«En el arte no hay techo y es el gran desafío”
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Ely Battistella. Artista plástica y coordinadora de talleres de producción artística
Alejandra Fernández
Redacción
“El arte estuvo siempre presente en mi vida, fue un destino más que una elección”, afirmó la artista plástica y docente Ely Battistella.
Nacida en Caseros, provincia de Buenos Aires, en una casa repleta de libros, donde había una colección enorme de pintores impresionistas y podía pasar horas mirando esas pinturas.
En tanto que, a los 10 años visitó por primera vez, gracias a su escuela primaria, el Museo Nacional de Bellas Artes y “en el recorrido me encontré de repente con el retrato de Manuelita Rosas, de Prilidiano Pueyrredón, y allí sentí que algo me atravesaba”, recordó.
Tiempo después, asistió a talleres de dibujo en el barrio de Devoto, bajo la dirección de la profesora Silvia Etchegoyen, y cuando llegó a Quequén, en el año 1996 “hice pie en la Escuela Municipal de Arte donde la profesora Lilia Fernández del Pino estaba a cargo de la cátedra de plástica de adultos; así recuperé un tesoro postergado durante largo tiempo”.
Cabe mencionar que, en la misma escuela hizo tres años de taller literario, dos años de teatro con Juan Pablo Santilli y Abel Moreira.
Posteriormente asistió a clases con la profesora Celina Duca y en la Escuela Municipal de Arte de Necochea tomó el taller de plástica de adultos con el profesor Pablo Benedini y finalmente, con un grupo de compañeras tomó clases durante dos años con el profesor Alberto Franco.
Crecimiento
Su formación es bastante amplia y podría decirse que su vocación artística terminó de consolidarse en nuestra ciudad y en ese sentido recordó que gracias a la generosidad de esos docentes llegaron los primeros reconocimientos; una mención Nacional en La Plata, un primer premio en un salón local; un segundo premio en un salón en Mar del Plata, “la posibilidad de ser parte de una muestra itinerante para la Fundación Avon, y algunos otras momentos felices de la mano de lo que más disfruto hacer”, afirmó Battistella.
La coordinación del taller que lidera desde hace 18 años llegó casi por casualidad porque comenzó con el pedido de ayuda de una amiga, que necesitaba ampliar unos trabajos y le pidió sugerencias, de a poco se fue sumando gente y así creció hasta lo que es hoy en día.
“En ese rol hago algo que me interesa: hacer circular conocimientos y ofrecer la herramienta que es el arte como transformación del ser humano” y en ese sentido comentó que en casi todos los casos en que se acerca gente joven al taller, terminan asistiendo a la Escuela Provincial “Orillas del Quequén” para realizar la carrera docente.
Oportunidad
de encuentro
Ely es muy apasionada por su labor y entre otras cosas, comentó que, en la actualidad el taller funciona en un espacio recuperado que administra y que se denomina Naranjo Borges, donde además de “Reflejos” funciona un anexo del espacio de Arte Contemporáneo “Pan de Azúcar” y diversas propuestas. Esto le permite realizar trabajos de gestión de seminarios, acciones artísticas y “ofrecer además una oportunidad de encuentro entre los saberes de productores artísticos con el público que los recibe”, explicó la docente.
Para la artista plástica es muy importante seguir capacitándose siempre, en la actualidad lo hace a través de los seminarios que desarrolla la profesora marplatense Josefina Fossatti, “siempre investigando no solo sobre pintura, sino también en los nuevos lenguajes. En el arte no hay un techo y ese es el gran desafío que ofrece, aprender permanentemente y siempre ser aprendiz”.