En busca de transformar las almas
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Después de vivir algunos años en Europa, Juan Sacco volvió a la Argentina y descubrió que en nuestras calles y plazas faltaba arte. Aquí comenzó junto a otro artista diversas intervenciones públicas que buscan contagiar ese espíritu artístico
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Primero viajó. Fue a Uruguay, luego cruzó el océano y vivió un tiempo en España, en Francia, en Alemania. Cuando volvió a la Argentina algo había cambiado en él. Ya no podía ver nuestras ciudades con los mismos ojos.
Juan Carlos Sacco nunca había tenido una vocación definida y fue aquí, en Necochea, su ciudad natal, donde descubrió su vocación: provocar, transformar y estimular a través del arte. Pero no con pinturas, esculturas, música o literatura.
La idea que surgió después de vivir en las calles europeas, donde el peatón se cruza con el arte en las plazas, en las avenidas, en los edificios; fue la de llevar el arte a la calle a fin de convertir el entorno.
Así, junto al escultor y artesano Germán Hary comenzaron a realizar distintas intervenciones urbanas que no han pasado desapercibidas para el público: una silla gigante en la loma ubicada detrás de la Terminal de Ómnibus, un broche de grandes proporciones en la avenida 58, una enorme bicicleta en la avenida 10, frente al parque…
De regreso
Juan Carlos Sacco nació hace 47 años en nuestra ciudad. Aquí realizó sus estudios primarios y secundarios.
A los 19 se fue a estudiar a Mar del Plata sin una vocación definida. Probó con Filosofía, también con nutrición, pero no terminó ninguna de estas carreras.
A los 25 comenzó una etapa itinerante de su vida que lo llevó primero a Uruguay y de allí a Europa. Vivió en Barcelona y también en ciudades de Francia y Alemania.
En el Viejo Continente el arte no sólo se puede encontrar en las galerías y las salas de exposiciones, está en la calle, en las plazas, en las estaciones de trenes, en todos lados.
Pero Sacco no se dio cuenta de lo que el arte había comenzado a significar en su vida hasta que volvió a la Argentina.
Fue en las calles de Mar del Plata y Necochea donde comenzó a extrañar el arte público europeo.
“Empecé a ver con otros ojos mi lugar”, explicó Juan, que en 2009 se tomó un año sabático y en su deambular se dio cuenta de que los monumentos presentes en las plazas y las calles de nuestras ciudades no tienen “el poder de transformar” como el arte que puebla las urbes europeas.
Juan comenzó a relacionarse con artesanos marplatenses y decidió traer muchas de sus piezas a nuestra ciudad, a un local cerrado que su familia tenía en la avenida 75 y que él convirtió en un espacio de exposición.
“Ahí se dio que un día entró Germán por la puerta”, explicó Sacco respecto a la forma en que conoció a Hary, el artesano y escultor con el que ha desarrollado gran parte de su obra.
Ambos tienen una visión muy similar del arte y las mismas ideas de salir a la calle para cambiar el entorno.
“Nos gustaría convertir a la ciudad de Necochea, ciudad a la cual estamos vinculados desde la niñez”, afirmó.
Señaló que ambos quieren “convertirla en una ciudad llena de belleza, ordenada y pulcra”.
Y precisó que “siempre pensamos en Barcelona como modelo ejemplar, donde un montón de artistas dejaron su legado, el cual hoy hace que la mayor parte del turismo que la visita sienta el arte público por doquier”.
Las intervenciones conjuntas de Hary y Sacco no se hicieron esperar. Así surgió la silla gigante en la lomada cercana a la Terminal de Ómnibus, la bicicleta de gigante que aparece apoyada en un poste de alumbrado frente al Parque Miguel Lillo y otras intervenciones, algunas de ellas polémicas.
“Las ciudades se hacen conocidas por ser especiales, por ser originales, por estar habitadas de seres únicos, y creo que no hay nada más lindo en la vida, que cuando uno se puede sentir orgulloso en el mejor sentido de la palabra, de decir yo pertenezco a una ciudad especial, viva, sensible, hospitalaria, donde cada persona que aporto su granito de arena, es reconocida y valorada por sus pares.
Sin límites
Sacco tiene un hijo y a los 47 años ha decidido dejar todo para dedicarse lleno a lo que él llama arte público.
Por estos días pretende instalar, junto a Hary, un arpa gigante en una plazoleta del Parque Primavesi en Mar del Plata. Por otra parte, existen ideas para realizar intervenciones sobre la ruta 88.
Juan cree que el arte “es contagioso”, por lo que realizar intervenciones monumentales, sumar belleza, provocar asombro, deslumbrar, son parte de los objetivos de su compromiso como artista público.
Recientemente junto a Hary instalaron un cartel de bienvenida en la plazoleta ubicada en el acceso a Necochea por el puente Dardo Rocha. Acciones casi espontáneas como esa son las que impulsan a este artesano que se adentra cada día más en un arte que no parece tener límites.///