«En la pandemia, pasamos de dar 160 viandas a 278»
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Contó Patricia Laorca, del merendero Pancitas Contentas, que funciona en el Barrio Fonavi y que tiene su «olla solidaria» todos los martes
Por Ian Larsen – Redacción
La pandemia del coronavirus no solo ha traído problemas de saturación en el sector de Salud, sino que también ha traído graves problemas económicos a muchas familias. Tal es así que los comedores y merenderos han tenido que redoblar su esfuerzo para poder llegar a toda la gente que los necesita para poder tener un plato de comida al día.
Entre las personas que realizan esta importante labor solidaria está Patricia Laorca, que desde hace más de seis años está involucrada con las familias que más necesita, a través de su merendero Pancitas Contentas, que se ubica en el Barrio Fonavi, en 63 bis al 4662.
Patricia cocina de lunes a viernes para adultos mayores y, actualmente, realiza una «olla solidaria» los días martes. Este trabajo lo puede efectuar gracias a la mercadería que la gente de la ciudad va donando ya que no tienen ayuda ni del municipio ni del Gobierno Provincial o Nacional. «No pertenecemos a ningún espacio político, por eso solo nos ayuda el ciudadano común», dijo Laorca.
«Hay mucha demanda, porque la gente está sin trabajo y no tienen para comer» contó Patricia, quien viendo esta difícil situación y decidió empezar a cocinar todos los martes a la gente que realmente necesita, además de seguir dando de comer a adultos mayores de lunes a viernes.
«Empecé haciéndolo los sábados, iba con mi camioneta, un mechero y una olla y ahí me ponía a cocinar en distintos barrios, después lo tuve que cortar porque me fui fundiendo. Llegué a un punto en que vivía sacando plata de mi casa y no lo pude sostener más sola», recordó.
En aquel entonces, cuando empezó los días sábados, estaba entregando entre 160 y 180 viandas, pero el último martes entregó 278. En este sentido y a modo de anécdota, recordó que hay gente que se ha ido caminando desde el Faro de Quequén hasta el barrio Fonavi a buscar un plato de comida. «Hay muchos casos de instituciones que después de los seis años no les quieren dar más la taza de leche a los chicos o a algunos les dan una caja de leche para cuatro o cinco pibitos que hay en la casa. No les alcanza para nada, entonces terminan acá», indicó la titular de Pancitas Contentas, que considera que no se está mostrando la realidad y que se oculta mucho la necesidad y la situación de calle que hay en Necochea. «Yo tenía tres nenas con estado de desnutrición avanzada y gracias a Dios las pudimos sacar adelante», aseguró Laorca.
Colaboración
Pancitas Contentas empezó teniendo asistencia de 15 chicos, a la semana eran 45, a los diez días eran 90 y al mes 190.
«Necesitamos que la gente siga colaborando con mercadería; que alguna pollería nos quiera donar aunque sea un kilo de alitas o un poco de carne picada. Así, cuando querés acordar, ya tenés para armar la olla de los martes tranquilamente», señaló.
El merendero siempre funcionó en la casa particular de Patricia, donde también han organizado una escuelita de fútbol para los nenes del barrio y una escuela de fútbol femeninio para distintas edades.
La gente llega a buscar sus viandas en bicicleta, caminando, madres con carritos de bebé y eso hace que Patricia conozca muchas historias de vida del barrio. «Cuando he necesitado algo o he estado enferma, también han sido los primeros en preguntarme si preciso algo. A pesar de su pobreza, siempre están dispuestos a ayudar y si hacemos algún evento ellos siempre colaboran con trabajo», contó Laorca, que ha colaborado con familias de Quequén y del interior del distrito, no solo del barrio en que vive o de Necochea.
Próximamente tienen la idea de cercar la plaza del barrio con gomas para que los niños puedan salir a jugar y estén protegidos si pasa una moto o un auto.
«He hecho trámites para que una nena se pueda operar en tres meses, con voluntad y haciendo rifas y peñas. He conseguido una vacuna de $330.000 y tratamientos oncológicos que también la gente ha necesitado. Porque más de una vez se trata de ayudar no solo con comida», contó Patricia, que viene de una familia muy humilde y entiende de pasar hambre, frío y vivir con goteras. «Yo cuando era chica recibí ayuda de la gente, fui a los comedores y ollas populares y no me olvido que iba lugar por lugar buscando un plato de comida. Entonces desde chica supe que quería ser como esas personas que me extendieron la mano a mí», manifestó.
Por otro lado, sobre su vida personal, también contó que es gestora automotor y que sus hijos ya son grandes, por lo que aprovecha ese tiempo en ayudar a los demás. «Cuando uno quiere ayudar, el tiempo se lo hace», concluyó.