El necesario control de alimentos
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La venta de comidas en la calle o en domicilios sin habilitación
Falta de controles
Es habitual, sobre todo en los meses de verano, ver a vendedores ambulantes en el parque Miguel Lillo, en semáforos o incluso en la arena de la playa, caminando con sus canastas con pasteles u otros alimentos.
Si bien numerosas personas no dudan en comprarles, e incluso algunos lo hacen la venta de alimentos sin control bromatológico y habilitación es un riesgo para la salud.
Es que se desconoce el ámbito en el que se elaboran dichos comestibles, en materia de aseo, así como también los ingredientes que contienen, su envasado y el tiempo que permanecen a la intemperie antes de ser vendidos.
Sin intención de generalizar, en ocasiones las comidas caseras que se venden en la calle no se reparten en las condiciones óptimas para su conservación y se las expone al sol, las altas temperaturas y el aire libre durante horas. Esto sin contar que no hay un control externo al momento de la elaboración.
Tomar medidas
Por este motivo, ante la ausencia de chequeos bromatológicos, se deben tomar medidas para controlar y restringir la venta de estos alimentos en la vía pública o incluso en domicilios particulares.
Además, para las rotiserías y locales de venta de comidas que pagan un alquiler, luz y gas y cuentan con habilitación municipal y afrontaron los costos necesarios para pasar todos los controles de higiene, resulta una competencia desleal.
“Hay que dejarlos que puedan trabajar”
Por otro lado, es innegable que la venta de alimentos de manera ambulante o en los domicilios particulares es una salida laboral para muchas personas. Algunos lo hacen como una elección de vida y otros de manera temporal, hasta conseguir un empleo fijo que sustituya esa labor.
Incluso es una actividad que suele ser tomada como alternativa para sumar una ayuda al sueldo y llegar mejor a fin de mes.
Fernando Francolini, que hace veinte años que tiene negocio de venta de comidas en nuestra ciudad y que hace poco mudó su local a pleno centro, manifestó su postura, aunque lejos de considerar a los vendedores ambulantes como una competencia desleal.
“Yo lo veo bien, que salgan a vender, antes que salgan a robar prefiero que vendan. Que vendan lo mismo que yo, que vendan empanadas en mi puerta si quieren. Prefiero que me saquen un cliente a que me entren a robar. Creo que todo el mundo prefiere eso, es más honesto”, aseguró Francolini.
“La Municipalidad tendría que tener un sistema para controlarlos un poco, pero de algo tienen que vivir los pibes. Hay que tener un control mínimo, darles algún permiso para que esté en condiciones pero que puedan vender. Después si pagan o no pagan por ese permiso sería un tema de ellos y lo pueden manejar como quieran, pero sacarlos de la calle es generar bronca contra la Policía, contra los vendedores y contra la calle”, concluyó.///