Entre malabares y una sonrisa en el semáforo
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Los artistas callejeros llegan a nuestra ciudad sobre todo en la temporada de verano, cuando hay más movimiento de turistas, y ellos se ganan la vida brindando un pequeño show antes de que se encienda la luz verde.
Por María Cecilia Gotta – Redacción
Se los ve divertidos, con energía, siempre con una sonrisa, transmitiendo su arte en los semáforos, donde brindan en pocos segundos un show antes de que se encienda la luz verde y conseguir además de propina, una sonrisa, algún aplauso o un pulgar en alto. Ellos son artistas callejeros, que se ganan la vida haciendo malabares, y entre pelotas, mancuernas y otros elementos, llaman la atención de los conductores, variando sus ingresos de acuerdo a la realidad y al humor de la gente.
Expuestos a muchos prejuicios, conflictos e inseguridad, brindan lo mejor de si. Las ganancias varían y tienen días muy buenos y otros muy malos, siendo la brecha entre $50 y $400.
En medio de bocinazos y conductores que están alterados por el calor o por la lluvia, ellos pasan la gorra, y saben que son en muchas ocasiones un canal de descarga, recibiendo insultos o miradas de desprecio.
No sólo en nuestra ciudad hay artistas callejeros, inclusive llegan a las grandes capitales del mundo.
Durante el año, ellos viajan por otras ciudades, aprovechan a conocer nuevos lugares, o eligen capitales donde hay más gente y en verano optan por las ciudades de la costa o el sur de nuestro país, cuando se nota la presencia de turistas.
Algunos vienen con su familia, otros solos o con amigos.
Entre los artistas callejeros, no tienen problemas y son una gran familia, se ayudan y dan una mano cuando lo necesitan.
Hay gente que los esquiva y otros que se prestan a ver el show, y mucho mejor si se está en primera fila, pudiendo ver cada detalle, la concentración, sincronización y dedicación que requieren los malabares.
Algunos, a veces se les caen las mancuernas y otros brindan show sin errores, logrando monedas o billetes, en los mejores casos de alto valor. Sin embargo, aseguraron que reciben ayuda de la gente con menor poder adquisitivo, circulando en un modelo de auto pasado en años, pero recibiendo $100, mientras que los dueños de las camionetas todo terreno, les entregan moneditas.
La devolución y el aplauso para cualquier artista es fundamental, asi lo sienten, y es una manera de saber si gustó o no, su obra, su show, su arte.
También suelen escuchar en el semáforo “maestro”, “capo”, “campeón”, resultando un mimo al artista.
En nuestra ciudad son varios los semáforos en donde se ven estos artistas haciendo malabares.
Historias
Cabe aclarar que ellos mismos, van cambiando de semáforo en semáforo, sin estar en un lugar establecidos.
Kevin Ilzalbe de Tres Arroyos, Alan “El negro Carlos” González, oriundo de Misiones, quien reside en la provincia de Buenos Aires hace 20 años y “Pablin” de Tres Arroyos, detrás de los malabares, sostienen una amistad de muchos años y casualmente se encontraron en nuestra ciudad, hace pocos días.
Alan, se definió como malabarista, artesano, mochilero y “un poco molesto”, dijo entre risas.
Con sus mancuernas en la mano, señaló que “me gusta el arte y hacer reír a la gente”. Estudió varios años para hacer teclado, sin embargo, lo que más le gusta es estar en la calle y en contacto con la gente.
Aprendió los malabares en la calle mirando a otros. Al respecto, comentó que “igual nunca nadie te va negar el arte, el aprendizaje, creo que todos somos una gran familia, no nos peleamos en los semáforos. Tal vez puede haber alguna rivalidad, pero esos son los que no tienen ni idea, es gente que no recorrió y ni siquiera salió de su ciudad, por eso tiene ese comportamiento”.
Alan conoció Necochea el año pasado y no dudó en venir esta temporada.
Asimismo, comentó que “hacer malabares me rinde, se sobrevive con poco, hemos aprendido a vivir con poco”.
Durante el invierno viaja puntualmente al sur, por la zona de Bariloche, Neuquén, El Bolsón, donde mucha gente disfruta de la temporada de invierno. “Allá hay movimiento, no tanto como en la costa en verano, pero también se gana”, dijo.
Siempre viaja solo y por estos días en nuestra ciudad, se organiza con Kevin para elegir un lugar donde acampar al aire libre, sea el parque o la playa.
“La idea es que nos quede un rédito de los malabares y antes de pagar un camping, optamos por la naturaleza”, señaló.
Kevin, con 23 años, festejó su cumpleaños en la ciudad, haciendo malabares, comiendo un asado y pasando la noche tranquila con amigos.
Durante la entrevista, expresó que “me gustan los malabares y además viajar”, siendo una buena combinación.
Los malabares los aprendió de sus amigos en Tres Arroyos y a través de los viajes fue conociendo nuevas técnicas. De aquellos años recordó que “me fui de Tres Arroyos tirando tres pelotitas y de a poco fui aprendiendo, me fue gustando y ahora me encanta”.
Kevin conoce medio país gracias a los malabares, y reconoce a sus amigos como su familia. Todavía no salio del país, pero su objetivo para este año es conocer Bolivia, Perú y Brasil.
Asimismo, tiene como sueño pendiente, ser chef, ya que le gusta mucho cocinar.
Por último, aseguró que “Necochea es uno de mis lugares preferidos en la provincia de Buenos Aires”.
En familia
“Pablin”, oriundo de Tres Arroyos, viene a nuestra ciudad hace varias temporadas y con entusiasmo expresó que “venimos a ponerle la guirnalda a este verano. Me gusta la costa para trabajar, ya que es uno de los puntos turísticos más importantes”.
Pablo tiene 31 años y vive del malabar y la artesanía desde que tiene 19 años, con más de 10 años en el rubro recalcó que “lo hago de una forma respetuosa y coherente”.
Entre trabajo y un poco de vacaciones, aprovechan la playa con la familia. Pablo llegó con Elena de 2 años, Simón de tres meses y la madre de sus hijos.
En su caso, reconoció que al tener hijos, tiene ciertos cuidados y se alojan en un hotel.
“Antes acampaba, pero ahora tengo que estar con mi hija y necesito otro espacio”, dijo.
Necochea, sigue siendo una elección para Pablo quien detalló que “hace seis años que hago temporada y es lo más cerca que tenemos, lo cual nos sirve”.
En su caso personal, Pablo es artesano y trabaja en la feria de la Plaza San Martín, donde presenta piezas hechas con alpaca, engarzado en piedra y macramé.
En invierno, tiene su cronograma de trabajo y planifica sus viajes y ferias, ya que vive de esto. “Cada pueblo o ciudad tiene su evento en el año, su aniversario, su fiesta tradicional y ahí voy”, relató.
Al momento de consultarle sobre la respuesta que reciben de los conductores en los semáforos, describió que “hay gente buena y gente mala, hay de todo, obviamente uno elige el camino del arte, uno es artista, y no importa si nos dan poco o mucho, sino que vale el gesto, una sonrisa, un aplauso, pero es sólo para entendidos”.
Asimismo, aseguró que quienes dan más propina son la gente humilde, “un
Fiat 147 te deja $100 muchas veces y los de las camionetas 4×4 te dejan monedas”.
Mientras haya turistas en nuestra ciudad, siendo esto un punto a favor para todos los rubros que trabajan durante el verano, es positivo también para estos artistas callejeros.
“Esperamos quedarnos hasta que nos sirva económicamente, los fines de semana largo, son los mejores porque notamos más movimiento, y eso es bueno para todos”, señalaron con una sonrisa. ///