Entre el orgullo de ser padres y la vulneración del derecho a la privacidad
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De acuerdo a la legislación vigente nadie puede exhibir fotografías de menores sin la autorización de los padres. Pero ¿qué ocurre cuando son los padres quienes exhiben indiscriminadamente fotografías de sus hijos sin pensar en su privacidad?
La primera foto del nene minutos después del nacimiento, la de su primer baño, la de su primer dientito. La fotito del primer día de jardín, la del egreso de salita de cinco y el ingreso a la primaria…
En la era de las cámaras digitales, muchos niños tienen más fotografías de un año de sus vidas que las fotos que se sacaron sus abuelos a lo largo de toda su existencia.
Pero además, esas fotos, como ocurría hace unas décadas, no quedan en un álbum, muchas de ellas se suben a la red y se comparten en las redes sociales.
Así, sólo es necesaria una pequeña investigación para hacer un seguimiento de toda la vida de un niño, saber su fecha de nacimiento, a qué jardín de infantes fue y a que escuela concurre. Conocer a sus amigos, sus padres, sus abuelos y tíos.
Sin darse cuenta los padres han expuesto una enorme cantidad de información de sus hijos y lo que es peor, sin haberle preguntado al niño si quiere que todo el mundo sepa tantos detalles de su vida.
Esta tendencia tiene un nombre, se denomina «sharenting» y si bien los padres no violan ninguna ley al compartir fotografías de sus hijos en las redes sociales, especialistas advierten que podrían estar poniéndolos en riesgos.
La jueza Alejandra Manis, titular del Juzgado de Familia de nuestra ciudad, señala que «para los niños en particular es muy grave, porque no pueden tomar sus propias decisiones. Ellos no pueden decidir si quieren sentirse tan expuestos».
Compartir y exponer
Especialistas en seguridad señalan que si bien el «sharenting» puede parecer un hábito inocente, puede tener graves consecuencias, especialmente para la futura seguridad financiera de sus hijos.
La compañía Barclays calcula que hacia 2030 el «sharenting» podría costar más de US$870 millones en fraudes en línea -siendo responsable de dos terceras partes de las suplantaciones de identidad en la próxima década- y que cometer estafas por internet «nunca fue tan fácil».
También señala que hay padres que se dejan llevar por «una falsa sensación de seguridad» y que no se dan cuenta de que sus hijos se convierten en «blancos para el fraude» gracias la información que comparten sobre ellos y que permanece en la red.
«Otra década de padres compartiendo demasiada información en internet producirá 7,4 millones de casos al año de robo de identidad hacia 2030», asegura la empresa.
El fenómeno es mundial. En Estados Unidos, por ejemplo, se calcula que el 92% de los chicos menores de dos años tiene algún tipo de presencia en las redes sociales, y un tercio debutan con su “primera publicación” antes del primer día de vida.
Una cuestión legal
En enero del año pasado, una madre italiana fue condenada por el Tribunal de Roma a pagar unos 10.000 euros a su hijo de 16 años si no cesaba en su costumbre de subir a las redes sociales fotografías del adolescente.
En un mundo donde las redes sociales forman parte de la vida cotidiana, donde todo debe ser contado y mostrado, es cada vez más frecuente que los padres suban fotos de sus hijos a Facebook o Instagram desde los primeros días de vida –una tendencia relativamente nueva conocida como newborn photography–, o imágenes de los primeros pasos o los primeros baños.
El fenómeno ha sido bautizado como sharenting: se unen las palabras share (compartir) y parenting (crianza) y se define como la práctica de un padre o madre que regularmente usa las redes sociales para publicar y comunicar información detallada sobre sus hijos. El interrogante que merece al menos una reflexión es: ¿qué pasa con el derecho a la privacidad de ese niño?
La jueza Alejandra Manis, titular del Juzgado de Familia N° 1 de Necochea, señaló que mediante esta práctica el niño pierde el “derecho a su propia intimidad”.
“Es una cuestión de responsabilidad de los adultos. En lo personal me parece tremendo. Hay padres que publican hasta las notas de los boletines de sus hijos. Cosas que son muy privadas y dudo que les pregunten si ellos quieren que se publiquen las notas que tiene en la escuela”, señaló.
Todos expuestos
Aunque explicó que no es extraño en un mundo donde “en realidad se ha perdido el derecho a la intimidad de todas las personas, en general”.
Manifestó que “es muy difícil ahora preservarse de aparecer en alguna red social”.
Puntualizó que en el juzgado es común ver casos de gente que utiliza las redes para difamar a sus ex parejas o familiares luego de alguna separación, divorcio o engaño.
“Uno puede a través de una medida cautelar prohibirle a esa persona que publique insultos o fotos de la otra persona”, señaló. Sin embargo, explicó que es muy difícil controlar que la persona con una restricción le pida a sus amigos que publiquen infamias.
En el caso del “sharenting”, dijo la jueza, “tiene que ver con la responsabilidad de cada papá”.
“Los chicos quedan absolutamente expuestos”, indicó.
Sin embargo la situación de preservar a los niños de la exposición de los niños en internet a veces escapa a la responsabilidad de los padres.
“Nadie puede publicar fotos de niños menores de edad sin la autorización de los padres. Ahora, si el nene va a un cumpleaños y la mamá del cumpleañero publicó las fotos de la fiesta de cumpleaños, publicó fotos de un montón de chicos. ¿Cómo se evita eso?”, afirmó.
“Hoy es muy difícil controlar la reproducción de estas imágenes”, dijo Manis. “Y los niños no tienen la autonomía para decidir aparecer o no aparecer en esas fotos”.
Pero sin duda donde los niños están más expuestos es en su propio hogar, si los padres tienen la costumbre de publicar en la red fotos de todo lo que ellos hacen.
Derecho a la intimidad
“Los niños tienen derecho a la intimidad. No tienen por qué publicar toda su vida en las redes sociales. Aparecen en el primer día de la salita, en el egreso del jardín, en el beso con la abuela, el primer baño, la primera sonrisa, el boletín, el fin de año… Avasallan ese respeto a la intimidad que todos los chicos tienen”, afirmó.
“Sin darse cuenta los padres los exponen a un montón de cuestiones. Por ejemplo, que aparezcan sus fotos en lugares inapropiados”, puntualizó Manis. Puso por ejemplo el uso que puede hacer alguien que roba esa imagen. “Se me ocurre alguna adolescente que se saca una foto en la playa, cuando se van de vacaciones y los mismos padres la publican en una red social. Esas chicas pueden llegar a aparecer sin que ella o sus padres lo sepan en algún book de oferta sexual”.
“Son cuestiones que son muy difíciles de evitar, porque una vez que una foto comienza a circular, ya nadie puede retirarla y evitar que alguien más la publique”, dijo Manis.
Explicó que fenómenos como este siempre “se intentan regular jurídicamente, pero siempre aparece algo nuevo. Es algo muy vertiginoso”.///
¿Qué es el sharenting?
El «sharenting» -un anglicismo que proviene de share (compartir) y parenting (paternidad)- consiste en documentar las primeras sonrisas, palabras, pasos… y cada una de las anécdotas de los más pequeños en Facebook, Instagram y otras redes sociales.
Y se ha convertido en una práctica tan habitual que el diccionario británico Collins lo incluyó en sus páginas en 2016. Desde entonces, el fenómeno no ha dejado de crecer.
Hasta ahora, no ha existido otra generación de niños con una infancia tan pública. Y es probable que, cuando crezcan, muchos no estén de acuerdo con ello.
Piénsalo bien…
La Sociedad Nacional para la Prevención de la Crueldad contra los Niños (NSPCC, por sus siglas en inglés), en Reino Unido, advierte que «cada vez que una foto o video es publicada, se crea una huella digital del niño que puede seguirlo en su vida adulta».
Siempre es importante pedirle permiso al niño antes de publicar las fotos.
Si se trata de niños muy pequeños, piensa en si les gustaría que lo publicaras o si les avergonzaría. Si no estás seguro, es mejor que no lo hagas.