En 1911 Necochea alcanzaba el estatus de ciudad
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Una serie de obras públicas y privadas le dieron un gran impulso que le permitieron un gran crecimiento en sólo dos décadas
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Ecos Diarios
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En 1911, a partir de un proyecto del ex diputado bonaerense y ex intendente local Alfredo Butty, Necochea alcanzó el estatus de ciudad.
Fue luego de varios años de empeñosas gestiones y de paciente espera que se logró la atención de los poderosos poderes públicos de la Nación y de la Provincia de Buenos Aires.
Ello también repercutió en la realización de diversas obras que permitieron que dos décadas más tarde Necochea fuera una de las ciudades más importantes de la provincia de Buenos Aires.
El gobierno nacional realizó una importante obra vial en la zona de Puerto Quequén, de la que forman parte el puente carretero, construido para servir a las necesidades del tráfico de cargas entre las secciones cabotaje y ultramar.
También construyó caminos lisos, de cemento armado, sobre las escolleras y la avenida costanera que ya en esa época unia al puerto con el balneario.
En aquellos años la Nación también construyó nuevos muelles y galpones en Puerto Quequén, además de los pabellones de la “Colonia de Niños Débiles”, hoy Hogar Raimondi.
En 1931 también se encontraban en construcción los edificios del Colegio Nacional y las oficinas de Correos y Telégrafos de la Nación.
«El panorama urbano ha variado visiblemente en los últimos años. Necochea se ha modernizado. Pero esta obra de perfeccionamiento y de progreso ha sido realizada sin menoscabo para sus primitivas características naturales», señala un libro publicado en esa época.
«El movimiento cotidiano de Necochea, cuya población está calculada en unos veinte mil habitantes, es el característico de las ciudades laboriosas y tranquilas. En la época estival, el tráfico público, la animación y el movimiento urbano en general se acentúan notablemente, debido a la influencia del veraneo», añadía.
Comercios de antaño
Pero la ciudad no sólo crecía por el impulso de la obra pública. Existía un gran empuje de la empresa privada, que había dotado a Necochea de industria y comercio propios.
Entre los comercios de mayor prestigio de los años 30 se encontraba la firma de Emilio Castaños y Compañía, que poseía un establecimiento dedicado a los ramos de almacén en general cuya existencia databa de 1894.
Otra casa de ramos generales de gran trayectoria fue Euskalduna, fundada en 1889 por don Tomás Bilbao. Funcionó durante años en la esquina de Belgrano y Díaz Vélez (hoy 62 y 63), abarcando los ramos de almacén, corralón de maderas, acopio de frutos y con representaciones importantes, entre ellas de la Internacional Hawerster Compañía Argentina, Deering, Internacional y Texaco.
También funcionaba en esa época La Nueva Perla, de Martín Luengas, antiguo socio de la firma fundadora: Jaureguizar Hermanos y Cía.
Este afamado comercio se hallaba instalado en la esquina de las calles 25 de Mayo y Primera Junta. Según el libro del cincuentenario, La Nueva Perla era considerada «entre los mejores comercios de la zona» y era el único que abarcaba simultáneamente los ramos de almacén y tienda en forma completa.
En otro rubro, en 1900 la firma Terrani y compañía había fundado la Gran Zapatería Roma, ubicada en avenida Alsina 359 (hoy avenida 59).
Luego la firma pasó a ser Terraniy Noseda y, a partir de 1921, quedó a nombre de Eduardo Noseda.
«Abarca la Gran Zapatería Roma, además del ramo de calzados de las mejores marcas, los artículos de fútbol, tenis, de goma, para playa y sort, tratamiento de los pies según el método del especialista Dr. Wm. M. Scholl, valijería y taller de composturas de calzados en general.
Con los años fundó una sucursal (La Ideal) sobre la calle Belgrano (62).
También existía por aquellos años una fábrica de bebidas gaseosas perteneciente a la firma Riganti y Fernández y que con anterioridad había sido propiedad de Antonio Gatto y Cía.
Se elaboraban allí bebidas sin alcohol, soda, naranjada y otros productos, además la firma era concesionaria de la cerveza Quilmes y distribuía por año más de 25.000 docenas de botellas de esa marca en los hoteles, bares, almacenes y casas particulares del distrito.
La ciudad contaba también con una fábrica de hielo, propiedad de Kristian F. Bork. De acuerdo al libro del cincuentenario, su empresa figuraba en la época entre «los más modernos establecimientos de su género existentes en el país».
El establecimiento también contaba con cámaras frigoríficas para el enfriamiento de leche pasteurizada y para la conservación de manteca y otros productos de lechería.
La fábrica realizaba sus actividades en combinación co otra de quesos, manteca, caseina y de pasteurización de leche denominada «Las Grutas» y que pertenecía a Bork y Zabala.
El Molino Quequén, propiedad de Molinos Harineros y Elevadores de S.A., fue uno de los establecimientos industriales más importantes de la ciudad. Hasta hace poco la estructura del edificio, ubicado en avenida 10 entre 14 y 16, se encontraba intacta, pero el año pasado comenzó a derrumbarse.
En 1930 los productos del molino gozaban de mucha aceptación por la calidad. Allí se elaboraban anualmente de 18.000 a 22.000 toneladas de harina triple cero, doble cero, cero, especial, afrecho y afrechillo, cuya materia prima procedía de los partidos de Necochea, Lobería, Balcarce y General Pueyrredón.