Entre “los pibes” de la Liga Nacional
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Surgido en Rivadavia, Santiago Cuñado Knebel fue campeón de la Liga Junior y llegó a la Liga Nacional de básquetbol con Quilmes de Mar del Plata. Hace 30 años integró la preselección argentina Sub-19 rumbo al Mundial
Adrian Stolarczuk
Redacción
Hace 30 años surgía en todo el país una generación de jugadores de básquetbol que se había acercado al deporte, había crecido y se había formado bajo la notable estructura de la Liga Nacional, creada en 1984. Santiago Cuñado Knebel, hoy entrenador de la máxima categoría del Club Atlético Rivadavia, era uno de ellos. Era de esos pibes que entrenaba en las inferiores del decano cuando en el Piso de Deportes disfrutaba de las grandes noches de la Liga B, del espectáculo que ofrecían Leroy Moreno y Neal Robinson con los colores del decano necochense.
Fue en mayo de 1991 cuando integrando las juveniles de Quilmes de Mar del Plata, Cuñado tuvo la oportunidad de ser convocado al preseleccionado argentino Sub-19 que se preparaba para el IV Campeonato Mundial de la categoría que se celebraría en Edmonton, en Canada, a finales de julio de ese año. “Me quedo afuera en el último corte, estaba entre Gabriel Díaz y yo”, recordó Santiago sobre la pelea por el puesto de alero y que finalmente perdería, en la consideración del entrenador Guillermo Edgardo Vecchio.
Era un plantel con nombres importantes a pesar de tener la mayoría 18 años, entre ellos estaban Alejandro Montecchia, Rubén Wolkowisky y Hugo Sconochini, campeones olímpicos luego con la “Generación Dorada” en Atenas. “La mayoría ya eran figura en sus equipos, estaban jugando Liga Nacional y venían apuntando a lo que terminaron siendo”, recordó.
Hace 30 años, con Jorge Racca como figura, Argentina terminaría logrando el tercer puesto en el Mundial en Canadá, podio que nunca más pudo repetir en la categoría Sub-19 desde entonces. Perdió en semifinales frente a Italia y derrotó en el partido por el bronce a la Yugoslavia que lideraba Dejan Bodiroga. El campeón fue Estados Unidos.
Camino
Después de haber comenzando en el minibásquetbol de Centro Vasco, Cuñado hizo su camino formativo por las inferiores del Club Atlético Rivadavia, vidriera que le permitió dar el salto al básquetbol marplatense. “En Rivadavia teníamos una camada muy buena, que se había formado entonces por el furor de la Liga Nacional a fines de los 80. Jugábamos en el torneo de Mar del Plata y siempre fuimos protagonistas. Así fue que me vieron y me fui con 16 años a Quilmes, en junio de 1990. Estuve medio año viajando a entrenar y a jugar, tomándome (ómnibus) El Pampa y volviéndome a la noche porque al otro día iba al colegio. Cuando terminé cuarto año, ya me quedé estudiando en Mar del Plata”, recordó.
Campeón
En Quilmes de Mar del Plata, en 1992, se dio el gusto de ser campeón de la segunda edición de la Liga Junior, venciendo a Atenas de Córdoba en la final por 110-92. “Teníamos un equipazo. Jugaba Mario Romay, que tiene el récord de triples en el TNA, y Juan Pablo Vignolo. Teníamos 23 y 24 puntos de promedio cada uno; entre los tres hacíamos casi 75 puntos todos los partidos”.
Esa camada, que también contaba con los bahienses Leandro y Sebastián Ginóbili, hermanos del consagrado Emanuel, había tenido la chance de viajar a Europa, en septiembre de 1990, a disputar partidos amistosos en Italia, frente a los locales de Milán, Treviso, Verona y Torino, entre otros. “Para mi fue una experiencia tremenda, incluso nunca me había subido a un avión. Salimos campeones en un torneo internacional en Saluzzo, donde enfrentamos a un equipo de Yugoslavia. Después estuvimos una semana viajando por Italia, jugando amistosos y entrenando”.
En la Liga Nacional
También con Quilmes de Mar del Plata tuvo la chance de debutar en el plantel superior en la Liga Nacional, ya en el cierre de la temporada 1991-1992, la primera para el club tras su ascenso a la máxima categoría nacional. “Nosotros, con los otros juveniles, éramos los sparring de la Primera y nos tocó entrar ya sobre el final de la Liga, no recuerdo bien en qué partido. Michael Wilson era el alero titular, de los mejores americanos que tuvo la Liga Nacional, y me tocaba defenderlo a él en los entrenamientos, era como un sueño para mí. Lo mismo con Esteban De la Fuente. A ellos los rozabas y era falta, no podías atreverte a ponerles una tapa, pero cuando se te venían encima te pegaban en la nuca y no podías hacer nada, eran durísimos. Pero es algo que hoy les propongo a los juveniles que entreno, los pongo con otros que juegan bien, así se mejora, tenés que provocar eso. Si te pongo a entrenar con alguien que lo pasás caminando y le hacen 50 puntos no vas a mejorar nunca”, aseguró.
Lesiones
Lamentablemente para Cuñado su camino en el básquetbol a partir de allí estuvo condicionado por las lesiones. “Cuando jugué las finales de la Liga Junior me agarró peritonitis. Tenía el estomago destrozado y no estaba bien físicamente. Ahí se me hacen dos hernias de disco y entonces, hace 30 años, no te daban garantías para operar. Me fui a Luz y Fuerza en el TNA, pero me costaba entrenar en el alto nivel, lo hacía a la mañana y a la tarde ya me molestaba la hernia y estaba dos días sin poder entrenar, no podía seguir el ritmo de entrenamiento de un equipo profesional”.
Con el retiro como única posibilidad y frustrado, decidió irse a estudiar administración de empresas a Tandil. Pero el básquetbol, a pesar de los dolores inoportunos y con intermitencias, regresó a su vida. Y se daría el gusto además de ser parte de varios hitos deportivos en Tandil y en nuestra ciudad.
En marzo del año 2000, jugando el Provincial de básquetbol, marcó 43 puntos para Independiente de Tandil en una victoria en tres suplementarios sobre Náutico de Zárate. El resultado de 140-139 significó un record de puntos para el básquetbol argentino. Y en abril de ese mismo año, con la Selección de Tandil, participó en el primer y único triunfo en la historia de esa ciudad sobre Bahía Blanca en categoría mayores, en el Provincial disputado en Mar del Plata.
En nuestra ciudad, fue campeón con el Club Mataderos en las últimas dos incursiones del Rojo de Barrio Norte en el básquetbol local: en 1998 y repitió nada menos que 20 años después en el Clausura 2018.
También jugó en Alumni de Orense siendo campeón en la Liga de la Asociación de Tres Arroyos. En 2002 decidió emigrar a España donde estuvo 11 años y formó su familia, aunque sorpresivamente no pisó una cancha de basquet. Lo hizo recién a su regreso y otra vez fue para salir campeón en Necochea: en el Clausura 2013 con Villa del Parque y en 2014 con Huracán. Lamentablemente con el “Globo” no pudo completar el torneo luego de sufrir otra vez molestias en la espalda jugando el Torneo Zonal de mayores para la Selección de Necochea en Tres Arroyos. Volvió a dejar por otros cuatro años hasta el mencionado regreso consagratorio en Mataderos.
En 2019 comenzó a dar sus primeros pasos como entrenador en las formativas de Centro Vasco y fue el adiós definitivo como jugador: “Esto se hace por plata o por placer, o las dos. A mí ya no me iba a pagar nadie por jugar así que me puse a jugar por placer. Cuando sentí que no daba para más jugando, me ofrecieron entrenar la Primera de Centro Vasco y tuvimos la suerte de ser campeones con un plantel muy joven. Fue muy lindo cómo se fue dando todo, cómo conectamos con los pibes, cómo me escuchaban. Siempre les agradecí porque si bien ser campeón fue genial, la experiencia, el grupo que se armó fue mejor aun”.
Desde aquella primera experiencia dirigiendo un equipo en la máxima categoría de la Asociación de Básquetbol y que terminó siendo consagratoria con Centro Vasco en 2019, la pandemia le ha puesto un freno a su camino. El año pasado regresó a Rivadavia para dirigir el primer equipo al frente de un proyecto que apuntalan los dirigentes y con ambiciones de poner al básquetbol del club otra vez en los primeros planos. Volver a tener el Piso de Deportes colmado de público mirando basquet, como cuando Santiago daba sus primeros pasos como jugador en ese mismo gimnasio.