Entre prórrogas y proyectos, siempre corriendo de atrás
Por Pedro Caracol
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—¡Buen día! ¿Cómo andás? Vamos con el cafecito clásico de todos los domingos, bien caliente.
—Ya te lo pedí. Pero antes decime una cosa… ¿venís farmeando aura últimamente?
—¡Es lo mejor que me sale! ¡Ja, ja, ja!
—¡Ja, ja! Por lo menos sos constante. Bueno, acá tenés el café. ¿Cómo estuvo la semana?
—Movidita. Y si seguimos así, vamos a tener que hablar caminando.
—¿Qué pasó?
—Otra vez quedó desierta la licitación del transporte público de Necochea y Quequén. Segundo llamado y ningún oferente, dos veces y nadie quiere agarrar el servicio… alguna señal nos está dando eso, ahora apareció la posibilidad de declarar la emergencia del transporte por 120 días.
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—Pará… ¿ahora descubrieron la emergencia?
—¡Ja, ja! Eso pensé. Hace años que venimos de prórroga en prórroga, con problemas de unidades, frecuencias, costos y un sistema que se deteriora. ¿Y recién ahora nos damos cuenta?
—Siempre corriendo de atrás.
—Ese es el problema. Esperamos que venza el plazo, fracasa una licitación, después otra, y recién entonces pensamos qué hacer.
—¿Y qué propondrías?
—No soy especialista, pero justamente para eso están los funcionarios y concejales. Si ninguna empresa se presenta, deberían preguntarse por qué el negocio no resulta atractivo.
—Lógico.
—¿Se estudiaron beneficios para renovar unidades? ¿Colectivos eléctricos? ¿Alguna ayuda financiera? ¿Beneficios impositivos? ¿Unidades más chicas para determinados recorridos? ¿Rediseñar líneas y frecuencias?
—Por lo menos discutir alternativas.
—Claro. Algunas servirán y otras no. Pero que estudien experiencias de otras ciudades, hablen con empresarios, especialistas, usuarios y trabajadores y hagan números.
—Porque durante años la discusión fue cuánto cuesta el boleto.
—Y el boleto es una parte. ¿Cuánto cuesta realmente prestar el servicio? Salarios, combustible, cubiertas, seguros, mantenimiento, repuestos, impuestos… ¿Cuánto cuesta cada kilómetro? ¿Cuántos pasajeros lleva cada recorrido?
—No recuerdo muchas discusiones así.
—Yo tampoco. Escucho mucho cuestionamiento al que administra o trabaja, pero propuestas estructurales, pocas.
—Quejarse es más fácil.
—¡Ja, ja! Claro. Para proponer hay que estudiar y después hacerse responsable. Para la foto preocupada alcanza con fruncir un poquito el ceño.
—¡Ja, ja!
—Pero hablando en serio, declarar una emergencia puede servir para ganar tiempo. El problema es que ganar tiempo solamente sirve si después hacés algo con ese tiempo.
—Esa te la anoto.
—Anotala. Porque si dentro de 120 días estamos hablando de otra prórroga, otra licitación desierta y otra foto de preocupación…
—Declaramos la emergencia del Concejo.
—¡Ja, ja! No les des ideas.
Al final, siempre se llega tarde: mucha emergencia, mucha prórroga y poca planificación.
—Y hablando de pensar un poco más allá de la próxima emergencia… esta semana leí algo interesante.
—¿Qué cosa?
—Un artículo sobre el sueño de tener algún día una Universidad Nacional de Necochea.
—Eso sí sería pensar a largo plazo.
—¡Ahí está! ¿Por qué los concejales no ponen también el foco en proyectos así? No para dentro de cuatro meses, sino para dentro de veinte años.
—Muchos chicos se van a estudiar afuera.
—Miles. La Plata, Mar del Plata, Tandil, Bahía Blanca, Buenos Aires. Y mantener un hijo afuera cuesta una fortuna: alquiler, comida, transporte, apuntes, viajes.
—Es muchísima plata que sale de Necochea.
—Sí, pero hay algo peor: los hijos que no vuelven.
—Eso pasa mucho.
—Se van a los 18, estudian, hacen amigos, consiguen una pasantía, después un trabajo, forman pareja… y cuando terminan la carrera ya construyeron su vida en otra ciudad.
—Y Necochea pierde ese profesional.
—Talento, conocimiento, emprendedores, familias jóvenes. No porque no quieran volver, sino porque muchas veces acá no encuentran oportunidades.
—Entonces una universidad sería mucho más que aulas.
—Investigación, empleo, innovación, empresas vinculándose con el conocimiento. Y podríamos pensar carreras relacionadas con lo que somos: puerto, comercio exterior, logística, ingeniería, agroindustria, energías renovables, turismo, informática, ambiente, pesca, ciencias del mar, Inteligencia artificial.
—Tenemos bastante para trabajar.
—Puerto, campo, río y mar. Nos sobra material para pensar una universidad vinculada al desarrollo local.
—Pero hoy parece difícil.
—Seguro. Nadie dice que mañana Nación vaya a crearla. Capaz tarda diez, quince o veinte años. Pero si queremos tenerla dentro de veinte años, alguien tiene que empezar hoy.
—¿Por dónde?
—Primero por algo elemental: saber cuántos estudiantes de Necochea están estudiando afuera y qué estudian. Después analizar qué profesionales necesita la región, qué carreras faltan, qué demanda tienen el Puerto, el agro, el turismo y las empresas.
—Y llegar con algo preparado, que el día que aparezca una oportunidad política no digamos: “Bueno, juntémonos a ver qué hacemos”. Tenemos que tener estudios, carreras posibles, infraestructura, presupuesto y respaldo institucional.
—Eso es proyectar una ciudad.
—Ahí está la diferencia. Gobernar o legislar no puede ser solamente discutir el boleto, aprobar una prórroga o declarar una emergencia. Alguien tiene que preguntarse qué Necochea queremos dentro de veinte años.
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—¿Y vos qué querés?
—Una ciudad donde nuestros hijos puedan elegir quedarse. Que el que quiera irse, se vaya porque quiere conocer el mundo, no porque acá no tiene oportunidades.
—Y ya tenemos la UNICEN en Quequén.
—Por supuesto, y hay que fortalecerla. También los terciarios y toda la oferta existente. Pero una cosa no impide aspirar a otra. ¿Por qué bajar la vara?
—Porque estamos ocupados apagando incendios.
Mientras soñamos con el futuro, volvamos al presente, que ahí también tenemos algunas cuentas pendientes.
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—¡Ja, ja! Y hablando de incendios… hay otro tema que vuelve siempre.
—¿Cuál?
—Los remises. Esta semana un Fiat Uno que trabaja como remís chocó con una camioneta. Por suerte no hubo heridos, pero reapareció la discusión sobre las unidades habilitadas.
—Otra vez las prórrogas, en 2018 se establecieron condiciones para mejorar el parque automotor y se dio un período de adaptación. Perfecto. Nadie puede pedirle a alguien que vive del auto que mañana salga y compre otro.
—Hoy cambiar un vehículo cuesta una fortuna.
—Por eso una prórroga puede ser razonable como transición. El problema es cuando la transición dura ocho años.
—Ahí deja de ser transición.
—Claro. Si cada vencimiento termina en otra excepción, la norma se convierte en una expresión de deseos.
—¿Y qué hacés con el remisero?
—Ayudarlo a cumplirla. ¿Durante estos años alguien estudió créditos específicos, convenios con bancos, reducción de tasas, beneficios para renovar unidades, planes escalonados o facilidades para comprar un usado más nuevo?
—Algo más que decirle: “Te damos otro año”.
—Porque eso le permite trabajar hoy, pero no le resuelve mañana. Dentro de doce meses vuelve con el mismo problema.
—Y otra reunión.
—Otro pedido, otra prórroga y otra foto preocupada. ¡Ja, ja!
—¡Otra vez la foto!
—¡Aparece en todos los capítulos! Pero no hay que caerle al remisero. Si una familia vive de ese auto, hay que entenderla. La pregunta es qué hizo el Estado durante todos estos años para ayudarla a cumplir la norma.
—Otra vez planificación.
—Mirá qué curioso: colectivos, universidad y remises. Tres temas completamente distintos y una misma pregunta.
—¿Cuál?
—¿Estamos pensando qué ciudad queremos o solamente administrando el próximo vencimiento?
—Linda pregunta para un domingo.
—Y peligrosa. Porque cuando empezás a mirar así descubrís que tenemos demasiadas prórrogas, demasiados parches y pocos proyectos de largo plazo.
Al final, el problema no es la falta de tiempo, sino todo el tiempo que dejamos pasar sin buscar soluciones.
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—Che, ¿y arriba qué pasa? Porque mientras nosotros hablamos de pensar Necochea a veinte años, ellos ya están pensando en 2027.
—¡Ja, ja! Y sí… falta bastante, pero la campaña ya empezó hace rato.
—Milei directamente lo dijo esta semana en la Bolsa de Comercio de Rosario.
—Sí. Defendió la economía, relativizó las críticas por la morosidad en los créditos y dijo que todo el ruido forma parte de las “operetas” porque ya arrancó la campaña electoral.
—O sea que Milei ya está jugando su partido.
—Por supuesto. Necesita llegar a 2027 mostrando crecimiento, inflación controlada y, sobre todo, que la mejora llegue al bolsillo.
—Pero del otro lado tampoco están durmiendo.
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—No. Kicillof estuvo en Uruguay, se reunió con el presidente Yamandú Orsi y participó de un encuentro con dirigentes de distintos países. Institucionalmente tendrá sus razones, pero políticamente también está construyendo una figura nacional.
—Uno en Rosario hablando de economía y el otro en Montevideo hablando de política internacional, los dos mirando el mismo calendario. ¡Ja, ja!
—Falta mucho todavía.
—Muchísimo. Pero una cosa es cuándo son las elecciones y otra cuándo empieza la construcción, esa ya empezó.
—Entonces tenemos campaña para rato.
—Puede ser… hagamos una cosa: prorrogamos esta conversación hasta el domingo que viene.
—¡Ja, ja, ja! Esa te la apruebo por unanimidad. Chau!!
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