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    Entre radiadores y los goles en el potrero

    9 de diciembre de 2018 | 14:09
    Entre radiadores y los goles en el potrero
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    Oscar Briane tiene una marcada pasión por el fútbol pero eso nunca fue motivo para dejar sus compromisos con el taller en el cual trabajó desde adolescente

     

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    Por Ian Larsen – Redacción

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    “El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios, pero hay una cosa que no puede cambiar…no puede cambiar de pasión”. Esa es una de las frases más reconocidas de la premiada película argentina El Secreto de Sus Ojos, en la cual se hace referencia al fútbol, y es una forma de demostrar la importancia y el disfrute que genera este deporte en muchos argentinos.

    Oscar Briane, sin duda ha tenido el fútbol como su mayor pasión pero eso no ha perjudicado en lo absoluto su desempeño laboral, ya que tenía en claro la importancia de mantener a flote el negocio familiar del taller. Cuando tuvo que elegir entre jugar y trabajar en lo suyo, no dudó en dejar las canchas. Sin embargo, hace sesenta años que no larga la pelota.

     

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    Sus primeros años

    El “Flaco”, hincha de Boca Juniors, nació en Pigüé, el 28 de junio de 1941, en una familia compuesta por sus padres y una hermana.

    La familia de su padre era oriunda de Pigüé y la de su madre de Necochea por lo que, cuando Oscar tenía nueve años, se mudaron todos a nuestra ciudad.

    Antes de mudarse, su padre se dedicaba a la plomería y algo de reparación de radiadores, por lo que decidió enfocarse solo en un rubro y puso su propio taller en Necochea.

    Cuando Oscar terminó la primaria en la Escuela Nº 3, en su familia le dijeron que tenía dos caminos para elegir inmediatamente: el del trabajo o el del estudio. Dado que no tenía ganas de seguir el nivel secundario, decidió empezar a trabajar con su padre en el taller.

    Empezó haciendo los mandados y mirando para aprender pero ya antes de cumplir la mayoría de edad había aprendido bastante del oficio. Así continuaron trabajando mano a mano padre e hijo por varios años en un negocio familiar que fue muy bien encaminado.

    Con el tiempo, Oscar fue quedando solo a cargo del taller ubicado en 51 y 50, hasta que se retiró hace dos años.

     

    En el deporte

    Cerca de su casa, Oscar tenía dos potreros donde todos los días podía encontrar a alguien para jugar un partido de fútbol improvisado. “Llegaba de la escuela y lo primero que hacía era irme a la canchita. Después mi viejo tenía que estar buscándome porque yo tenía locura por el fútbol desde chiquito”, contó.

    En la cancha, su posición siempre fue más el medio campo pero su condición futbolística hacía que sea uno de los goleadores del equipo. “Casi siempre fui el segundo goleador del equipo porque no jugaba de 9, sino un poco más atrás. Después veía a los arqueros y les pedía perdón, para cargarlos un poco”, recordó riendo.

    Desde chico, tuvo la oportunidad de jugar durante la semana con los jugadores de la Primera del fútbol local porque tenían la costumbre de ir a los potreros a enseñarle a jugar a los más pequeños.

     

    En Huracán

    Jugando en la canchita del barrio fue que estableció los contactos que lo llevaron a entrar en las inferiores de Huracán. “Mi viejo en Pigüé era parte de un club que tenía la camiseta de Estudiantes de La Plata. Cuando vino a vivir a Necochea se quiso anotar en el club que tuviese la misma camiseta, así que tenía dos opciones: Sportivo o Huracán. De casualidad se anotó en Huracán pero no me llevó a jugar, tiempo después entré yo al club”, contó Oscar.

    La Cuarta de Huracán fue muy comentada por aquellos años que jugaba Oscar, porque estaban en una racha de buenos resultados e incluso salieron campeones en 1959.

    Pronto llegó a Primera pero la experiencia no fue lo que esperaba que fuera o al menos lo que más cómodo le quedaba. “En aquel entonces había plata y se traían jugadores de afuera, entonces no tenías muchas chances de jugar a menos que les falle alguno por lesión o algo así”, recordó.

    Estuvo a préstamo por un año en Ameghino, volvió a Huracán, pasó por Progresistas, por Juventud, Defensores de Quequén y Ministerio.

     

    Esquivando la Primera

    Estando en la Primera de Huracán, el técnico de aquel entonces le exigía a los jugadores que asistan a todos los entrenamientos, lo cual le generaba problemas de compatibilidad horaria con su trabajo del taller, que también le demandaba esfuerzo físico. “Aunque el técnico no quería saber nada, tomé una decisión drástica y dejé de jugar”, indicó.

    Cuando la comisión directiva de Ministerio se enteró que el “Flaco” Briane se había desvinculado de Huracán, lo fueron a buscar para unirse al club, con el incentivo de que no le exigirían entrenamiento porque estaban en el ascenso.

    Jugó dos años en Ministerio, con la condición de que si salían campeones y ascendían a Primera, dejaría de jugar para no ir a los entrenamientos. Entre los buenos tratos del club y el equipo que se había formado, Briane salió campeón y cumplió su condición de dejar el club.

    Ahí fue que Defensores de Quequén se enteró de que Briane no estaba jugando otra vez y lo invitó a unirse a sus filas pero, nuevamente, a los dos años salió campeón y se bajó.

     

    El fútbol comercial

    Ya dejando el fútbol oficial de la Liga, se armó un campeonato comercial donde Radiadores Briane era uno de los equipos destacados, con Oscar a la cabeza. Hasta hoy tiene guardados en el taller los trofeos que obtuvieron en aquellos años, ya que para conformar el equipo, primero se fijaban en las cualidades como persona y luego en la calidad de futbolística de los jugadores. “Eso nos ahorró muchos problemas, porque nos llevábamos bien y nos respetábamos”, recordó.

    Ya antes de 1990, cuando su hijo, Mariano, había empezado a jugar en Huracán, Oscar comenzó a dejar de lado el campeonato comercial para ver a su hijo desde las gradas.

    Al mismo tiempo, se empezaba a gestar un grupo de ex jugadores para seguir practicando el deporte y hoy, tras 25 años, siguen juntándose todos los sábados en una cancha a patear la pelota para no perder la práctica y la costumbre. “Cuando tuve mi primer partido en Huracán, al meter mi primer gol, caí mal y me quebré el brazo. Me contaron que en la tribuna unos se lamentaban que por esa lesión en mi debut me iba a asustar y no iba a querer jugar más…pero acá estoy, todavía jugando sesenta años después”, dijo con una sonrisa Oscar Briane.

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