Entre la biblioteca y la fotografía
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Alejandro Moray se recibió de licenciado en bibliotecología y documentación a principios de los 80, pero recién a los 50 años pudo comenzar a ejercer su profesión. Las grandes satisfacciones de la fotografía
Por Juan José Flores
Redacción
Cuando terminó sus estudios Alejandro Moray no tenía una vocación definida. En esos años todos los jóvenes se volcaban a las carreras de abogacía, medicina o alguna ingeniería.
Siguiendo a su mejor amigo, él decidió estudiar agronomía, pero pronto se dio cuenta de que no era lo suyo. Así que mientras trabajaba comenzó a preguntarse qué carrera seguir que no tuviera ni física ni química entre sus materias.
Así fue cómo descubrió la Licenciatura en bibliotecología y documentación, que se dictaba en la Universidad del Museo Social Argentino.
“Ni a mis amigos ni a mis padres les dije que había cambiado de carrera”, explicó Moray, que fue uno de los primeros seis egresados de la licenciatura en la UMSA.
A penas egresó fue convocado por la Asociación Argentina de Ortopedia y Traumatología para armar la primera biblioteca de la entidad.
“Fui el fundador de esa biblioteca y fue una experiencia muy enriquecedora, porque hubo que empezar de cero. Cuando llegué sólo había un montón de libros y revistas tirados en el suelo”, señaló Alejandro.
Sin embargo, se fue alejando de la bibliotecología y continuó trabajando en la Capital Federal en una empresa dedicada a la exportación de autopartes.
El sueño
Hace 33 años Alejandro se radicó en Necochea. Su esposa, que había conocido en la Facultad de Agronomía, era de nuestra ciudad.
A él le encantaba Necochea y la gente de aquí, pero en el ámbito laboral la inserción no fue fácil.
Trabajó en la oficina de personal de Huemul, luego en una agencia marítima y en una distribuidora de helados.
Luego de varios años comenzó a trabajar en una agencia de seguros y logró la estabilidad que había deseado.
Fueron 18 años en esa empresa en la que se mantuvo alejado de las bibliotecas, aunque siempre estaba la esperanza de algún día ejercer la profesión.
Y cuando ya pensaba que nunca podría hacerlo, surgió la posibilidad de participar en un concurso del Poder Judicial para ocupar una de las dos plazas que iban a quedar vacantes en la biblioteca judicial local.
Fue hasta la biblioteca a hablar con los dos bibliotecarios que iban a jubilarse para pedirles asesoramiento y cuando se encontraba allí llegó un fax que indicaba que se iba a tomar a tres nuevos empleados. “Fue premonitorio”, dijo Alejandro.
Así que tuvo que volver a estudiar, ya que sus conocimientos estaban desactualizados y además debía adquirir nociones de derecho.
Alejandro todavía recuerda cuando concurrió a rendir examen y se encontró que la mayoría de los 20 postulantes eran veinteañeros.
“Usted, señor, por ser el mayor, saque la primera bolilla”, le dijeron los examinadores. Alejandro se preguntaba qué estaba haciendo allí.
Para su asombro, quedó entre los elegidos y el 4 de noviembre de 2011 comenzó a trabajar en la biblioteca del Poder Judicial.
Finalmente, a ingresar como auxiliar en la biblioteca, Alejandro pudo hacer realidad un sueño largamente anhelado. “Jamás imaginé que a los 50 años iba a estar allí”, explicó.
Pasión por la fotografía
Si bien para muchos Alejandro es conocido por su trabajo en la biblioteca del Poder Judicial, otros lo vinculan con la fotografía.
Es que fue el fotógrafo oficial de las tres primeras ediciones de la Ruta del Tango y también trabajó para el municipio durante el Enduro Pale.
Además, fue uno de los miembros fundadores del Necochea Foto Club hace 12 años atrás.
La fotografía ha sido siempre motivo de grandes satisfacciones para Alejandro, pero fue en los últimos años que pudo dedicarse más plenamente a la actividad.
Todo comenzó por su abuelo materno, que era un fanático de las filmaciones caseras. Cuando Alejandro tuvo su primer trabajo lo primero que hizo fue comprarse una cámara súper 8.
Luego, por un compañero de trabajo, comenzó a interesarse en la fotografía y así se convirtió en un fotógrafo autodidacta.
Era la época en que todo se hacía en forma manual y a Alejandro revelar le producía una emoción especial. “Ver las imágenes aparecer sobre el papel era como ver nacer algo”, explicó.
Aquella pasión fue alimentada por sus padres, que al volver de un viaje al extranjero le trajeron una cámara de fotos.
Si bien nunca se le ocurrió hacer un curso, siguió estudiando por su cuento a través de libros y revistas.
La curva de aprendizaje se acentuó en los últimos años a partir de la aparición de las cámaras digitales.
“Al principio me negué, fui un renegado de lo digital”, explicó Moray. Sin embargo, no pudo resistirse y pronto comenzó a disfrutar de todos los beneficios de la tecnología.
“Uno se apasiona”, explicó Moray, que también ama viajar y tomar fotografías de paisajes y edificios.
Paradójicamente, si bien no se siente cómodo tomando fotografías a personas, han sido estas fotos las que le han permitido obtener más premios.
Moray tiene 62 años, tres hijos y dos nietos. Se siente muy satisfecho con su trabajo de bibliotecario y sus logros como fotógrafo. Ahora sueña con viajar a Europa para tomar fotos de la arquitectura del Viejo Continente.