“En este proceso siento que me enriquecí como ser humano”
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Marina Fernández. Artista plástica que investigó para acercar al arte a personas con problemas visuales
Alejandra Fernández
Redacción
A veces la vida nos enfrenta a determinados desafíos y cada uno responde de acuerdo a sus posibilidades y en el caso de Marina Fernández, una artista que comenzó a formarse desde chica y tuvo como maestros a Pablo Benedini, Caludia Bork y Juan Carlos Comperatore, el reto fue traspasar los límites de la pintura convencional para hacerla accesible a personas con problemas de visión.
Se formó como acompañante terapéutica y, paralelamente, se dedica a la pintura, “un día una amiga que es ciega me preguntó qué estaba haciendo y busqué la forma de poder compartir con ella esto que me da tanto goce”.
Fue así que comenzó a investigar sobre distintos materiales hasta que encontró la piedra rústica que a un alto grado de calor cedía y le permitía hacer objetos tridimensionales “pude compartir algo de ese mundo con ella”.
Marina entiende que la vida la fue llevando a salir de la pintura convencional porque comenzó a tomar contacto con personas con distintas patologías visuales que la impulsaron a interiorizarse, “antes de la ceguera hay un montón de escalones que si bien algunos conocían los colores y otros eran ciegos por completo, había algo entre medio que permitía desarrollar una experiencia para podernos acercar”, especificó.
Abordaje
Cabe destacar que no hay una formación docente específica que aborde esta amplia gama de patologías y lo que cada persona puede llegar a ver, “todo se fue dando sin querer, porque no solo tuve que investigar sobre patologías visuales antes de la ceguera sino que cómo era”
En ese sentido, fue valiosa la ayuda en la técnica y en la empatía que le brindó el artista Enrique Parisey, que tiene perdida casi un 80 % la visión, “también tuve que entender su problema para comprender cómo veía o cómo veía el color que no era igual a mí”.
Su método de aprendizaje ha sido leer mucho y su amiga Patricia Berrutti ha sido una de la que la impulsó a mostrar lo que hace “porque la discapacidad no vende”, sostuvo.
Cada persona es un universo diferente y ellos son la que la impulsan a seguir. En este proceso primero recurrió a figuras geométricas, ellas representaran un color y “otras veces voy a lo sensorial, desde algodón, sahumerio, gelatina, de todo”.
En su opinión, lo peor es la ceguera pero en el medio no se sabe lo que sucede y su intención es vincular a esas personas con el arte para lo que investigó en profundidad, “estuve un día entero con una antiparra para tratar de comprender a un ciego y al final del día oía cuando caía un alfiler”, destacó.
Además, en este camino ha aprendido a desarrollar la empatía para poder vincularse con estas personas que no ven o tienen disminuida su visión, “por eso cuando digo que es arte para ciego me miran mal porque no lo entienden”.///
RETRATO
Ser sensible y
dar una mano
Marina es mamá de dos hijos y se desempeña como acompañante terapéutica y si bien ha profundizado sobre el arte para ciegos actualmente no da clases en ningún espacio.
Sin embargo su labor le ha dado algunas satisfacciones, hace poco con un grupo de jóvenes de nuestra ciudad participó de un programa de la Unesco, y Necochea fue la única ciudad argentina que decoró el traje de la astronauta de la NASA, Anne Nicole Stot.
Se trata de un proyecto impulsado por Discovery y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), denominado “Unawe”.
“Me convocó Sebastián Musso, un astrónomo para ciegos de Mar del Plata”, expresó la artista.
La biblioteca Ilusiones, de Tres Arroyos, es la institución que la instó a mostrar lo que hace y además, Marina, a través de la página de Facebook e Instagram: “Dar una mano para ver el sol. Arte para ciegos” difunde temas referidos a su actividad y se pueden ver sus obras.
En su opinión todas las patologías tienen un potencial y ese es su norte, avanzar en acercar el arte a las personas que no ven, “sigo pintando, más que nada trabajo lo tridimensional con texturas, estuco, cemento, acrílico o lo que se me ocurra”.
A su entender todo este proceso la ha enriquecido desde lo humano y es conciente que trabaja con personas que no ven “trabajo la empatía, soy más sensible porque la sociedad los ha relegado de alguna forma”.
Nacida en Necochea, estudió Acompañante Terapéutico a distancia en la Universidad de Córdoba y trabajó en el taller de pintura El Sótano donde daba clases a niños.///