¿En el reino del revés?
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«Quien nada espera
se sorprende.
Quien mucho espera
se decepciona», anónimo.
El conocimiento del ser humano tiene sus limitaciones, la mayoría de las cosas las ignoramos, algo natural en cualquier ser, la inteligencia radica en conocer la realidad, la pasión es intentar cambiarla para bien.
Se dice que debemos tener siempre una capacidad de asombro, suele expandir el intelecto, aumentar el razonamiento y elevar la sabiduría, los seres que tienen la capacidad de sorprenderse, se dice, adquieren mayor paz interior, todo esto es parte de lo que recibimos diariamente como mensaje y lo que podemos interiormente sentir.
Es muy difícil que todas las cosas se ajusten a nuestros deseos y lo es también aquello de intentar vivir a gusto todo el tiempo. Con relación a la tierra donde vivimos no anda bien, desde muchos años atrás, diríamos que la gran mayoría de los argentinos no habían nacido cuando se empezó a generar este andar con muletas
Sensación de hundimiento y esa desprotección donde se pierden los valores en el reino del revés. Según María Elena Walsh: “me dijeron que en el reino del revés nadie baila con los pies, que un ladrón es vigilante y otro es juez, vamos a ver como es el reino del revés».
Usurpaciones, toma de terrenos, usar la calle como negocio propio para instalar ventas que no tributan, compiten en desigualdad con quienes están encuadrados en la ley, por sólo mencionar algo de los que habita ese reino “de viva la Pepa” porque hay un sin número de situaciones que han agotado nuestra capacidad de asombro.
Los hoteles y los «okupas»
Se entiende por “okupa” la persona o grupos que suelen organizarse, para instalarse en casas, edificios, salones deshabitados por diferentes motivos, sin tener derecho a ello en connivencia de una ley permisiva.
En este reino del revés donde los propietarios hacen las denuncias correspondientes, pasan años y sufren insólitamente también amenazas y transcurren los años bajo la escasa preocupación de quienes tienen responsabilidad para solucionar estos temas. En este cuadro de irregularidades están los codiciados hoteles, donde encuentran un caldo de cultivo para sus fechorías, el ejemplo más claro, casi de novela de ciencia ficción es la esquina del otrora hotel «San Martín», frente a la plaza dela Villa Díaz Vélez, a punto de cumplir un año de haber sido usurpado en medio de la cuarentena; un lugar enclavado en el corazón del centro turístico y justo enfrente otro hotel que fue importante, hoy convertido en un geriátrico dos esquinas emblemáticas ahora imagen del reino del revés. La misma historia han corrido otros hoteles, ejemplo 10 entre 79 y 77 y está existiendo un miedo lógicamente de muchos propietarios que durante el invierno no abren sus establecimientos, algo tradicional, máxime en este año donde el setenta por ciento de la faz hotelera no abrió, previendo lo que luego se convirtió en realidad, la amenazante pandemia y su continuidad que ha impedido un verano normal en todo aspecto. Un empresario hotelero confiaba a este periodista días pasados que tiene pensado la demolición de su comercio con la finalidad de que no lo usurpen en el corto plazo y ver qué posibilidades se abren como perspectiva de nuevo emprendimiento, también acotaba con dolor que muchos hoteleros como él están temerosos, teniendo en cuenta la falta de protección de la Justicia o de los organismos que tienen que actuar y que dejan la libertad de hacer para aquellos que están fuera de la ley.
Con un detalle a tener en cuenta, hoy demoler y construir tiene sus costos, el Estado municipal cobra por ambas cosas y por cierto no escasos montos, una manera de estar atrapados con poca salida; sin los dejan deshabitados se los usurpan, si los demuelen e inician una construcción tienen su alta inversión, conclusión, el ciudadano se ve indefenso ante esto y en diversas circunstancias.
En la anarquía pierde la sociedad
El reino del revés también se instala en la conocida avenida 42 entre 63 y 69, allí la comunidad zíngara, afincada desde hace años dedicada a la venta de automóviles en terrenos y la vía pública, algo que viene proliferando de la misma forma en otros lugares menos visibles de la ciudad bajo la premisa por qué ellos sí y yo no. Esto suscita reclamos de vecinos por la ocupación de una parte de esa avenida de origen residencial que, hastiados de la situación resolvieron vender sus viviendas, algunas desvalorizadas por la situación imperante y otros aguantando el presente.
La calle es de todos, los derechos de uno terminan donde comienzan el de los demás y la gran pregunta es si existen controles en cuanto al pago de impuestos, tasas municipales, seguridad e higiene, todo lo que se requiere en forma legal para abrir una agencia, tributando lo correspondiente que, de no ser así estaríamos viendo una clara desventaja entre quienes aportan y quienes no lo hacen.
La ciudad no puede ser una anarquía, porque ordenanzas existen, lo que falta es aplicarlas. Anarquía es para la sociedad es soportar camiones en la plaza pública, en una protesta que se vio debilitada por esta misma actitud, cuando por otro lado al turista desprevenido le cobran una multa por no pagar el estacionamiento medido.
Aduciendo falta de vivienda tomar cualquier terreno para levantar la propia, en predios particulares o estatales, o como el caso del barrio que creció frente a la terminal, con la complacencia de la política, que en su afán de demagogia permite que frente al río, casi en el micro centro de la ciudad y su ingreso y salida, con la vista a un club Del Valle sinónimo de progreso, sobre el fin de la avenida 43, con la proyección de esa zona que era vista para levantar el futuro complejo judicial, ahora irremediablemente esa zona está rodeada del crecimiento desbordado de ese asentamiento.
A pocas cuadras otro reino del revés, frente a la terminal de ómnibus, la estructura de cemento abandonada por el gobierno militar junto al ex liceo naval que debió ser en su origen un polideportivo que más tarde la Uatre intentó construir y los amigos del no, hicieron el papel del “perro del hortelano, que no come ni deja comer” . Y como frutilla del postre de estos análisis, el Club Palermo de calle 52, usurpado hace años, que además aunque parezca irreal, la salida por las calles laterales, son utilizadas como alquiler de cocheras, siendo la mayoría habitantes del mismo barrio. Cartón lleno, diría un amigo, cuando las cosas colman el vaso.
Otros detalles del reino del revés
En muchos barrios sus residentes deben turnarse para salir para no dejar la casa sola, la mayoría ellos mismo lo manifiestan; en época fuera de la pandemia siempre quedaba alguien en cuidando lo suyo, material de trabajo el que puede desaparecer en un instante, ante la permanente ola de robos.
Esa así que no sorprende que se publiquen a la venta distintas cosas, vía redes sociales, ofreciendo a precios regalados sin saber cuál es el origen y se repiten decisiones incomprensibles por parte de la Justicia de impedir un rápido allanamiento ante denuncias donde lo robado se tiene con certeza donde puede estar y, si no se actúa de inmediato desaparecen “como por arte de magia” algo de esto se escuchó como reclamo en la marcha contra la inseguridad del jueves pasado.
No es cuestión de caer en la crítica fácil y la queja permanente, ni tampoco ser dominados por la negatividad de creer que esto no puede tener solución, si fuera así estaríamos condenados a la imposibilidad de encontrar una salida.
Para cambiar se debe tener una participación activa y exigir, con firmeza con actitud y temperamento, transformar este estado de cosas que suelen ya no ser sorpresa para la ciudadanía que requiere de quienes ostentan poder, salgan de sus cómodos sillones y no repitan la clásica frase del «no se puede».
Cambiar ya no es por elección sino una necesidad, la sociedad que no es escuchada suele hacer tronar su escarmiento, es mejor atender los reclamos, solucionarlos, ejercer el poder, terminar con atropellos, usurpaciones, violaciones a la calidad de vida con urgencia, todavía se está a tiempo.///