Entre pajonales, víboras y zorrinos
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En una entrevista concedida a Ecos Diarios y publicada el 11 de octubre de 1931, Ana Galván de Calcagno recordó cómo era Necochea allá por 1880: "Era campo abierto nomás, pura paja voladora, víboras, lagartijas, zorrinos y animales de campo propios de los pajonales".
Doña Ana era la esposa de Benedicto Calcagno, el ayudante del agrimensor que realizó la mensura de la tierra donde iba a construirse la ciudad de Necochea.
Nacida en Tandil, doña Ana conoció a Benedicto en Ayacucho y se casó con él en Rauch. Como agrimensor del gobierno provincial, Calcagno recorría el territorio bonaerense y realizó mensuras en Tres Arroyos, Lobería y Quequén.
Por encargo del gobierno Benedicto Calcagno llegó a Necochea, lugar donde se radicaría con su familia definitivamente.
La mujer, que cuando concedió la entrevista tenía 87 años, vivía en la calle 9 de Julio (hoy calle 56), realizaba las tareas domésticas, tenía su propia huerta y le gustaba regar las plantas de su jardín.
Doña Ana recordaba perfectamente los días anteriores a la fundación de Necochea. Las autoridades del partido se reunían en aquellos años en “Las Toscas”, el campo de don Carlos Luro, en el actual distrito de Lobería.
“Allí era donde estaba don Angel I. Murga, que era el juez de Paz, que entonces era un gran cargo”, recordaba doña Ana. “Allí se reunían también Segundo y Ventura Murga, Victorio de la Canal, Amadeo Muñoz, Andamio Santillán (cuñado de Murga), Juan Herrera, Corrales, Ferrales, Arabehety, Duarte, Arce y muchos otros”.
Aunque el acta de fundación de la ciudad sostiene que el agrimensor designado para la delineación del pueblo de Necochea fue José María Muñiz, doña Ana tenía otra versión. Explicaba que su esposo había llegado a estos parajes enviado por el gobierno de la provincia y “acompañado por José Benítez, Pedro Dopico y el señor Muñiz, quien vino de paseo y se encariño con Necochea”.
Doña Ana recordaba con mucho cariño a los hombres que fundaron la ciudad, en especial a don Ignacio Murga, de quien conservaba, tras tantos años, unas camelias que le había regalado y que ocupaban un lugar especial en el jardín de su casa.
En los días de la fundación, “don Ángel, don Victorio de la Canal y toda la plana mayor se instalaron en carpas que fueron levantadas en el centro del pueblo, donde hoy está la plaza Dardo Rocha”, señaló la vecina.///
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