Entre los cuidados y la contradicción
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Recién esta semana pudieron reabrir el cine y el Centro Cultural -Biblioteca Andrés Ferreyra, tras una larga cuarentena –de casi un año- que les impidió reanudar sus actividades, pese a que el resto de los rubros ya estaban todos funcionando desde hace rato.
Además, la reapertura es muy gradual porque, en el caso del cine, recién en estos días podrá contar con algunos estrenos, mientras que en el caso de la biblioteca sólo habilitaron el ingreso a la sala y el préstamo de libros, aunque se estima que en los próximos días ya se abrirán los primeros talleres y encuentros, pero todavía no los espectáculos.
Si bien es positivo que se cumplan las medidas de prevención para evitar los contagios, hay que decir que el tiempo que estuvieron cerrados tanto cines como bibliotecas fue extremadamente largo. En el caso del cine le causó un perjuicio económico, al igual que pasó con otros rubros, y para el Centro Cultural significó el cese de los servicios que brindan a sus socios que, en la mayoría de los casos, afortunadamente siguieron sosteniendo a la entidad. Que hayan estado cerrados tanto tiempo a causa de la pandemia, resulta totalmente contradictorio con los comportamientos sin distanciamiento que uno podía ver en la calle y espacios públicos o con la apertura de otras actividades comerciales en las que el riesgo de contagio es mayor.
Siguiendo con las contradicciones de las medidas que se toman, no podemos dejar de mencionar que los bancos todavía no están funcionando normalmente. Esta semana que pasó, Ecos Diarios realizó una encuesta en su sitio web, donde el 82% de los lectores pide que vuelvan a funcionar con normalidad, lo que demuestra el hartazgo de esta situación. En las entidades bancarias, todavía se está trabajando a medias, con escasos turnos, menos personal y trámites que ni siquiera se realizan. Y a todos por igual, les dicen “hágalo por Internet”, “páguelo por el celular”, “haga el trámite por cajero”, sin ninguna explicación previa y sin tener en cuenta que no todas las personas están en condiciones de hacerlo ni tienen por qué saberlo. Cuando desde hace rato toda la ciudad está funcionando con total normalidad, los bancos siguen poniendo trabas al público en general y también a sus clientes para realizar las gestiones comerciales de rutina.
Estas mismas contradicciones, se ponen en evidencia en las escuelas, donde se aplican estrictos protocolos para que las “burbujas” de alumnos no se mezclen, pero todos sabemos que después los chicos en sus casas se juntan o salen con sus amigos sin tener en cuenta a qué burbuja pertenecen.
Las medidas son muchas veces exageradas y la mayoría de las veces contradictorias. A esta realidad se suma que gran parte de la población ya está harta de las restricciones y le cuesta respetar hasta la más mínima medida de cuidado. La ciudadanía debe hacer su aporte para seguir cuidándonos, pero el Estado, ya sea municipal, provincial y nacional, tiene que acercarse más a cada uno de los sectores para conocer las diferentes realidades y no redactar medidas adentro de una oficina que después son imposibles de aplicar en la vida de todos los días.///