“En la reconstrucción de los vitrales es fundamental respetar la obra del artista”
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Señalaron las vitralistas, Cristina D’Andrade y Adriana Zampallone, con respecto al trabajo que harán en la parroquia Santa María del Carmen
Las vitralistas Cristina D’Andrade y Adriana Zampallone son quienes harán la restauración de los vitrales de la Parroquia Santa María del Carmen y con respecto a la tarea que llevarán a cabo señalaron que “en la reconstrucción de
los vitrales es fundamental respetar la obra del artista”. Vale recordar que la hizo Carlos Quaglia en 1981.
Por un lado adelantaron que será un trabajo de mucho tiempo y detallaron que empezarán por el rosetón de 1,40 de diámetro, que se encuentra sobre la margen izquierda del altar, y luego trabajarán sobre el vitral central de 12 metros de altura, contando con paneles de 60 x 60 cm.
Con 39 años de estar en exposición al sol y al viento, más allá que cuenta con un vidrio estructural que lo protege, al observar ayer con detenimiento la obra, las vitralistas suponen que no está sellado lo suficientemente bien, de manera que se ha filtrado viento, lo cual genera la concavidad y hace que se desprendan y corran los vidrios.
Al respecto, Cristina D’Andrade indicó que todavía resta hacer un análisis de cada pieza, una vez que los tengan en la mesa de trabajo, por eso es muy adelantado hablar de tiempo de obra.
“Cada vidrio está encajado en una varilla de plomo con forma de H y esas puntas pueden estar rota o rajadas, algunas pueden estar en un estado de mayor gravedad, otras habrá que volver a armar porque se salieron de su lugar”, detalló y acto seguido explicó que “estos vitrales al estar convexos perdieron la tensión y el plomo de por si, es muy blando y al estirarse permite que los vidrios se muevan y tienen que quedar como un vidrio de ventana, totalmente liso”.
En primer término la parroquia está solicitando la colaboración de andamios para acceder a la estructura y poder hacer los trabajos correspondientes.
El rosetón tiene unos tres metros de altura y el vitral central 12 metros.
Adriana Zampallone señaló que “lo más complicado es la accesibilidad a los vitrales, necesitamos andamios para poder trabajar cómodas y la altura es un desafío pero no es imposible. Es un vitral muy importante y nosotras tenemos que estar en el lugar”.
Restauración
El vitral central tiene 12 metros y cada pieza de 60 x 60 conforman la imagen total. En un principio las vitralistas comenzarán a trabajar en las zonas más críticas y lo van a retirar por etapas. Comenzando por la primera escena, la que esta José, María y Jesús.
“Nosotras vamos a reservar todo lo posible, de eso se trata la restauración, reemplazar si es necesario y volverlo a su modo original, con color y forma”, señalaron.
La manera más convencional de sacarlo es con espátula y cortafierro, siendo una tarea muy manual, que lleva mucho tiempo. Una vez que se lo retira al vitral, se colocará algo en reemplazo del espacio.
La primera etapa es de limpieza, dejando las piezas en exposición al ácido para la quitar la suciedad y el sarro.
Luego, una vez en la mesa de trabajo, se realizará un análisis de cada pieza de lo que se va a restaurar. Ahí podrán ver si hay roturas, piezas que se pueden reemplazar in situ, o si hay que abrir y descalzar para volver a sustituir la pieza rota y volver a engarzar y cerrar, por último se suelda y masilla.
“En este caso se trata de masas vítreas por lo tanto, si se tiene que hacer el reemplazo de una pieza con color se tiene la ventaja de que la masa es de color plena y se hace en una sola horneada”, indicó Adriana.
Aunque, pueden suceder muchas cosas durante la restauración, ya que es un trabajo de mucho tiempo y muchas veces de prueba y error, porque cuando se abre el horno se encuentran con otros resultados no esperados en cuanto al color o que el esmalte se haya quemado o también se corre el riesgo cuando se coloca una pieza en el horno se pueda romper y hay que volverla a hacer.
Una vez restaurada cada pieza, se colocará y se retirará la escena siguiente.
Cristina D’Andrade y Adriana Zampallone, son docentes de artes visuales y estudiaron en Tandil la carrera de vitralista. A lo largo de su trayectoria restauraron el manto de Santa Ana de Nuestra Señora de la Merced e hicieron vitrales con la imagen de Nuestra Señora de la Merced y el Divino Maestro para el oratorio de la escuela.