En busca del espíritu de la pintura
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La figura humana en el centro de la escena y una espiritualidad marcada por símbolos diferentes culturas definen el estilo de Lilia Fernández del Pino. La artista está radicada aquí desde hace décadas y vinculada a la ciudad desde la infancia
Dieciséis pinturas de Lilia Fernández Del Pino se exhibieron durante varios meses en la Escuela Provincia de Artes “A orillas de Quequén” hasta las vacaciones de invierno. La exposición permitió que muchos estudiantes del establecimiento conocieran a esta pintora que años antes fue una de las primeras profesoras de la escuela, a fines de los 90.
Egresada de la Escuela Pridigliano Pueyrredón, Lilia vive desde hace décadas en Necochea, ciudad que conocía desde la infancia, porque sus padres tenían una casa de veraneo en nuestra ciudad.
Por problemas de salud hace tiempo que dejó la docencia, pero nunca ha dejado de pintar y por estos días se encuentra trabajando en una nueva serie de obras que piensa exponer el año próximo.
“Sigo trabajando. Ahora voy a empezar con otra serie”, explicó Lilia que nunca se ha distanciado de la pintura figurativa. Sus óleos de grandes dimensiones, en la que la figura humana siempre se encuentra en el centro de la escena, son un sello distintivo de su estilo.
También la simbología que se puede encontrar en sus cuadros. “Siempre trabajo con símbolos”, señaló y explicó que el esoterismo también es parte importante de su obra.
“En una época trabajé mucho con la simbología precolombina, todo lo que era maya, azteca, tolteca, después con lo oriental y con lo budista”, dijo la pintora.
“Siempre me interesó la espiritualidad y es lo que más hago”, afirmó Lilia que a los 74 años continúa pintando con la misma pasión que en la adolescencia, cuando ingresó al mundo de los lienzos y los pinceles.
Toda una vida
Lilia es porteña e ingresó a la Escuela Pridigliano Pueyrredón cuando tenía 14 años. “En la época que empecé en la escuela de bellas artes, el establecimiento no era terciario como ahora”, explicó.
Se casó muy joven y se vino a vivir a Necochea, ciudad que conocía desde la infancia, porque sus padres tenían una casa aquí y venían a pasar los tres meses de verano en las playas del suave declive.
“Dejé unos años de pintar y después empecé de nuevo cuando tuve a mis hijos. En los minutos que tenía libre me ponía a pintar”, afirmó.
Recién años más tarde empezó a enseñar. “Yo empecé tarde en la docencia. Tenía más de 40 años cuando comencé”, señaló.
“Empecé en la Escuela Municipal de Artes, en la 62. Después pasé a la Escuela de Artes de Quequén”, señaló.
A fines de los 90 Lilia fue uno de los primeros profesores de la Escuela Provincial de Artes, junto a Norma Taraborelli y Juan Carlos Comperatore.
Aquella época fue también la de mayor exposición de su obra. En nuestra ciudad había expuesto en diversas salas y locales y comenzó a viajar a Buenos Aires, donde realizó varias muestras. Incluso expuso en Colonia, Uruguay.
Siempre pintar
Este año la directora de la Escuela Provincial de Artes, Marga Forte, le pidió varias pinturas para armar una muestra en el establecimiento. Así, casi sin querer, pudo exponer en un lugar donde alguna vez enseñó y en el que ya muchos alumnos no la conocen.
Ahora Lilia comenzó a trabajar en una nueva serie de pinturas. “Con otra paleta, con algo distinto”, afirmó.
“Siempre va a haber algo de figuración. Yo mezclo mucho lo que geométrico, pero no hago abstracto, no lo siento”, afirmó.
Luego, habrá que conseguir un lugar para exponer. “No hay muchos lugares”, dijo Lilia, que se tomará varios meses más para completar la obra y planea realizar su próxima muestra el año que viene.
Lo importante, más que exponer, parece ser el proceso creativo. Como cuando era una adolescente, a Lilia lo que le gusta es pintar.