En el camino del descubrimiento
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Gabriel Landesa jugaba al fútbol e iba a la secundaria cuando realizó un retiro espiritual que le cambió la vida. Hace 27 años es sacerdote
Por Juan José Flores – Redacción
Nada hacía pensar que aquel adolescente se convertiría algún día en sacerdote. Gabriel Landesa iba al Colegio Nacional por la mañana, trabajaba por la tarde y jugaba al fútbol.
Pero en la vida de aquel pibe de barrio que practicaba gimnasia deportiva y tenía un montón de amigos, faltaba algo.
Tenía 16 años cuando alguno de sus amigos lo invitó a hacer un retiro espiritual: Camino de Vida Cristiana. Gabriel no era creyente, pero aceptó y aquello cambió definitivamente su destino.
“Camino fue como el momento fundante de mi conversión”, dijo Gabriel Landesa, que se ordenó sacerdote hace 27 años y que en la actualidad es párroco en Venado Tuerto, provincia de Santa Fe.
Cada tanto regresa a Necochea, donde aún conserva un gran número de amigos.
La duda
Nacido en nuestra ciudad en 1962, Gabriel tiene una hermana y un primo; Miguel Landesa, que es en realidad su otro hermano. Tenía 16 años e iba a cuarto año del secundario cuando en aquel retiro espiritual descubrió a Dios.
“Aunque por fuera parecía que estaba todo bien, yo por dentro había vivido una adolescencia muy traumática”, explicó Gabriel. “Mi drama existencial era la muerte. Pensaba: te morís y la vida no valió la pena, no tuvo sentido estar vivo”.
“En Camino empecé a experimentar que Dios existía y eso me llevó a pensar que si existía me iba a salvar la vida, porque me iba a salvar de la muerte”, afirmó.
En esos días que estuvo en el retiro aprendió a rezar el Padre Nuestro y también descubrió que existía el Avemaría.
“Ahí empieza un camino de involucramiento con el Dios que sentí que me salvó la vida y que le daba sentido a todo”, dijo Gabriel, que comenzó a involucrarse con el grupo juvenil de la Iglesia.
Al terminar el secundario pensó seriamente en ingresar a un seminario, pero tras reflexionar y consultarlo con un sacerdote, decidió irse a estudiar Economía a la Universidad.
“Pero en la Facultad este pensamiento seguía dando vueltas y no me dejaba tranquilo. Yo tenía novia y me imaginaba un futuro como economista, pero no estaba conforme. Seguía jugando al fútbol porque me pagaban los pasajes para viajar los domingos a Necochea a jugar”, señaló.
Plenitud
Gabriel sólo encontró la paz interna y la plenitud cuando decidió abandonar todo para dedicarse a Dios.
Era junio de 1982 y mientras algunos de sus amigos habían sido movilizados hacia el Sur, ante la posibilidad de que la Guerra de Malvinas se extendiera unos meses más, Gabriel vivía su propia guerra interior.
“Lo que más me conmovía el corazón era la posibilidad de una vida entregada a lo que había descubierto que le daba sentido a todo”, dijo Gabriel.
Fue así que decidió abandonar la licenciatura en Economía y entrar en la vida consagrada. Ingresó a la Fundación Apostólica Mariana, una congregación que recién se había formado.
Se ordenó en abril de 1990 e inmediatamente fue designado sacerdote de Arrecife. Luego estuvo cuatro años en como cura de Arenales y Arribeños, dos pueblitos del noroeste de nuestra provincia.
También ejerció el sacerdocio en Río Colorado y en Chaco. Luego se dedicó 10 años a la formación de jóvenes sacerdotes en San Miguel y Moreno, en el Gran Buenos Aires.
Pero tiempo atrás decidió volver a ser párroco y antes de ser designado en Venado Tuerto, estuvo cuatro meses en Guatemala, donde vivió una experiencia inolvidable.
“Fue algo muy importante que me tocó vivir. En Guatemala la mayor parte de la población es pobre y es indígena”, señaló Landesa, que allí descubrió que los mayas no son un solo grupo étnico, sino 27 y que unos pocos hablan español.
El sembrador
Cada tanto vuelve a Necochea, donde vive su primo hermano Miguel y aún conserva muchos amigos. Su hermana y su familia se radicaron en Lago Puelo.
Precisamente con su madre y su hermana tuvo Gabriel la oportunidad de viajar a Europa y volver a Asís, un pueblito que había conocido en oportunidad de viajar a Italia a realizar una capacitación.
“Siempre volvería a Asís”, afirmó el sacerdote. “Necesité conocer Asís la primera vez que viajé a Roma y la segunda vez, cuando fui con mi madre, volví y volvería todas las veces que pudiera. Ahí encuentro que hay vida concentrada”.
“Francisco de Asís es Jesús en el Siglo XIII, entonces haber estado ahí es conmovedor”, dijo Gabriel, quien nunca se ha arrepentido del camino que tomó en la adolescencia.
“Me ha hecho feliz entregar mi vida a sembrando el Evangelio”, afirmó.///