Entidades en dificultad
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Desde hace años, el mantenimiento y crecimiento de las instituciones de bien público se constituyen en un camino de espinas para sus dirigentes, que ante la escasez de dinero se las ven en figurillas para mantener su estructura y personal.
En los últimos días las páginas de Ecos Diarios reflejaron situaciones similares de dos bibliotecas y el Centro de Ciegos “Luz y Unión”, cuyos directivos extreman ideas para continuar hacia adelante.
En el primer caso, tanto la Biblioteca Popular de Quequén, como la Andrés Ferreyra, ésta comprendiendo al Centro Cultural de Necochea, atraviesan una más que difícil situación económica.
Dependientes de la masa societaria, que lamentablemente no es lo grande que debería ser, a ambas instituciones culturales tampoco les alcanzan los subsidios que reciben de la Provincia y la Conabip (Comisión Nacional de Bibliotecas Populares) y los provenientes de la llamada tasa de la “Patrulla bonaerense”, que se cobra a través de los recibos de luz que percibe la Usina, luego transfiere al municipio y desde allí se envía a las bibliotecas.
En el caso del Centro Cultural y Biblioteca Ferreyra, cuenta con seis empleados, entre bibliotecarias y administrativos, y abonarles los salarios se ha transformado en una empresa difícil en los últimos tiempos. De hecho aún se adeuda el último aguinaldo,
Ante esta encrucijada la entidad se ha visto obligada a subir el valor de las cuotas de las distintas categorías de socios y se apresta a continuar la campaña para adherir a más asociados y buscar otras variantes.
Con el mantenimiento diario complicado, queda nula la posibilidad de hacer mejoras edilicias, al menos en un periodo inmediato, a no ser que se reciba alguna colaboración de empresas o instituciones de la ciudad. Algo que bien podría darse, teniendo en cuenta que la entidad de la calle 54, entre 62 y 63, cumple un enorme rol en la formación y crecimiento cultural de personas de todas las edades.
Por el lado de la biblioteca quequenense, si bien es más chica su estructura, la problemática es la misma y en los últimos dos años se ha manejado la posibilidad de cerrar sus puertas; lo que ha sido evitado por el aporte de algunas empresas y de la comuna.
Dicha biblioteca posee un personal de una bibliotecaria y dos auxiliares y si bien se necesita un administrativo, no pueden contratarlo por no contar con recursos para pagarle el salario.
Paralelamente el Centro de Ciegos “Luz y Unión”, que fuera creado en 1976, subsiste con escasos recursos, a veces con el retraso en los envíos de los subsidios desde la Provincia y con una campaña de socios protectores que avanza lentamente.
Una de las consecuencias de los dineros escasos ha sido que el centro haya perdido su línea telefónica, producto de no poder abonar el servicio.
Casi treinta operarios concurren al taller de calles 46 y 53, confeccionando productos que les permiten un ingreso que alivie sus situaciones.
En los tres casos se trata de entidades que saben de esta lucha para mantenerse. Claro que esta situación mina la voluntad de quienes toman cargos en las mismas, se producen bajas y no es fácil reforzar el plantel de directivos.///
(Publicado domingo 11 de marzo de 2018)