Entre la pelota y el dos por cuatro
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Conocido como jugador de pelota a paleta, Miguel Merlo sorprendió a muchos con su voz en las dos ediciones de la Ruta del Tango
Cuando quiere explicar lo que el tango ha significado en su vida, Miguel explica que cuando era aún un bebé, su madre le cantaba tangos para hacerlo dormir. Su padre, un gran jugador de pelota, es conocido por muchos vecinos como ese señor que recorre las calles de Quequén en bicicleta, silbando tangos.
La influencia paterna no sólo llevó a Miguel a amar el tango, también lo convirtió en uno de los más destacados jugadores de pelota paleta de la ciudad, a tal punto que fue el primer representante que Necochea tuvo en un mundial de ese deporte tan enraizado en una comunidad que tiene sangre vasca en sus venas.
“La pelota paleta en la familia Merlo es parte de la vida. Todos jugamos: mis hermanos, mi viejo”, aseguró.
Y explicó que la paleta también fue importante fuera del trinquete, ya que le permitió forjar relaciones sociales que con el tiempo le facilitaron a él y sus hermanos ingresar en el mundo laboral.
En los años que realizaba el servicio militar en la Prefectura Naval Argentina, Miguel fue convocado para integrar la selección argentina de la especialidad, tras participar en torneos provinciales y argentinos. Así fue como se convirtió en el primer deportista de nuestra ciudad en participar en un mundial. “Tuve la suerte de ir a Biarritz, a Francia.
Fue una experiencia extraordinaria. Fue la primera vez que alguien de Necochea fue a un campeonato mundial”, explicó.
El tango espera
Si bien en aquella época en que la pelota ocupaba prácticamente todo su tiempo Miguel no imaginaba que algún día iba a cantar tango, la “música ciudadana” era parte de su vida cotidiana.
“Como dijo Osvaldo Pugliese, el ‘tango te espera’ y en un momento de la vida te llega”, dijo Miguel, que ha sido uno de los protagonistas locales de las dos primeras ediciones de la Ruta del Tango.
Siempre escuchó tango y un día, solo en su casa, como un juego, comenzó a hacer karaoke. Aquella práctica se hizo habitual y se convirtió en parte de las reuniones familiares.
“Mientras mis hermanos cantaban cumbia o rock, yo siempre cantaba tango y me empezó a gustar”, explicó Miguel.
Así fue como comenzó a tomar clases con Eduardo Alvarez, que viendo sus condiciones lo animó a cantar. Juntos realizaron algunas presentaciones.
“Y justo comenzó la Ruta del Tango”, señaló. En la primera edición tuvo éxito y lo animaron a seguir. También conoció gente como el Tucu Pereyra, que le dio algunos consejos sobre técnicas y colaboró en su formación.
La cantante Mirta Godoy le dio un consejo que Miguel ha convertido en regla de oro: “Cantá siempre tangos que te gusten y que te lleguen”.
Con esa regla Miguel fue armando su repertorio y el año pasado grabó un CD: “Trasnochando”. El título fue tomado de un tango que le hizo escuchar su padre.
“No lo digo yo, lo dicen los que saben: El tango no lo canta cualquiera. Tiene su jeite, su forma de decirlo, sus palabras, por eso, si no lo sentís, no podés cantarlo. Entonces trato de buscar tangos que me gusten”, afirmó.
La ruta tanguera
Este año, la segunda edición de la Ruta del Tango permitió a Miguel darse algunos gustos, como cantar en el Concejo Deliberante o subir al escenario del París e interpretar el Himno Nacional.
Mientras, junto a los bailarines Natalia Acosta y Sebastián Cardillo, integró Aires de tango, un espectáculo que le ha permitido recorrer distintos escenarios de la ciudad y presentarse en Tandil, Benito Juárez y Lobería.
Padre de una joven de 20 años y fanático del Polaco Goyeneche, Miguel dedica cada vez más tiempo al tango y ya piensa en grabar un segundo disco.
“Nunca pensé que iba a cantar tango”, asegura este cantante que se siente satisfecho cuando ve a sus padres entre el público.///
