En menos de 24 horas, un joven recuperó la moto que le robaron
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2017/07/terceracomi12.jpg)
La víctima y su padre investigaron para localizar a los individuos que tenían el rodado y se “negoció pagar un rescate” de $ 5.000
Sebastián, es uno de los protagonistas de esta historia cargada de impunidad. En realidad, es una víctima de las bandas de delincuentes que azotan a los ciudadanos locales por estos tiempos, de marcada decadencia social.
El joven publicó en Internet la venta de su moto, una Honda XCZ, porque pretendía adquirir algo mejor y superarse. Ese era el objetivo, ni más ni menos. En un determinado momento apareció un contacto “interesado” en comprar el rodado.
A través de la red social, vendedor y presunto comprador acordaron una entrevista para exhibir la moto, y el encuentro se produjo días atrás alrededor de las 17, en la zona de calles 2 bis y 91, frente al complejo Casino.
El supuesto “interesado” llegó a la cita en un automóvil de alquiler (un remise) que se estacionó en cercanías al lugar de la reunión. El hombre (también joven) lucía con muy buena presencia y enseguida se mostró a gusto con la moto de Sebastián.
“Me dejarías dar una vuelta por acá nomás”, fue la consulta que realizó en ese momento el presunto “interesado” en adquirir la Honda XCZ. Sebastián permitió que pruebe el rodado y hasta le prestó un casco protector.
Pasaron los minutos y el “comprador” no regresaba al lugar del encuentro. Incluso, el propio conductor del remise continuaba esperando en el auto a su pasajero. El individuo nunca volvió y menos atendió los insistentes llamados de Sebastián en ese momento.
Tanto el dueño de la moto como el propio trabajador del volante acudieron a la Seccional Tercera para radicar las correspondientes denuncias.
A investigar
“Exceso de confianza”, habría sido caratulada en principio la causa judicial y el titular de la moto marca Honda brindó todos los datos al personal policial que le tomó la exposición, una hora después de comenzada esta historia de impunidad.
Sebastián publicó en las redes sociales la sustracción de la moto y dejó su teléfono particular. Ya casi en horas de la noche de esa jornada, recibió un llamado de una persona conocida que le informaba sobre el paradero del rodado: “Vieron cruzar el Puente Colgante a un individuo con su moto…”, fue (palabras más, palabras menos) la expresión de este allegado.
Hasta alcanzó a sacarle una foto y esa escena luego, cerca de las 22, fue acercada al oficial de servicio de la Seccional Tercera, donde se “amplió la denuncia” con otros datos aportados sobre el posible paradero del rodado y la identidad de quién conducía cuando se vio el paso por el Puente Colgante, rumbo a Quequén.
Burocracia judicial
Sebastián y su padre pidieron allanamientos de inmediato en ese momento a la Policía, pero en realidad, la causa judicial debía pasar a la Seccional Segunda por jurisdicción (trámite burocrático que le dicen) y desde esa dependencia solicitarse la orden de allanar algún domicilio.
Ese pedido lo debe realizar la Fiscalía en turno al Juzgado de Garantías, con pruebas adheridas al expediente, para que el juez otorgue o no (según el criterio que adopte) el procedimiento policial. ///
Abonó un “rescate”, tras negociar con ladrones
Las horas pasaban, la investigación policial se estancó y el temor de Sebastián y su padre era que la moto sea desguazada, como ha ocurrido en otros casos.
Al día siguiente, Sebastián volvió a recibir “un llamado” a su celular, esta vez, la voz de una persona del sexo femenino le indicaba que tenía un teléfono disponible para que él mismo se comunique por su moto.
El damnificado atendió la requisitoria y tomó nota del número de teléfono al que debía llamar para saber si “podía recuperar” el rodado que horas antes le habían robado.
La mujer, antes de cortar la charla, le encomendó a Sebastián de manera rotunda: “No le vayas a dar este número de teléfono a la Policía…”
Con expectativas, Sebastián marcó los números y una voz tranquila y pausada atendió el llamado. Esta vez, la persona del sexo masculino, sin tapujos le transmitió: “Si querés recuperar la moto, tenés que darme $ 15.000…”, y la comunicación se interrumpió.
Desesperado, Sebastián habló con su papá y en breves minutos analizaron la situación. Se pusieron de acuerdo padre e hijo y combinaron en hacer “una contrapropuesta”.
El joven volvió a contactarse con el “sospechoso” individuo que tendría en su poder la moto marca Honda y le ofertó abonar “un rescate” de $ 5.000, en efectivo.
“Si, lo hacemos…”
La respuesta del otro lado fue inmediata y contundente: “Si lo hacemos, dale la plata a otra persona y nos encontramos en avenida 565 y calle 574, y no le digas nada a la Policía…”, fue la aclaración.
Alrededor de las 16.40 de ese día posterior a la denuncia realizada, Sebastián y un amigo fueron al encuentro de los individuos que tenían su moto. En el sitio “indicado” estaba el rodado, la Honda XCZ con algunas rayas en el cuadro y sin la chapa patente colocada.
El compañero de Sebastián se acercó a los dos sospechosos con los $ 5.000 en mano y se los entregó a uno de ellos, quien echó un vistazo general a los billetes y no llegó a contar la suma de dinero que recibía.
Luego de la “transacción” Sebastián y su amigo se hicieron de la moto sustraída horas antes por el “presunto comprador”, quien no estaba en el lugar. Los dos individuos, con el “botín en su poder” se alejaron rápido del lugar a bordo de otra moto de menor cilindrada.
Así terminó la historia de abuso en su máxima expresión, en algo menos de 24 horas, el joven damnificado se rehizo de la moto que le sustrajeron delante de sus propios ojos.
Esto ocurrió en Necochea-Quequén y la denuncia policial quedó inconclusa, tras el pago del “rescate”. Además, la víctima debió cambiar el número de su teléfono celular para evitar tener nuevo contacto con la bande de extorsionadores. ///