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    Enfermera con vocación de servicio

    23 de abril de 2018 | 21:01
    Enfermera con vocación de servicio
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    Trabajó durante más de 30 años en el Hogar Alejandro Raimondi. El 6 de marzo de 1988, en la tragedia del Turismo de Carretera en el circuito semipermanente de Quequén, tuvo una ardua labor en la asistencia a los heridos y luego en el Hospital Municipal

     

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    Por Mario Maruca – Redacción

     

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    Eligió la enfermería porque ella necesitaba estar junto a la gente, auxiliar y calmar el dolor a las personas. Dejar de lado la soledad de quienes se sienten solos en la vida y por eso decidió volcarse a esta profesión que tiene mucho de vocación de servicio.

    Pretendía ser una buena samaritana y para ello debía estudiar, pero su padre no quería que fuera enfermera porque decía que “era un trabajo muy sacrificado”, y tenía que dejar a la familia para ocuparse de otras personas, algo que era verdad.

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    Elvira Teresa Coria, más conocida como “Tere”, a lo largo de su actividad mostró compromiso y dedicación hacia el prójimo. “Me decían que debía salir para Buenos Aires con un paciente fuera del horario de servicio y yo aceptaba, preparaba la medicación, me subía a la ambulancia y a la ruta de viaje”, cuenta con orgullo.

    Hizo ya 30 años de un episodio que la impactó y fue la experiencia más cruda que le tocó transitar en su profesión: el drama por las muertes en una competencia de Turismo de Carretera, en Quequén.

    “Es terrible recordar ese acontecimiento, yo tenía en ese momento 33 años. Eramos ocho socorristas de la Cruz Roja Argentina que estábamos en el circuito (Benedicto Campos) con el propósito de asistir al público, pero nunca imaginábamos semejante tragedia”, reconoció.

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    Añadió que “nos habíamos preparado para almorzar en un sector del circuito y, de repente, nos enteramos que había volado un auto de la pista, por lo que tuvimos que trasladarnos hasta el lugar del accidente”.

    Teresa Coria revivió esa imagen de muerte a su alrededor. “Todo era llantos, gritos, locura, nos pedían que ayudáramos a los heridos que eran la prioridad. Tuvimos que mantener la tranquilidad, a pesar de todo el desastre que estábamos viendo en el escenario de los hechos”, manifestó.

     

    Dolor y lágrimas

    En el Hospital Municipal había gente herida por todas partes y comenzó la labor de contención a los familiares de las víctimas fatales. “Luego, en la morgue judicial me encontré con los cuerpos y tuvimos que prepararlos para ser entregados después a sus parientes. Fue tremendo todo eso, inexplicable, verdaderamente, toda Necochea estaba de luto hace ya 30 años”, rememoró la socorrista de la Cruz Roja.

    Narró como anécdota que un compañero que trabajó con ella en la morgue del Hospital, debido al shock traumático que le tocó vivir con esa tragedia del TC en Quequén, decidió irse de Necochea y se radicó en Córdoba.

    “Creo que trató de escaparle a tanta muerte acumulada en un acontecimiento deportivo que debía ser una fiesta y terminó en una verdadera tragedia”, reconoció la mujer.

    “Tere” Coria se jubiló hace cinco años y ahora aprovecha el tiempo libre para salir con sus amigas y disfrutar además de las tradicionales caminatas por la Villa Díaz Vélez, admirando la naturaleza prodigiosa que envuelve a Necochea con el mar.

    Además, está preparando un viaje de placer a las Termas de Río Hondo, también con un grupo de personas allegadas, a fin de despuntar otro vicio que la atrae: viajar.

    Actualmente, desarrolla otra especialidad para la cual se preparó: la Podología, la que abrazó con mucho cariño y respeto. Pero también se ocupa de hacer manualidades en porcelana fría, lencería, carpintería y decoración del hogar.

     

    Su amor, el Hogar Raimondi

    Recordó con satisfacción que “en el Hogar Alejandro Raimondi trabajé durante 32 años como enfermera de traslado a Buenos Aires. Tengo muchos viajes realizados y anécdotas de distintas situaciones vividas, verdaderamente inolvidables”.

    “Estoy muy agradecida con el Hogar Raimondi porque me dio todo. Tanto que, el día que cierre los ojos le daré eternamente gracias y hasta tengo el deseo que mi velatorio se lleve a cabo en esas instalaciones”, señaló con mucha emoción.

    Coria también estuvo varios años como enfermera de salvatajes en la sala de primeros auxilios ubicada al lado de la Rambla Municipal. Aún se mantiene activa con su labor de podóloga, atendiendo a clientes que acumuló en el transcurso del tiempo y que le dispensan plena confianza.

    “He vivido tiempos muy tristes y cuando llegaba a mi casa trataba de olvidarme de todo, la psicología es importante en esta profesión. Lo mismo pasaba cuando me dirigía al trabajo al Hogar Raimondi, había que dejar los problemas personales de lado y entrábamos a la institución con una sonrisa para cumplir con nuestra tarea”, explicó “Tere” Coria con mucho sentimiento.

    “Ofrecí mi vida por el Hogar Raimondi y lo volvería a hacer lo mismo si nazco de nuevo. Tengo un recuerdo imborrable de ese lugar, al cual visito periódicamente y concurro al Departamento de Enfermería”, finalizó diciendo.

     

    PERFIL

    ELVIRA TERESA CORIA (76)

    Nació en La Dulce y luego se fue a vivir a Miramar con sus padres. Luego llegó el momento de estudiar y capacitarse en Buenos Aires, hasta que se diplomó como técnica en Enfermería, a principios de la década del ‘70.

    Años después se recibió de podóloga, actividad que actualmente ejerce. Y se vinculó a la especialidad de diabetes, en Tandil.

    Trabajó en el Hospital Municipal; Hogar Alejandro Raimondi, la sala de primeros auxilios ubicada al lado de la Rambla Municipal y en Libra, como podóloga.

    Tiene una hija que se llama Teresa (le dicen Teresita) y está casada con Martín Molina, comerciante.

    “Tere” Coria es viuda y abuela de María Sol (28) que es arquitecta; Augusto (24) que trabaja con su padre Martín y es parte activa en los negocios comerciales de la familia; y luego está Mateo (17) que estudia y transita la parte final del nivel secundario.

    Coria trabajó durante más de 30 años en el Hogar Alejandro Raimondi de nuestra ciudad; también cumplió funciones en el Hospital Municipal Ferreyra y en la Cruz Roja Argentina, filial Necochea-Quequén.

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