ella se fue a estudiar Letras a La Plata y en busca de una profesión que le brindara una rápida salida laboral, comenzó a cursar enfermería profesional y descubrió quería dedicar su vida a la enfermería y a la atención primaria de la salud.
Por cuestiones personales, no pudo terminar su carrera en La Plata, volvió a intentarlo en Mar del Plata, pero en 1978 se radicó en La Dulce. Fue allí donde se enteró que se abría una escuela profesional de enfermería y decidió cursar, a pesar de que para ello debía viajar todos los días a Necochea.
La carrera comenzó en 1981 y fue de la primera promoción que egresó a fines de 1983. “En un principio la formación era empírica. Es decir que primero eran mucamas y después viendo como trabajaban las enfermeras iban aprendiendo”, explicó Piscitelli. “Después se hicieron cursos de auxiliares, pero la nuestra fue la primera promoción de enfermeros profesionales”.
“En el año 1992 desde el municipio se decidió profesionalizar a los empíricos y se dictó el primer curso de auxiliares en La Dulce. Así arranqué yo como docente de la escuela de enfermería”, recordó.
“Después tuvimos otra extensión en La Dulce ya con la carrera de enfermera profesional”, indicó y precisó que de ese curso egresaron seis estudiantes, cuatro de las cuales trabajan en el interior del distrito.
Dos años después, junto con una de sus compañeros de la primera promoción de enfermeras profesionales, se convirtió en una de las dos primeras licenciadas en enfermería del partido de Necochea.
Además, Amanda realizó una maestría en gestión de servicios de salud. Eso le permitió más tarde hacerse cargo de la administración de la Unidad Sanitaria de La Dulce. “Fue un poco un hito en la enfermería, porque creo que fui la primera enfermera que accedió a un cargo de dirección en la provincia de Buenos Aires”, señaló.
“Me siento orgullosa de ser enfermera. Es una de las profesiones más lindas y más interesantes que existen. Para mí el tema fundamental es la prevención. Por eso toda mi vida la dediqué a la atención primaria de salud”, indicó.
El día a día
Tras estar retirada un tiempo por cuestiones de salud, María del Carmen González volvió a trabajar al Hospital Municipal “Dr. Emilio Ferreyra”.
“Quienes nos dedicamos a esto tenemos una disposición como seres humanos a acompañar el dolor de una forma especial, con una empatía muy profunda”, afirmó González, más conocida por su labor como escritora.
Explicó que se dedicó a la enfermería porque siempre sintió una “vocación de servir en general”.
“En enfermería encontré la posibilidad de acompañar a las personas en una forma integral”, afirmó.
“Era la carrera que más se adecuaba a la forma en la que yo quería atender a las personas en su proceso de salud y enfermedad”, precisó.
“No es fácil acompañar al otro cuando está sufriendo”, afirmó y dijo que la profesión exige muchos años de estudio.
Por otra parte, explicó, en estos tiempos en que la enfermería ha cobrado un rol fundamental, los enfermeros también se ven expuestos a la enfermedad, pero no sólo por la posibilidad de contagio. “A veces trabajamos mucho con ese ansia de ayudar al otro, no medimos que tenemos que reponer fuerza y nos pasa que nos excedemos y nos desgastamos mucho”, precisó.
“Tenemos muchas enfermedades producto de eso en enfermería. Es importante que los enfermeros nos cuidemos para poder cuidar a los otros”, explicó.
Por otra parte, comentó que como “los sueldos son muy bajos, casi hay una necesidad de pluriempleo y eso es nocivo para la persona que trabaja en enfermería. Son realidades que es necesario cambiar”.
Formación en Necochea
Como señaló Piscitelli, antes de la Escuela Profesional de Enfermería, existieron otras iniciativas para formar enfermeras en el distrito. Según el archivo de Ecos Diarios, el
el 14 de abril de 1975 en el Hospital Municipal “Dr. Emilio Ferreyra” se inició el primer curso regular de la Escuela Municipal de Enfermería, creado por impulso del director del nosocomio, el doctor Héctor Roqués.
Un año después, el 24 de abril de 1976, en el Teatro Municipal se realizaba la ceremonia de graduación de las primeras 14 auxiliares de enfermería egresadas del nuevo establecimiento de capacitación sanitaria.
Este curso tenía como objetivo formar auxiliares de enfermería y años más tarde daría paso a la creación de la Escuela de Enfermería Profesional “Manuela Joglar”.
Las primeras egresadas como auxiliares de enfermería fueron: Olga Noemí Blanco, Norma Tapia de Cabrelli, María del Carmen Cepeda, Ana Alicia Correa, Irma Molvert de Del Hoyo, Odilia Elina Dietrichs, Elba Gratia de Eugenio, Graciela González, Luis Palma de Iriarte, Delia Martínez de Alvarez, María Cristina Peralta, Ana María Penzo de Rodríguez, María Severinsen de Sola, Elida Toledo y Julia Vázquez.
Años después, el 3 de agosto de 1981, quedaba inaugurada la Escuela de Enfermería Profesional “Manuela Joglar”.
La institución surgió durante la gestión como director de Salud de la comuna del doctor Alberto Touyá. Dependía de la Escuela Superior de Sanidad del Ministerio de Salud provincial y mediante un convenio con el municipio.
Aunque se inauguró cuando se desempeñaba como director de Salud el doctor Oscar Giménez.
Este médico explicó en su momento que uno de los temas que preocupó a las autoridades fue el nombre que le sería impuesto a la escuela, ya que todas las de su tipo tenían el de una enfermera famosa por sus antecedentes y trayectoria.
Fue así que se recordó el trabajo de Manuela Joglar, quien desempeñó su tarea en el Hospital Municipal “Dr. Emilio Ferreyra” desde el año 1943 hasta su muerte, el 24 de diciembre de 1969.
Su trayectoria fue brillante por su laboriosidad y su grandeza de espíritu, además de su afecto por los indigentes.
Desde 1981 en la Escuela de Enfermería se dictaron los cursos de auxiliares en enfermería y la carrera de enfermería profesional que permitieron a los establecimientos de salud de la zona contar con personal capacitado.
En 1990, se empezó a dictar la carrera de enfermería profesional a nivel terciario, de dos años y medio de duración. La misma se dictó hasta 1995 y egresaron 27 enfermeros.
Tras permanecer un año cerrada, la escuela se reabrió en 1997.
Vocación inquebrantable
Florence Nightingale sentó las bases de la profesionalización de la enfermería con el establecimiento, en 1860, de su escuela de enfermería en el hospital Saint Thomas de Londres, actualmente parte integrante del King’s College de Londres y del NHS. Fue la primera escuela laica de enfermería en el mundo.
Nightingale nació el 12 de mayo de 1820 en Florencia, en el seno de una familia británica de origen aristocrático. Pese a la oposición familiar, a los 17 años decidió dedicarse a la enfermería, oficio que en aquellos años parecía estar destinado exclusivamente a mujeres de la clase trabajadora.
Su vocación y ganas de servir se fortalecieron con su educación autodidacta. Durante años viajó por varios países de Europa para instruir a las mujeres de la época para ser las mejores enfermeras.
El 22 de agosto de 1853 asumió el cargo de superintendente en el Instituto para el Cuidado de Señoras Enfermas (en situación de calle) en Londres, puesto que ocupó hasta octubre de 1854.
Su trabajo fue la fuente de inspiración de Henri Dunant, fundador de la Cruz Roja y autor de las propuestas humanitarias adoptadas por la convención de Ginebra.
Alcanzó fama mundial por sus trabajos precursores de enfermería en la asistencia a los heridos durante la guerra de Crimea. A partir de ese momento fue conocida como “la dama de la lámpara”, por su costumbre de realizar rondas nocturnas con una lámpara para atender a sus pacientes.
En 1883, la reina Victoria le otorgó la Real Cruz Roja, y en 1907 se convirtió en la primera mujer en recibir la Orden de Mérito del Reino Unido. En 1908, le fueron otorgadas las Llaves de la Ciudad de Londres.
El juramento Nightingale efectuado por los enfermeros al graduarse, fue creado en su honor en 1893.