Entender cómo vivían nuestros antepasados hace 12.000 años
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Investigadores del Conicet esperan volver en breve a los trabajos de campo tras las restricciones por la pandemia
Sería difícil para el ojo no entrenado descubrirlas, pero quizás mientras caminamos por la ribera o por Las Grutas, es muy probable que nos encontremos con evidencias, hoy restos arqueológicos, dejados por nuestros antepasados en estas tierras durante 12.000 años. Encontrarlos y aprender de esos restos es pasión de un grupo de investigadores que espera pronto recuperar el trabajo de campo tras las restricciones que generó la pandemia. “Estamos llamando a los dueños de los campos para poder volver a las salidas de campaña, han pasado casi dos años”, se lamenta licenciada Nora Flegenheimer, investigadora del Conicet, quien encabeza el equipo del Área de investigación en Arqueología y Antropología de Conicet vinculados a este proyecto enfocado en los primeros pobladores. La acompañan otros tres investigadores del Conicet, Natalia Mazzia, Celeste Weitzel y Mariano Colombo y tres becarios que se encuentran trabajando en sus tesis doctorales, Valeria Elichiry, Franco Pazzi y Selene Alislur.
“No tiene fin”
Aunque el proyecto lleva varios años recabando datos, publicando en revistas de circulación académica y mostrando sus resultados en el Museo Histórico Regional de Necochea, Flegenheimer admitió que la investigación “no tiene un fin. Cada vez que uno pone la atención sobre una problemática, aparecen más. Estamos tratando de entender la sociedad del pasado. Y en 12.000 años hubo muchas. Vamos conociendo pedacitos del panorama complejo de estas sociedades funcionando. Es un trabajo de hormiga”.
Cada miembro del equipo tiene un enfoque diferente dentro de ese panorama. Celeste Weitzel lo hace en relación a los instrumentos de piedras que utilizaban; Natalia Mazzia respecto del paisaje del pasado en el que se asentaron los pobladores y con qué recursos contaban; Mariano Colombo está dedicado a la parte patrimonial de los objetos hallados, que se encuentran en el Museo Regional, y la divulgación educativa hacia la comunidad, con propuestas pedagógicas y materiales didácticos para el trabajo en el aulas de las escuelas.
Por su parte, en el caso de los becarios, Valeria Elichiry trabaja sobre el uso de las plantas durante el momento del contacto hispano indígena, cuáles se siguen utilizando e incorporarlas a nuestra vida hoy; Franco Pazzi se enfoca en las canteras y los ambientes donde los indígenas buscaban piedras para tallar y por último Selene Alislur desde Tandil, aporta su trabajo arqueológico en esa región de las sierras.
Construir la historia
Aprender de los lugares donde vivieron o estuvieron de paso los primeros pobladores de estas tierras, amplía el enfoque sobre la sociedad actual. Los instrumentos de piedra, huesos, madera, restos de animales que comieron -que detallan la dieta y sus prácticas culinarias- son clara evidencia para los investigadores, aunque también trabajan sobre los sedimentos o el análisis químicos de los elementos.
La actividad arqueológica está regulada por lo que no pueden excavar o levantar evidencias en cualquier lado y deben recibir una autorización del Centro de Registro del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico (CRePAP).
Gran parte del trabajo que han venido desarrollando en el proyecto está expuesto con líneas de tiempo, material original o réplicas, en la sala de arqueología indígena del Museo Regional que puede ser visitado de lunes a viernes. La expectativa es que en breve puedan encontrarse más respuestas sobre cómo vivían nuestros antepasados, aunque esto generará seguramente nuevas preguntas.