En piloto automático: ¿Por qué hacemos cosas sin pensarlas?
El psicólogo Juan Cruz Ibarguren, columnista de “Lo dije o lo pensé”, explicó en Ecos Radio cómo los hábitos condicionan nuestras decisiones cotidianas
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¿Cuántas veces hacemos algo porque realmente queremos y cuántas simplemente porque estamos acostumbrados? Esa pregunta fue el punto de partida de una nueva reflexión del psicólogo Juan Cruz Ibarguren en el programa “Lo dije o lo pensé” de Ecos Radio, donde analizó el funcionamiento de los hábitos, los pensamientos automáticos y la posibilidad de modificar determinadas respuestas cotidianas.
El especialista retomó el concepto del momento presente y puso el foco en el denominado “piloto automático”. Aunque la expresión suele tener una connotación negativa, explicó que automatizar determinadas acciones es necesario para desenvolverse en la vida diaria.
“Es necesario el piloto automático, no podemos ser conscientes todo el tiempo de todo lo que hacemos y pensamos”, señaló.
Como ejemplo mencionó la conducción de un vehículo. Una persona que aprende a manejar debe prestar atención a cada movimiento, pero con la práctica muchas de esas acciones se vuelven automáticas. La repetición permite realizarlas sin tener que concentrarse permanentemente en cada detalle.
Cuando el hábito se disfraza de deseo
El problema aparece cuando esos automatismos comienzan a condicionar comportamientos que generan malestar o dificultades.
“Cuando el hábito, lo automático, tal vez, nos está generando problemas”, explicó Ibarguren.
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A partir de allí planteó una pregunta que atraviesa muchas situaciones cotidianas: “¿Son ganas de lo que queremos hacer o se trata más bien de un hábito?”.
Para ejemplificarlo, mencionó a una persona que después de comer siente deseos de fumar. En ese caso, sostuvo, no necesariamente se trata de una necesidad genuina, sino de una conducta que quedó asociada a ese momento.
“A lo mejor es el hábito que se está imponiendo ahí”, indicó.
Según el psicólogo, los comportamientos repetidos terminan consolidándose y resultan más fáciles de ejecutar porque el cerebro ya conoce ese recorrido.
“Los hábitos van como por autopista dentro nuestro. No nos consumen energía”, explicó.
Ibarguren aclaró que modificar comportamientos instalados requiere esfuerzo, justamente porque la mente tiende a recurrir a aquello que ya conoce. Pero cambiar no necesariamente significa realizar una transformación enorme.
“Algo nuevo no necesariamente tiene que ver con empezar un deporte, sino, por ejemplo, con intentar una reacción diferente”, explicó.
En ese sentido, destacó la capacidad de incorporar nuevos aprendizajes a lo largo de la vida y mencionó la neuroplasticidad como parte de esa posibilidad.
“Está la neuroplasticidad, existe la posibilidad de hacer cosas distintas”, concluyó.///
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