Ocho chicos con Asperger integrados en escuelas
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Son todos varones que, según la edad, están cursando primaria o secundaria. En la mayoría de los casos, refuerzan aprendizajes en una escuela especial, pero sin dejar de asistir a su colegio
En nuestra ciudad, hay en este momento ocho niños con síndrome de Asperger que están integrados en escuelas comunes. Son todos varones, tienen distintas edades y cursan la primaria o la secundaria, algunos en establecimientos públicos y otros, en privados.
La inclusión se realiza a partir de un proyecto de integración elaborado por la escuela especial en conjunto con el colegio común, a partir del cual, según las características del niño y su evolución, se va decidiendo el tiempo que pasa en una u otra escuela. En algunos casos, los chicos van sólo a su establecimiento, mientras que en otros, refuerzan algunos aprendizajes o materias, en el caso del secundario, en la escuela especial.
En los últimos días, se conoció a través de los medios el caso de un niño con Asperger en el partido bonaerense de Merlo, que fue separado del aula, ante la queja de los padres. Sin embargo, lo que despertó la polémica fue el “chat de las mamis”, en el que varias madres festejaban la decisión de apartar al niño del aula.
Quienes trabajan en la inclusión de niños con alguna discapacidad reconocen que pueden existir dificultades, ya sea con los padres, los mismos compañeros o incluso con los docentes que pueden verse desbordados. Sin embargo, aseguran que, a la larga, los beneficios no serán sólo para la persona integrada sino también para cada uno de los intervienen en ese proceso, en el que “se aprende vivir con la diferencia”.
Trastornos emocionales
En nuestra ciudad, funciona la Escuela Especial Nº 502, único establecimiento que trabaja con niños y adolescentes con trastornos emocionales severos, que son aquellos que tienen alguna dificultad en la constitución subjetiva. Dentro de esta caracterización entran los chicos con Asperger, que es una condición leve dentro del trastorno del espectro autista (TEA). En líneas generales, las personas con este síndrome presentan dificultades en algunos aspectos de la socialización y la comunicación, como por ejemplo, no comprenden las metáforas o los chistes; pero a su vez pueden tener la capacidad de hiperfocalizarse en un tema, incluso con una gran memoria en aquello que les apasiona.
De todas maneras, desde la escuela especial se insiste en que todos los chicos son distintos, por eso prefieren no atarse a ningún diagnóstico médico ni caracterización de libro, con el objetivo principal de trabajar al máximo las capacidades de cada uno.
En general, en el ámbito de la educación, se habla de “trastornos emocionales severos” en el que se incluyen chicos con distintos grados de autismo, entre ellos, con el síndrome de Asperger.
En total, en el establecimiento hay 60 chicos y adolescentes con “trastornos emocionales severos”, de los cuales ocho tienen Asperger.
De los 60, están integrados en escuelas comunes alrededor de 50, el resto sólo concurre a la escuela especial. No obstante, hay que destacar que los ocho que tienen Asperger, están todos integrados.
Proyectos distintos
Según explicó la directora de la Escuela Especial Nº 502, Fabiana Balado, la detección del Asperger se produce generalmente en el jardín de infantes, puede ser antes o después, dependiendo del caso. A partir de ahí, tras poner en conocimiento a los padres, se arma un legajo del alumno y son las inspectoras las que evalúan la necesidad o no de un proyecto para la inclusión, lo que significa la intervención de la escuela especial y el trabajo en conjunto con el colegio del niño.
“Para cada chico, se elabora un proyecto diferente y se trabaja según las necesidades porque es distinto en cada caso”, explicó la fonoaudióloga Dina Villa, quien trabaja desde hace años en la problemática.
Desde la escuela se trata de que todos, dentro de sus posibilidades, estén incluidos en un establecimiento común. “Para los chicos lo mejor es mantener el vínculo con sus compañeros y con sus intereses, en la medida de que ese espacio sea favorable y no frustrante”, indicó Balado, destacando que el proyecto de integración se puede cambiar en cualquier momento del año, de acuerdo a los resultados que se vayan evaluando.
Cuando empieza a intervenir la escuela especial, se le asigna al niño una maestra de apoyo para la inclusión que, en la medida de lo posible, lo acompaña dos horas durante dos días en la semana. En el caso, del secundario, se trata de tutorías porque a los chicos más grandes tampoco les gusta el acompañamiento permanente. A veces también interviene un asistente externo, que puede ser un acompañante terapéutico, en este caso, contratado por la familia.
“Tenemos chicos del secundario que vienen a la mañana a la escuela especial y a la tarde cursan dos o tres materias del secundario”, contó la directora. Por ejemplo, hay uno de los adolescentes que tiene facilidad para prácticas del lenguaje y va a una escuela que tiene orientación de teatro, entonces cursa las materias específicas, mientras que otro de los chicos va a las materias de música e instrumentos. En este sentido, dijo que de los ocho chicos, algunos tienen una capacidad mayor en una disciplina específicamente, mientras que otros no, por tal motivo, consideran que todos los casos son distintos, porque esto también tiene que ver con su contexto social y los vínculos familiares.
Inconvenientes en el secundario
Entre las dificultades que se encuentran en el aula, señalaron que el principal reclamo suele ser de los docentes y profesores que manifiestan no estar preparados para atender la discapacidad. Para estos casos, se hacen reuniones institucionales para hablar sobre las características de los chicos y prevenir situaciones.
Según contaron, no se han presentado problemas con los padres similares a lo que ocurrió en Merlo, pero sí han tenido algunos inconvenientes con los compañeros de los chicos, principalmente en el secundario. En estos casos, se han hecho encuentros para hablar con los adolescentes, para dar detalles sobre la personalidad del niño en cuestión e incluso se dan consejos para evitar inconvenientes.
“Es enseñarles a vivir con la diferencia”, se indicó. “Hay chicos con estas características que por ahí necesitan que no haya mucho ruido, que se respete el orden y la organización porque esto los ayuda a bajar la ansiedad”, detallaron.
En la primaria es más fácil porque los chicos tienden a sobreproteger a su compañero, en cambio, en el secundario, se suelen presentar más dificultades.
En los últimos años de la escuela, desde la educación especial, se trabaja también en la formación laboral y se los trata de incluir en cursos de formación profesional pensando también en el futuro, donde las posibilidades también son acotadas, pero no imposibles. En este sentido, se trata de ahondar en los gustos e intereses de los chicos para que desarrollen al máximo lo que les gusta y quizás por ahí, se puede encontrar una salida laboral.
Antes las escuelas especiales estaban más pobladas, en cambio, hoy en día se trata de que los chicos estén lo más integrados que se pueda en los colegios comunes, buscando desarrollar al máximo las capacidades de cada uno.
“Los diagnósticos nos orientan, pero no queremos que sea un condicionante, por eso lo que evaluamos son las posibilidades de cada persona desde lo pedagógico y lo vincular porque todos los chicos son diferentes y tienen distintas capacidades para desarrollar”, indicó Fabiana Balado.///