En la cima de Norteamérica
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Martí Migueles y Luciano Ancia contaron lo que vivieron al escalar a más de 6000 metros de altura en Alaska
Los escaladores necochenses, Martín Migueles y Luciano Ancia, vivieron una experiencia inolvidable al escalar y llegar a la cima de la montaña más alta de América del Norte.
Se trata del Monte Denali, en Alaska, que tiene una altura de 6190 metros y está considerada entre las diez más difíciles del mundo.
La experiencia les demandó un total de once días, y junto a ellos fue todo un equipo de personas con importantes antecedentes en escalamiento oriundos de Mar del Plata, Lujan, San Antonio de Giles, hasta de Brasil. En total, el grupo era de nueve personas.
“Fue una experiencia muy linda pero muy dura”, aseguró Migueles en comunicación con Ecos Diarios, luego de que adelantáramos en Instagram (@ecosdiarios) el video que filmó estando en la cima del Denali.
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Amplitud térmica
“El clima es muy duro porque hay mucha amplitud térmica entre el día y la noche”, explicó Migueles mientras contaba que se trata de un glaciar en el que durante la noche puede haber 30 grados bajo cero y durante el día, cuando la montaña se cierra con la nieve, 30 grados de calor. “Un día los aparatos que llevamos llegaron a medir 50 grados en lugares encajonados específicos pero no nos dimos cuenta porque estábamos subiendo. Cada cien o doscientos metros varía completamente la temperatura”, señaló el escalador mientras contaba que por ese motivo utilizan ropa de montaña especializada, con remeras térmicas.
“Entre tanto calor y frío al mismo tiempo no sabíamos si llevar la ropa especial que se necesita para pasar el frío pero nuestro líder nos convenció de que la llevemos. Por suerte lo hicimos porque el día de cumbre hizo como 27 grados bajo cero, era un frío terrible y a la vuelta agarramos mucho viento que hacía que se vuele la nieve y te picaba como si fuera arena”, contó.
Cabe señalar que para iniciar esta aventura, se deber tomar una avioneta especial, adaptada para aterrizar en hielo, y desde ahí se empieza el recorrido de más de 30 kilómetros para llegar a la cumbre.
El escalamiento se va haciendo por etapas de entre ocho y doce horas de caminata. “En esta montaña tuvimos que escalar con cuerdas y todas las maniobras típicas de escalada porque hay lugares donde es necesario eso para poder subir”, explicó Martín Migueles, quien contó que los nueve que partieron lograron llegar a la cumbre y bajar, a pesar de que algunos estaban muy cansados y debieron esperarlos.
Nunca anochece
Los aventureros contaron que en ese punto del mundo no anochece nunca y todo el tiempo hay luz, lo cual es bastante molesto a la hora de descansar. “En algún momento empezás a necesitar que haya noche pero, cuando debería ser de noche, todo queda en un resplandor, como si fuese un atardecer. Cuando sale el sol se refleja en la nieve y es bastante duro”, contaron.
Martín Migueles, que se considera un “salvaje” en comparación con el cauteloso y detallista Luciano Ancia, señaló que tuvieron “mucha suerte” con los pronósticos del tiempo, teniendo en cuenta la dificultad del desafío. “Yo no tenía tanto conocimiento de que era una de las montañas más difíciles del mundo, pero estando ahí uno agiliza los sentidos y lo que no sabés lo aprendés en el acto, porque otra no te queda. No se puede volver atrás porque son caminitos de un metro de ancho y los precipicios tienen más de 2000 metros. Es una experiencia hermosa y la disfruté, tomando siempre los recaudos correspondientes. Nadie hizo ninguna locura”, aseguró.
Cábala y buena vista
Los necochenses contaron que desde allá arriba se ven todas las montañas nevadas de Alaska y que no hay ningún un pueblo cerca. La naturaleza, los lagos, los ríos y la nieve, son lo único que está a la vista.
Como cábalas Martín llevó su gorro vasco de la suerte, una remera de Los Pumas que simboliza la familia y una remera térmica que de un lado tiene un homenaje a su primo que falleció este año y del otro una frase de aliento a Flavia Di Nápoli, que lucha contra una enfermedad.
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Festejar los 40 años a 6000 metros de altura
Luciano Ancia manifestó que la experiencia fue “espectacular” a pesar de que la montaña “es muy dura” porque los meses de mayo y junio son los más fríos y, por eso, ya están casi fuera de temporada. “La vuelta es más peligrosa porque el glaciar tiene más grietas pero, controlando los riesgos, pudimos llegar nuevamente al campamento base el martes 2 a la mañana”, contó.
En total fueron once días de montañismo puro y, como desafío mayor, en esa montaña no hay ningún tipo de ayuda ni nadie puede alcanzar nada desde la base o desde un pueblo cercano. “Uno tiene que andar con todo el peso encima. Los primeros días andábamos cargando entre 45 y 50 kilos cada uno, entre trineos y mochilas”, contó Ancia.
“Es una montaña en la que uno sabe cuando entra pero no cuando te va a dejar irte, porque puede ser que te agarre una tormenta de nieve y te tenés que quedarte entre 5 y 10 días más de lo esperado. Entonces uno tiene que ir con provisiones para muchos más días, por las dudas”, indicó.
Recorrido
Como se mencionó antes, al Campamento Base, ubicado a 2200 metros, se llega en una avioneta especial con patines para hielo y ahí se arman los trineos. Hasta el Campamento Uno hay alrededor de ocho horas de caminata, al cual se llega ganando y perdiendo altura, dado que el mismo está a unos 2300 metros de altura, pero a una distancia de 8 kilómetros.
Allí pasaron la primera “noche”, a pesar de que nunca oscurece del todo. Ahí se encontraron también con otras personas aunque no tuvieron mucho contacto porque, según dijeron, “los estadounidenses no son como los argentinos” y no acostumbran a “juntarse y charlar”.
Del Campamento Uno pasaron al Tres, por lo que fue un día de unas doce horas de marcha, en el que terminaron muy cansados porque en ese tramo se deben subir unos mil metros. “Hasta los 3000 metros por lo general no se siente mucho la altura aunque para eso hay que tener algunas cosas en consideración, como por ejemplo tomar mucho líquido todo el tiempo”, explicó Ancia.
Dado que llevar agua envasada representaría mucho peso, para tomar deben ir derritiendo nieve y añadiéndole unos polvos para que sea apta para consumo y aporte los minerales correspondientes al organismo.
En el Campamento Tres estuvieron tres noches, dado que uno de los días tuvieron que dejar los trineos allí y llevar las cosas hasta el Campamento Cuatro, para luego volver al Tres a dormir y subir nuevamente al día siguiente, ya sin los trineos.
El Campamento Cuatro es el que se conoce como “Base de Altura” y en el cual los metros sobre el nivel del mar se empiezan a sentir con fuerza. En este punto es donde los escaladores proyectan en qué momento llegarán a la cima, chequeando cómo estarán las condiciones meteorológicas.
“Tuve la suerte de que hicimos cumbre el 29 de junio, que era el día de mi cumpleaños número 40, así que fue una emoción bárbara porque el equipo mío me cantó el feliz cumpleaños allá arriba, algo inolvidable”, destacó Luciano Ancia, quien reconoció que para lograr la meta, “cada tanto, hace falta una llamadita con los seres queridos” porque “eso te recompone y te da fuerzas”.
El día de cumbre arrancaron a las ocho de la mañana del Campamento Cinco y esa fue la jornada más dura porque son unos 1100 metros de desnivel, que tardaron casi once horas en completar, llegando al campamento nuevamente a las cinco de la mañana.