Entre el cine, la música y la vida misma
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Aureliano Barros estudió cine después de probar con periodismo. Realizó un largometraje, varios cortos, trabajó en televisión y al volver a Necochea retornó a sus orígenes musicales
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Por Juan José Flores
Redacción
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En la adolescencia, cuando se fue de Necochea a estudiar a La Plata, pensó que lo suyo era el periodismo, pero luego de un tiempo en esa carrera, se dio cuenta de que en realidad lo que le gustaba era la ficción y se volcó al cine.
Así fue como Aureliano Barros ingresó al mundo de las artes audiovisuales y cuando se encontraba en cuarto año de la carrera de cine dirigió el largometraje “Proceso”, como parte del trabajo académico de la carrera.
La película que se filmó con “700 pesos”, dentro de la propia Facultad, es hoy recordada por ser la primera producción de esa casa de estudios que ganó un premio en un festival de cine.
El largometraje, en el que también participaron los necochenses Lautaro Villagra y Valeria Fernández, quien en la actualidad es la esposa de Barros; se impuso como mejor película en la sección Vitrina Argentina del Festival de Cine de Mar del Plata.
Hoy, mientras Barros vive con Valeria en Quequén, junto a sus seis hijos, desde la Facultad platense están preparando un libro sobre la escuela de cine y entrevistaron al realizador necochense para recordar esa película filmada en 2005.
Cada tanto “Proceso” se vuelve a proyectar en algún ciclo de cine platense y Barros vuelve a redimensionar la filmación de la película y aquellos días “antes de Youtube”. El premio fue el subsidio para realizar un telefilme.
Fue en 2005, recordó Aureliano y explicó que en aquellos años la carrera de cine estaba superpoblada, la Facultad no contaba con los recursos técnicos, por lo que lograban obtener el título los más persistentes.
Aureliano recordó que descubrió su vocación por el cine cuando realizaba uno de los ejercicios de la carrera de periodismo. “Me pidieron que realiza un radioteatro y me di cuenta de que me gustaba más trabajar con la ficción”, explicó.
En su carrera como realizador, Aureliano trabajó en Pinamar para un canal de televisión por Internet, realizó varios cortos y también videoclips.
Ya radicado en Quequén, siguió trabajando en la realización audiovisual, pero se volcó principalmente a la música, otra de sus vocaciones.
El ritmo de la tierra
“De adolescente tenía una banda acá, antes de irme a La Plata”, explicó Aureliano. La banda se llamaba 9 meses y también la integraban Pablo Zárate y Gustavo Wilson, entre otros.
De su relación con Valeria, no sólo nacieron seis hijos, también La Ola, un grupo musical que con el paso de los años se convirtió en Amórika. Además de la pareja integran la banda Gustavo Wilson y Gustavo Villar.
“Ahora estamos buscando un bajista. Por eso estamos un poco parados y yo aproveché para comenzar a grabar mi primer proyecto solista”, explicó Aureliano.
Esta iniciativa incluyo varias canciones con aire folclórico y será presentada antes de fin de año.
La grabación se realiza en un estudio de nuestra ciudad y Aureliano cuenta con la colaboración de Jorge González, un ex integrante de Amórika.
A pesar de estar un tanto alejado del cine, cada tanto vuelve a tomar la cámara. Su último trabajo fueron unos cortos sobre los trabajos arqueológicos que se desarrollan desde el Museo de Ciencias Naturales de Lobería.
Además, también realizó varios clips para temas de La Ola y Amórika.
Y además desde hace unos años Aureliano también comenzó a explotar otra de sus vetas creativas, que tiene que ver con la construcción ecológica.
A partir de comenzar a levantar su propia casa con tierra, madera y elementos reciclados, se formó un grupo que colaboró con vecinos y desembocó en algunos trabajos comunitarios.
Allí se mezclaron varias ideas que Aureliano había tomado de su experiencia con los pueblos originarios a partir del trayecto realizado por un cortometraje de su autoría y la invitación que recibió para viajar a distintos lugares a conocer la milenaria cultura aborigen.
Con 38 años, seis hijos y muchos proyectos, el cine, la música, la construcción, la cultura aborigen e incluso la alimentación, parecen atravesar la creativa de este inquieto artista local.///