Entre las promesas, la resignación y el olvido
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La indignación de vecinos que pagaron una instalación de gas que nunca se conectó, la desazón de cientos de personas que quedaron sin asistencia al jubilarse un médico o la renuncia de una asistente social, son pequeñas barreras que en el interior del distrito se vuelven infranqueables
Ayer la localidad de San Cayetano cumplió 110 años. Fundada en tierras de Victorio de la Canal, junto a la estación de trenes de San Cayetano, dentro del Partido de Necochea, esta población es un ejemplo de lo que ocurre cuando los vecinos se sienten descontentos con un gobierno municipal. En 1958, tras años de lucha autonomista, los sancayetanenses lograron separarse de Necochea y crear su propio municipio.
Algo similar pudo haber ocurrido en el Norte de Necochea si el gobierno provincial hubiera escuchado los reclamos autonomistas de los vecinos de Juan N. Fernández, hace casi 100 años. Aunque en ese caso, poco tiempo atrás volvieron a escucharse las voces de algunos vecinos cansados de la falta de respuestas y dispuestos a crear otro partido.
Es que en esa localidad el descontento parece el estado natural de las cosas. La ruta 80, que llega desde la 86 hasta el pueblo, figura asfaltada en toda su extensión, hasta Barker, pero es de tierra y en un tramo es intransitable.
Más al Norte, en Claraz, los vecinos se quejan porque pagaron la instalación para poder contar con gas natural y si bien la obra del gasoducto se terminó, siguen sin el servicio por un simple trámite.
Las necesidades en los pueblos del interior del distrito se repiten. “Es triste, el pueblo, de a poco, ha ido perdiendo un montón de cosas. Y esas cosas, lamentablemente, no se recuperan más”, afirmó María Graciela Rodríguez, quien vivió la mayor parte de su vida en Ramón Santamarina.
En ese pequeño pueblo de 400 habitantes ubicado en el límite con San Cayetano, había hasta hace un tiempo una estación de servicio. “Se cerró y ahora no hay más. La gente tiene que ir a buscar su combustible a La Dulce, Necochea o San Cayetano”, explicó Rodríguez, que es directora de la Escuela de Educación Secundaria Agraria Nº 1.
“Se cerró la farmacia y no tuvimos más. Hay 100 afiliados a PAMI que al jubilarse el médico, se quedaron sin prestador y tiene que ir a Necochea a buscar un médico de cabecera para que los atienda”, agregó.
“Son cosas que se van perdiendo y quedan en el olvido y nos acostumbramos a vivir sin ellas. Algo tan sencillo como una farmacia, que en Necochea hay cada diez cuadras, acá hay que hacer 64 kilómetros. Y en el pueblo hay mucha gente grande”, precisó.
Algo similar a lo del médico de Ramón Santamarina ocurrió con la asistente social de Juan N. Fernández, que renunció hace un mes y aún no ha sido remplazada.
En Santamarina, una nueva médica llegaría pronto para atender en la sala de primeros auxilios, pero los vecinos mientras tanto, esperan.
La conexión olvidada
Marcos Bragadini, de la asociación vecinal de Claraz, señaló que el principal reclamo de los habitantes de esa localidad es la conexión de gas. “Hace dos años se hizo en el pueblo toda la obra. Los vecinos se anotaron para que el gas pase por sus casas, hicieron toda la instalación”, explicó.
“Pero la obra terminó hace dos años y nunca nadie vino a ver por qué no se conectó el servicio. Creo que faltan verificar un par de válvulas”, dijo Bragadini.
Lo que más molesta a los vecinos es que “no falta nada” y que cada uno de ellos “gastó muchísimo dinero para tener la instalación lista”.
“Ahora está todo abandonado. La planta reductora está cubierta de yuyos”, dijo el vecinalista.
El otro reclamo, ya histórico de los residentes de Claraz tiene que ver con la ruta 80, que une la 86 con Barker, en el partido de Benito Juárez. “Son cerca de 50 kilómetros de ruta de tierra que unen Juan N. Fernández y Barker. Los 13 kilómetros de Claraz a Fernández es lo que mejor se mantiene, pero los 35 de aquí hasta Barker son intransitables”, remarcó Bragadini.
El vecinalista afirmó que no son muchas más las obras que los vecinos reclaman, pero “estaría bueno que alguien se acordara”.
Entre costos y hechos
Gabriel Coria, integrante de la asociación civil Fiesta de la Soga Gaucha, de Juan N. Fernández, coincidió respecto a la necesidad de llevar adelante alguna vez la obra de la “famosa ruta 80”, que, recordó, en los planos “figura asfaltada”.
“Esto mejoraría la conexión entre los pueblos de la región y también permitiría llevar adelante el proyecto de circuito turístico rural en el que se viene trabajando con impulso de la escuela secundaria de Energía”, dijo Coria. “Podría significar un importante progreso para la región”.
Otra obra fundamental, señaló, es la prometida instalación de la red de cloacas, para la que incluso se llegaron a adquirir los materiales, pero que nunca se llevó adelante. “Esa es una deuda importante que tiene el municipio con el pueblo”, afirmó.
“Pero algo que no es tan costoso y mejoraría la calidad de vida de los vecinos sería el cordón cuneta. Esto sería una importante obra para los barrios, donde habitualmente no llega nada”, señaló Coria.
“En el área de Salud, algo que tampoco costaría mucho al municipio sería dotar de un equipo de rayos al hospital. Hay uno, pero nunca funcionó”, explicó.
Un estado ausente
“En la localidad de Juan N. Fernández hacen falta desde cosas elementales hasta grandes obras que mejorarían la calidad de vida y también la salud de toda la comunidad”, afirmó Ricardo Basualdo, vecino de esa localidad.
“Dentro de las primeras están los controles . No existen de ningún tipo por parte de la municipalidad. Y esto ha sido así, siempre. Con matices pero en general el estado Municipal siempre ha estado ausente en los controles”, agregó.
Por otra parte, precisó que el cementerio está abandonado. “Le quitaron con buen criterio la loza de la entrada pero lo dejaron todo abierto. Nichos y veredas en estado deplorable”, agregó Basualdo.
“La visita de funcionarios y la de concejales es otra necesidad que tiene la localidad”, indicó el vecino.
Precisó que las dos últimas grandes obras que se realizaron en el pueblo datan del gobierno de Daniel Molina: el barrio del Plan Federal ( 44 casas) y la ampliación de la red de gas al este de las vías del ferrocarril.
“Los funcionarios conocen bien las necesidades porque siempre están presentes en las promesas de campaña”, dijo Basualdo. “La reapertura del matadero municipal es una de ellas. La matanza de animales se hace a campo, con controles muy laxos, casi nulos. Las cloacas fueron comenzadas en la administración de Tellechea y quedaron en la primera etapa”.
Recordó, por otra parte, que “el cordón cuneta es necesario en todas las calles de tierra. Se prometieron en tres oportunidades en la anterior administración municipal.
También recordó las promesas sobre la construcción de una playa de estacionamiento para camiones y la falta de recursos para el hospital. “En conclusión, un estado Municipal presente es lo que necesita Juan N. Fernández”, dijo.
Obras en pausa
Leonardo Prado, miembro de la Asociación Vecinal «Pueblo de Nicanor Olivera», indicó que en esa localidad hay varias obras importantes aprobadas, pero que no se realizan.
“La verdad es que desde hace años que no se realizan obras. Lo único que llegó fue un cambio de luminarias, pero por un convenio del municipio con la cooperativa”, dijo Prado. “Pero de las obras importantes que impactan directamente en la vida de los habitantes, nada”.
“En cualquier momento tendrían que arrancar con el arreglo de la entrada a La Dulce, que está aprobado”, explicó.
Señaló que el tramo de asfalto de la ruta 86 al pueblo es “un rompedero de vehículos”, porque el pavimento existente ha quedado “destrozado en casi su totalidad”.
En cuanto a las calles de tierra del pueblo, dijo que “recién ahora han comenzado a arreglar algunas y han contratado unas bateas para tosca. Pero todo está por hacerse”.
Por otra parte, Prado se refirió a la falta de oportunidades de los jóvenes para quedarse en la localidad. Precisó que parte de ese problema podría solucionarse brindando capacitaciones en oficios.
“Si en los pueblos como estos la persona no aprende un oficio, se va y no vuelve más”, explicó.
Educación y trabajo
Por su parte, María Graciela Rodríguez, como directora de la Escuela de Educación Secundaria Agraria Nº 1 de Ramón Santamarina, habló de lo que significa esa institución educativa para el pueblo.
“La escuela empezó a funcionar en el viejo Hotel La Gloria, en 1987. El 18 de marzo se van a cumplir 34 años. En ese interín ha pasado de todo. Pero desde 2009, que se hizo la última etapa de la residencia estudiantil para 30 alumnos, no se logró que siga la construcción de la escuela”, señaló.
“Falta construir un salón de usos múltiples, faltan aulas, laboratorio y una batería de baños. Pero pasan los años y no se puede concretar esa obra”, dijo Rodríguez. “Eso le daría otro ímpetu a la escuela y a la localidad”.
Es que Ramón Santamarina depende en gran parte de su escuela secundaria. “La escuela brinda 17 puestos de trabajo a gente de la localidad, entre auxiliares y docentes. Para un pueblo tan chiquito como Ramón Santamarina, que tiene 400 personas, esa cantidad de gente es muy importante”, precisó.
“No hay en la localidad otro organismo, institución o empresa que tenga tanta cantidad de gente trabajando”, afirmó.///