En peligro de extinción
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Las páginas de Ecos Diarios reflejaron la difícil situación por la que atraviesa el Hogar de ancianos “García Landera”, que ve peligrar su continuidad por la falta de recursos económicos.
Los gastos operativos del establecimiento, entre ellos los salarios de una docena de empleados, han escalado de tal manera que los recursos que se consiguen a través de donaciones y por el esfuerzo de voluntarios, no son suficientes.
El hogar, una de las cinco casas que con el mismo fin de alojar a personas de la tercera edad posee la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados en la Argentina, cuenta actualmente con 54 residentes, aunque hay cabida para 31 personas más, y que de completarse alivianaría las carencias económicas del establecimiento.
Al respecto vale destacar que de la jubilación o pensión que cobran los residentes, el 80% es destinado al hogar.
La madre superiora, Sor Amelia, trazó el difícil panorama y adelantó que en una reunión que se celebrará el próximo lunes 22 en España, donde está ubicada la sede central de la congregación, se definiría el destino del “García Landera”, que viene cumpliendo su noble labor desde mitad del siglo pasado.
La situación empieza a parecerse al historial del Hogar de Niñas Stella Maris de Quequén, en este caso bajo la tutela de la Orden de Don Orione, que entre las décadas del 60 al 80 cobijara a numerosas niñas huérfanas y que poco a poco se fue diluyendo, hasta ser cerrado tiempo atrás, por la falta de religiosas.
Y es en este último punto donde existe un hilo conductor que va dinamitando la dinámica y existencia de estos hogares solidarios: la escasez de monjas.
En tal sentido el “García Landera” cuenta hoy con cinco hermanas, cifra insuficiente para atender las amplias instalaciones y la demanda de los internos.
A esta realidad puede agregarse lo que ocurre con el Instituto Nuestra Señora del Rosario, que pertenece a la Congregación de Hermanas Dominicas de la Anunciata, y que popularmente se conoce como Colegio de Hermanas. Sin embargo, en la actualidad no llega a media docena el número de religiosas en dicho lugar.
En todos los casos hay otro factor coincidente, ya que varias de las hermanas que cumplen su misión en Necochea, son extranjeras, de otros países sudamericanos como Perú y Chile, donde las congregaciones aún se mantienen más fuertes.
Es evidente que planteada la coyuntura, salta a la vista la falta de renovación de religiosas, producto que cada vez menos mujeres deciden ponerse a disposición de la obra de Dios.
La manifiesta falta de vocación es una cuestión que se viene agudizando desde hace años en nuestro país, con un franco descenso en la cantidad de mujeres dedicadas a la vida consagrada. Un fenómeno que también ocurre con los sacerdotes, pero en menor medida.
En el caso de las mujeres, los análisis que se han realizado sobre la cuestión dan cuenta de una marcada falta de perseverancia en el propósito y compromiso asumido y problemas de la vida comunitaria, en el caso de las mujeres que dejan los hábitos. A ello suele sumarse, en el caso de las postulantes, las determinaciones que suelen tomar distintas congregaciones de proponerles dar un paso al costado, al entender que no tienen una real vocación.
Más allá del difícil panorama económico del “García Landera”, el sostenimiento en el tiempo de los hogares a cargo de religiosas parece estar en extinción, precisamente por la falta de mujeres interesadas en elegir y llevar adelante una vida consagrada a Dios.