Emprender a 7.600 kilómetros de la ciudad que te vio nacer
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Elena Luna tiene 29 años, es mexicana e ingeniera civil, pero hace algunos años que se desempeña entre el arte, el diseño y las fotografías
La historia de Elena Luna es una historia de amor, de película, aunque también es una historia de desafíos y un ejemplo de todo lo que es capaz de hacer una mujer decidida y con ideas claras.
Ella es mexicana, pero tras mudarse a Necochea hace seis años, comenzó a caminar el difícil camino de tener su propio emprendimiento, ya que su título profesional no le permitía ejercer en la Argentina.
Gran cambio
Elena tiene 29 años, nació en Puebla, en una pequeña familia conformada solo por su madre y su hermana. “Mi mamá sola, con los recursos que tenía, se encargó de amarnos, alimentarnos, educarnos y motivarnos día a día a hacer cosas grandes y creo que lo estamos logrando”, asegura.
Se recibió de ingeniera civil en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) y desde el tercer semestre de carrera consiguió trabajo en una oficina de ingeniería en la que aprendió muchísimo.
A media carrera consiguió una beca completa para un año de intercambio en Francia y en general le iba muy bien. Finalizando sus estudios, trabajó un año en la Ciudad de México, pero en ese momento surgió algo que cambiaría por completo su vida.
A los 15 años conoció por internet al necochense que hoy es su esposo. “Una historia bastante loca, pero llena de amor. Tanto amor que a finales de 2016, cuando nuestros planetas finalmente se alinearon, dejé todo en México para venirme a vivir con él”, cuenta.
“En general no es fácil cambiarte de país. Un viaje de turismo o un intercambio son grandes experiencias en las que aprendes muchísimo, pero siempre sabes que vas a volver. Al emigrar uno sabe que por un buen tiempo no verás a tu familia, amigos, lugares y algo que a los mexicanos nos duele mucho, despedirnos de la comida. Así que todo eso se junta en un montón de emociones con las que hay que lidiar al mismo tiempo que tratar de iniciar una nueva vida”.
Dificultades
A pesar de que sabía que todo iba a ser diferente, que venía a hacer una vida completamente nueva, laboralmente Elena se sentía confiada de que, afortunadamente, nunca le había costado mucho conseguir trabajo. Pero se equivocó. “Es re difícil sin tener contactos, sin saber siquiera a quien pedirle el trabajo o encontrar vacantes laborales con el detalle de ‘sexo masculino excluyente’”, explica.
Por otra parte, Elena contó que también el área en la que ella tiene experiencia no se aplica en esta zona del país y que “la cuestión de revalidación de estudios es una pesadilla” porque “piden papeles que ni siquiera mi universidad sabía cómo entregarme”.
“Me rendí un poco, pero afortunadamente conservé contactos de México que hasta la fecha me envían trabajo que realizo a distancia. Es una de las grandes ventajas de la tecnología actual”.
Arte
Cuando inició 2018, ya llevaba un año en Necochea y Elena se sentía algo perdida, porque no conocía a nadie ni tenía un trabajo. Así fue que comenzó clases de pintura que la llevaron a inscribirse en la Escuela de Arte de la ribera del río, con la intención de hacer el profesorado. “Eso fue una experiencia completamente nueva para mí, siempre me gustó dibujar pero jamás me lo había tomado muy en serio. Ahí descubrí que, a pesar de ser un área opuesta a lo que había estudiado, era sin duda una nueva pasión. Realicé la formación básica con éxito, pero cuando inicié el profesorado me di cuenta de que eso no era para mí. Traté de seguir la tecnicatura pero por varios motivos decidí dejarla también”.
No obstante, esa experiencia la ayudó a ver que podía explorar cosas nuevas y que no era necesario enfocarse completamente en lo que había estudiado, sin aprender nuevas habilidades.
“A principios de 2019 en casa compramos una impresora con la que empezamos a imprimir fotos para nosotros, luego comenzamos a hacerle fotos a la familia y a conocidos y, finalmente, un día armé un cartel con promociones de fotos y lo publiqué en los grupos de compra venta de Facebook. Ahí comenzó todo, en febrero de 2019 mi celular no paraba de sonar, era un mensaje tras otro pidiendo fotos”, recuerda.
Para ese entonces, Elena no tenía idea de manejar programas de diseño, pero la demanda fue tal que tuvo que aprender y lo logró con rapidez.
Cuadros
Elena y su familia siempre tuvieron la tradición de armar rompecabezas, algo que la mexicana trasladó a su esposo necochense y la casa se les llenó de ellos. “En un momento se nos empezaron a juntar y enmarcarlos nos iba a salir una fortuna, así que dijimos ¿por qué no los enmarcamos nosotros?. Y bueno, los primeros cuadros quedaron horribles, pero con muchísima practica y con las herramientas adecuadas fuimos aprendiendo a hacerlos”.
El 2019 le sirvió para fundar de manera virtual LLArteNeco, nombre que le puso a su emprendimiento, y aprender a realizar todos los productos que hoy ofrece.
En 2020 comenzó a oficializar todo, se inscribió en el monotributo y, a pesar de la cuarentena, logró abrir y dar inicio a la habilitación de su local en el centro.
“Las redes sociales sin duda han sido mis grandes aliadas, hoy en día es más fácil llegar a la gente por esos medios, lo cual creo que ha facilitado muchísimo el desarrollo de todos los emprendimientos. Una de las cosas que disfruto mucho, es que realizamos trabajos para otros emprendedores y me encanta ver la cantidad de mujeres que se han animado a emprender, haciendo cosas que les apasionan y volviéndose cada día más independientes”, concluyó.