Entre el balance de un año agobiante y el espíritu navideño
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Llegan las fiestas de fin de año y lo que debería ser motivo de festejo puede convertirse en un factor de estrés y depresión. ¿Cómo afectan estas fechas nuestro estado de ánimo?
A horas de la Noche Buena y a una semana de fin de año, los sentimientos pueden ser contradictorios: alivio por el final de un ciclo de grandes dificultades, expectativas por lo que puede traer 2019, tristezas por lo que se fue, alegría por lo que viene…
“Para muchos es un tiempo de festejos y alegría, para reunirse con seres queridos y disfrutar. Por el contrario, algunas personas se sienten más estresadas, con ansiedad, tristeza o, incluso, depresión”, señaló la licenciada en psicología Agostina Paola Jáuregui.
Estrés y desgano
“Las fiestas de Navidad y Año Nuevo suelen afectar la salud psíquica de muchas personas que se encuentran más vulnerables emocionalmente en esta época del año. La culminación de un ciclo nos altera tanto a nivel orgánico como psíquico”, dijo Jauregui, que integra el Grupo Psicopedagógico junto a Cecilia González y Sonia Balcarce.
“Algunos de los motivos que afectan nuestra salud mental son las metas personales no alcanzadas, el recuerdo de un ser querido que ya no está físicamente, el sentimiento de soledad, y la presión económica de no llegar a fin de mes”, agregó.
“Para poder sobrellevar el estrés y desgano que produce pensar en los motivos anteriormente descriptos, debemos ser conscientes de que no hay que guiarse por los propósitos de otros, ya que es difícil que los podamos cumplir, es importante establecer objetivos reales, elegir con quiénes estar y privilegiar nuestros afectos más sinceros”, añadió Jauregui.
“Para aquellos que perdieron algún ser querido es recomendable que puedan expresar y manifestar su sentir con respecto al familiar ‘ausente’, dejar aflorar los sentimientos, sean cuales fueran, buscar apoyo en familiares, amigos o terapeutas. Todo duelo es singular y tiene su proceso, pero nos ayudará a afrontarlo, si nos apoyamos y compartimos los sentimientos todos juntos”, concluyó.
Familia nuclear
“Hay varios motivos para que el ‘tradicional’ festejo se vaya opacando. Desde lo privado, en la vida de las personas asistimos a un progresivo desinterés en relación al valor de compartir con otro”, precisó la psicóloga Alba Patiño, especializada en terapias de pareja.
“La manipulación que los medios nos imponen es la búsqueda de soluciones en ‘single’, individuales, narcisistas, con uno mismo. Atacada la solidaridad, las redes familiares, nuestras fiestas están marcadamente devaluadas”, agregó.
“Hace años atrás eran mucho más frecuente los conflictos en relación de la organización”, indicó la licenciada. Era común que se planteara la cuestión de con quién o quiénes pasar Navidad o Año Nuevo.
“Ambas fiestas tenían importancia”, dijo Patiño. Ahora, indicó, es común “escuchar que el núcleo familiar o la pareja arman el 31 sin el resto de la familia”.
Rituales
“Los rituales sociales y religiosos son un componente fundamental para psiquis humana. Representan tiempos de aperturas y finales. Marcan ausencias y presencias. Son fechas en las que el espíritu solidario y afectivo se enardece”, explicó la psicóloga Ana Cavalcanti.
“Los cristianos en general toman a la Navidad con respeto porque Jesucristo es un referente de un ideal humano maravilloso. Esa referencia no se ha perdido en lo absoluto, afirmó.
Sin embargo, afirmó, “los problemas personales hacen que cuando llegue la fecha indicada, sea Navidad, Año Nuevo o el cumpleaños, la persona evalúe la situación actual y la compare con la de otros años”.
Es en esos momentos, señaló, cuando los nacimientos, fallecimientos, separaciones y otras situaciones de gran carga emocional en la vida de las personas, pueden hacer la diferencia. “Y también se fija en lo que puede poner arriba de la mesa. Es importante, es digno, poder tener un pan dulce y una sidra”, dijo Cavalcanti.
La evaluación de todos esos factores, indicó puede hacer que esa “sea la fiesta mas triste o la mejor de tu vida”.
Opinó que por estos días esa evaluación es complicada. “Y eso obviamente afecta los ánimos. El intercambio de regalos es de ancestral importancia entre las familias, de necesidad primaria para los lazos sociales, para la calidad de los vínculos. Es lindo y gratificante para la psiquis humana dar regalos y si por lo económico no podemos, eso afecta directamente el estado de ánimo”.
Pedir ayuda
Las fiestas “traen aparejados un montón de sentimientos y pueden manifestarse de diferentes maneras: alegría por las personas queridas, melancolía por el recuerdo de quienes ya no están o en el peor de los casos, sentimientos de soledad o angustia y especialmente en nuestros adultos mayores”, señaló la psicopedagoga Cecilia González.
“Hay factores que inciden en nuestro estado de ánimo: la presión social por cómo debemos sentirnos en las fiestas, las creencias religiosas de algunas personas que pueden o no coincidir con los diferentes miembros de una misma familia, la cultura del consumismo que ha llevado a transformar estas fiestas en un negocio y que nos obliga a generar gastos que afectan nuestra economía y si a esto le agregamos los conflictos que a diario debemos enfrentar, puede generarse un desequilibrio emocional, que afectará a cada persona de manera diferente”, explicó González.
Por otra parte, comentó, “en muchos casos estas celebraciones son un motivo de reunión familiar, a la que concurren personas que no mantienen un trato fluido durante el año y que tienen amplias diferencias entre ellas. Estas desavenencias pueden desembocar en discusiones o episodios generadores de estrés y angustia”.
“Con el correr de los años, el espíritu festivo se ha ido perdiendo, quizás sea una simple sensación, un sentimiento con mezcla de recuerdos y ausencias, un estado emocional difícil de manejar haciendo que las persona sientan angustia, ansiedad y desánimo”, señaló.
“No podemos dejar de atender estas cuestiones porque van a afectar directamente nuestras emociones y por lo tanto nuestro bienestar Una consulta con un especialista en el tema, nos ayudará a gestionar nuestras emociones y seria de mucha ayuda para poder celebrar estas fiestas de la mejor manera”, concluyó.///
Fiesta en familia
La escritora local María del Carmen González afirmó que este año, “como toda celebración”, va a “compartirla con los verdaderos afectos”.
El objetivo, afirmó, es que sea “una hermosa y sencilla celebración. Algo no comercial ni fingido, de eso se trata”.
“Para los pequeños un bonito obsequio y para los grandes también. Además, la celebración religiosa, cantando villancicos, recordando la bonita razón de la Navidad”, dijo la autora de varios libros infantiles.
Por otra parte, no olvidó el espíritu cristiano de la celebración, de “compartir con aquel que no lo está pasando bien, ponernos en su lugar. ¿Quién les dice que alguna vez esa persona nos ayudará a nosotros? Hay que compartir todo lo lindo”.
En algún lugar del cerebro
Poseer o no espíritu navideño tiene su explicación científica. La alegría y felicidad que muchas personas disfrutan en estas fechas y que conocemos como espíritu navideño, no procede del corazón sino de nuestro órgano pensante, el cerebro. Así lo ha determinado el último estudio llevado a cabo por la Universidad de Copenhague (Dinamarca).
Los investigadores reclutaron un total de 20 participantes a los que dividieron en dos grupos según los resultados de un cuestionario sobre la Navidad: en el primer grupo fueron incluidas aquellas personas que celebraban la Navidad y la relacionaban con momentos y sentimientos positivos y, en el segundo grupo, fueron incluidas aquellas personas para los que la Navidad les provocaba un sentimiento neutral o negativo.
Los científicos mapearon individualmente mediante imágenes por resonancia magnética funcional, las regiones del cerebro que logran activarse con estímulos típicos de estas fechas tan señaladas, mostrándoles mediante gafas de vídeo, un total de 84 imágenes a los participantes (con escenas tanto cotidianas como navideñas).
Los resultados del escaneado cerebral en el que se midieron los cambios producidos en la oxigenación y el flujo de la sangre en el cerebro en respuesta a la actividad de las neuronas, fijaron qué partes del cerebro estaban involucradas en lo que conocemos como espíritu de la Navidad.
Así, los mapas resultantes de los voluntarios revelaron que cinco áreas del cerebro eran las protagonistas de este sentimiento, puesto que en el grupo para el que la Navidad era algo positivo se activaban de forma destacada y en el grupo anti-Navidad no se producía tal activación. Las cinco zonas que se “encendían” con imágenes navideñas eran: la corteza motora primaria y la corteza premotora, el lóbulo parietal superior, el lóbulo parietal inferior y la corteza somatosensorial primaria, localizaciones cerebrales relacionadas con los sentidos somáticos y la espiritualidad.
“La localización exacta del espíritu navideño es un primer paso fundamental para ser capaces de ayudar a este grupo de pacientes y puede contribuir a comprender la función del cerebro en las tradiciones y festividades culturales. Aunque alegres e intrigantes, estos resultados deben ser interpretados con cautela. Algo tan mágico y complejo como el espíritu navideño no puede ser completamente explicado por la actividad cerebral detectada por si sola”, explican los autores del estudio.