En el Día del Trabajo
Con motivo de celebrarse hoy el Día del Trabajo habrá diversas expresiones. Para muchos será una fecha de paz y de concordia, festejada con brindis en el ambiente familiar, o el saludo entre amigos y compañeros, de fábricas, negocios y oficinas agradeciendo a Dios las satisfacciones derivadas de la tarea constante y del cumplimiento del deber.
Para no pocos se interpreta que es exclusivamente una conmemoración que incumbe al trabajador manual. Así era en una época ya lejana. Hoy comprende, también al trabajador intelectual y a todo el que percibe un sueldo, salario u honorario por su labor cotidiana.
Lejos están los tiempos en la comunidad mundial en que los trabajadores debían recordar su día en la resistencia clandestina o enfrentando la represión que tuvo como trágico prólogo a los mártires de Chicago. Sin embargo, el trabajador argentino lo sabe, porque lo ha vivido hasta el advenimiento de la democracia, que el 1º de Mayo estaba condicionado a los humores o intereses circunstanciales del poder de turno. Tal vez por ello este 1º de Mayo en una democracia genuina tenga el contenido moral y ético que la mayoría de los trabajadores anhelan.
El paro decretado ayer, por la CTA y el Frente Sindical por el Modelo Nacional (Fresimona), la coalición de gremios que comandan Hugo Moyano (Camioneros), Ricardo Pignanelli (Smata) y Sergio Palazzo (La Bancaria) y al que adhirieron otros sindicatos en forma particular, ya que la CGT se abstiene en apoyar la convocatoria de no ir a trabajar en la víspera justamente de esta fecha universal, posee una evidente connotación política que reviste el carácter de un enfrentamiento con el gobierno de la Nación, que tiene otro sello en el concepto partidario con los ordenadores de esta medida y coincide además, en esta oportunidad, con el comienzo de un tiempo electoral.
Cuándo llegará la hora que los dirigentes de las asociaciones gremiales, enquistados en los cargos por años comprendan que, el camino a las soluciones que el país necesita desde hace 70 años es, a lo que a ellos atañe, dejar a un lado la costumbre “patoteril” que los caracteriza y su entrañable apego al populismo, el que lastima al sistema democrático.
Abandonando, además, el anacrónico juego del paro y movilización, renovándose, aceptado que corren otros tiempos, aportando el invalorable concurso de sus agrupaciones sindicales coadyuvando, al crecimiento y desarrollo del país dignificando así, a través de la cultura del trabajo su sentido de ser.///
Jorge Ignacio
Redacción