La necesidad de mediadores en lectura
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Se realizó ayer en el Centro Cultural Necochea, donde se presentaron innovadores proyectos para salir en busca de los lectores. Experiencias de Tandil y La Matanza
Bajo el lema “Hacia una ciudad lectora”, se realizó ayer el tercer Encuentro Regional de Bibliotecas Populares en el Centro Cultural Necochea que, en esta vez, apuntó a la necesidad de formar narradores sociales que puedan llegar a distintos espacios de la comunidad para garantizar el acceso a la lectura en todos los sectores.
En la oportunidad, estuvieron presentes integrantes de la Sala Abierta de Lectura de Tandil y la Biblioteca Popular Virrey del Pino de La Matanza, quienes contaron sus experiencias – a través de distintos proyectos que tienen en marcha- sobre cómo trabajan esta idea de no quedarse esperando a que lleguen los lectores sino salir a buscarlos.
Participaron de la actividad, que se extendió durante buena parte del día, bibliotecarios de varias escuelas de nuestra ciudad y de entidades de la zona, además del personal e integrantes de la comisión directiva del Centro Cultural Necochea y Biblioteca Andrés Ferreyra.
“Derecho a la lectura”
La apertura estuvo a cargo de Juan Marraro, presidente del Centro Cultural, quien fue el encargado de dar la bienvenida a los asistentes. Contó que este encuentro se realiza desde hace tres años y se ha convertido en una de sus actividades preferidas del año por el intercambio que se ha generado con las bibliotecas de la región.
Por otra parte, destacó la temática de este año, que tiene por objetivo brindar herramientas para ir en la búsqueda de lectores, entendiendo que la lectura contribuye a formar ciudadanos con autonomía, críticos, con opinión propia y, en definitiva, permite mejorar la democracia.
En este sentido, hizo hincapié en pensar el acceso a la lectura como un derecho de la ciudadanía y el empezar a extenderlo como una función de las bibliotecas populares.
Tras las palabras de apertura, comenzó la primera charla “Realidades y desafíos de las bibliotecas de hoy”, que estuvo a cargo de Javier Areco, exvocal de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip) y director de la Biblioteca de la Universidad de Lanús.
Areco, durante la primera parte de su disertación, contó su experiencia en Brasil, tras participar de un encuentro de bibliotecas comunitarias y se refirió especialmente a la figura del “mediador de lectura”, que son voluntarios –la mayoría de las veces de organizaciones sociales- que llevan los libros a lugares que, de otra manera, no llegarían.
Además se detuvo en el sistema de gestión de las bibliotecas brasileñas y el trabajo en red que se hace tanto a nivel regional como nacional.
Para terminar, propuso una serie de preguntas para reflexionar sobre el trabajo que se hace en las bibliotecas, con el objetivo de ser críticos de la propia práctica e intentar romper con aquellas costumbres obsoletas que muchas veces alejan al lector y no ayudan en nada a promover la lectura, que debe ser uno de los principales objetivos.
Experiencias regionales
La jornada siguió con la experiencia de la Sala Abierta de Lectura de Tandil, que fue contada en primera persona por la directora, la bibliotecaria y la presidenta de la Asociación de Amigos. Se trata de una biblioteca especializada en el género infanto-juvenil, que el año próximo cumple 30 años de trayectoria.
Generó mucho interés el sistema de gestión de esta entidad, ya que se trata de una co-gestión con el municipio, lo que generó algunas inquietudes entre los asistentes que fueron explicadas por las disertantes, ya sea en la cuestión de la toma de decisiones, fondos y empleados.
Se detuvieron especialmente en la actividad del “bibliomóvil” y el proyecto “Pampares”, a través de los cuales la biblioteca sale de su edificio a buscar los lectores y llega a aquellos sectores más vulnerables que, de otra manera, no accederían a ver un libro, a escuchar una historia o compartir un momento de lectura.
En un segundo momento, se leyeron varios cuentos con música de fondo y luego en una mesa, se expusieron varios libros nuevos, en su mayoría ilustrados, que los asistentes pudieron ver, tocar y hasta leer.
Para terminar, se propuso un espacio de intercambio sobre la selección de los libros propuestos y se abordó el rol que debería ocupar una biblioteca en la necesidad de formar lectores, pero también de ir a buscarlos.
Tras un breve receso al mediodía, la actividad continuó a la tarde con la experiencia de la Biblioteca Popular Virrey del Pino de La Matanza. El principal desafío de esta entidad es trabajar en una comunidad que en general tiene escaso a la lectura y desconocen que es un derecho. En este caso, las integrantes de la biblioteca aseguran que la única forma es “salir a buscar al lector”.
Con esta premisa, se detallaron los proyectos que están en marcha, algunos desde hace años como es el programa “El Andariego”, que es una casilla en la que llevan 1.500 libros, para armar espacios de lectura en lugares no tradicionales, que puede ser un centro de salud, la plaza o en algún evento.
Como uno de los proyectos más innovadores, se presentó el “Banco de lectores narradores sociales”, que lo están desarrollando a partir de este año, con buenos resultados y con mucho camino por delante. Consiste en armar un grupo de personas de todas las edades -aunque abundan las docentes jubiladas-, que se ofrecen como voluntarios para leer en distintos lugares, como un barrio, un comedor, un hogar de ancianos, una cárcel, un hospital, una escuela de adultos, entre otros. El objetivo es compartir la lectura con aquellos que no tienen, ni han tenido quizás en toda su vida, la oportunidad de leer por placer, de escuchar una historia y de vivir ese intercambio que se produce con el otro –con el que lee, con el que escucha- gracias a un libro.
Esta idea de conformar un banco de narradores entusiasmó a los participantes del encuentro y también a los integrantes del Centro Cultural Necochea, que ya trabajan en un proyecto similar para poner en marcha en nuestra ciudad.
Quienes asistieron al encuentro se llevaron su certificado de participación, además de las ganas de implementar en sus bibliotecas o comunidades de trabajo algunas de las ideas que se compartieron, con el objetivo de promover la lectura.