Entrega y dedicación
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Mañana se conmemora el Día del Maestro. Aquellos que además de enseñar, cuidan y brindan amor a sus alumnos, y a pesar de las adversidades, apuestan a revalorizar el rol docente.
Por María Cecilia Gotta – Redacción
Si uno hace memoria de su infancia en la escuela, no faltan los recreos, aventuras con los compañeros, y ellos: los maestros. ¿Quién no recuerda con cariño a alguna maestra?. Todos guardamos algún momento especial en nuestra memoria y ellas, son las protagonistas. Son quienes llevan el papel principal en estas historias. Mañana se conmemora el Día del Maestro, aquellos que además de enseñar, cuidan y brindan amor a sus alumnos, y a pesar de las adversidades, apuestan a revalorizar el rol docente.
Las historias son muchas, las vivencias, recuerdos y maestros que cumplen con orgullo su rol frente a un aula, como el caso de Analía López, maestra rural y actual directora de la Escuela Rural Nº 43 Paraje San José.
Ella comenzó a estudiar en el Instituto de Formación Docente Nº 31, se inició en la profesión haciendo suplencias en distintos establecimientos y titularizó en 2001 en la Escuela Nº 10 y al poco tiempo rindió para secretaria y después de 6 años, se animó a rendir para directora y se fue a la escuela rural.
“Estuve en la escuela de Costa Bonita, donde tengo los mejores recuerdos y hasta el día de hoy conservo un pino que los alumnos me regalaron cuando me fui del establecimiento “, recordó y añadió que “en Santamarina para el día del maestro me obsequiaron un perro que también lo tengo”.
Analía siempre estuvo en el primer ciclo, en primero y segundo grado, en varias escuelas en Necochea, como la Nº 1, 7, 9, 12, entre otras.
Con respecto a sus experiencias, mencionó que “siempre me gustaron los nenes más chicos, a través del juego y las canciones abordaba los aprendizajes” y de aquella época, siendo el año 1995 indicó que “eran muy numerosos los cursos, teníamos 34 y hasta 40 chicos, supongo que porque antes no había tantas escuelas y los trencitos para formar eran largísimos”.
Analía siendo maestra de los primeros grados, era como una segunda mamá para los chicos, “uno los acompaña, los ayuda y contiene”.
Ella, oriunda de Lobería, cursó la primaria en San Agustín, en una escuela rural, “pasé toda mi infancia en el campo”. De aquellos años, cuando era una nena recordó el nombre de su maestra Carla, de primer grado.
Los caminos de la vida, hicieron que Analía vuelva al campo, un lugar que ama. “Es solitario pero tenes la ventaja de que hay otro trato con la familia, nos conocemos, se afianza el vinculo. Es un aprendizaje estar en la escuela rural, al principio tenia temores y después fui conociendo cómo se trabaja y los resultados son maravillosos”, señaló.
Si bien, la realidad de las escuelas rurales es dura porque cada vez hay menos alumnos, y se hace muy difícil asistir cuando llueve dado que los caminos se vuelven intransitables, Analía afirmó que “sigo amando la profesión y la sonrisa de los chicos es lo más lindo, que aprendan y se entusiasmen con lo que uno les propone”.
Una profesión sentida
Graciela Fernández más conocida como “Gachi” del Pío XII, trabajó durante 30 años en la institución. Luego de recibirse, monseñor José de Luis a quien recuerda con mucho afecto, le hizo mención que había una licencia en 4º grado y se quedó hasta que se jubiló el año pasado.
“Mi primer directora fue Maria de las Mercedes “Pochi” Piro, quien me formó en mi carrera y el hecho de que te acompañen y observen, es muy importante, porque uno cuando comienza tiene sólo la teoría”, dijo.
Otra de las directoras de quien aprendió una educación basada en el servicio, en valores, ser solidaria y atenta fue Marta Castro.
“Las instituciones forman al docente y el equipo docente da identidad a la institución. En varias oportunidades tuve la posibilidad de irme a otras escuelas con cargos, pero la pertenencia hace que uno se identifique con esa institución como fue Pío XII para mí”, aseguró.
Gachi fue maestra en 3º, 4º, 5º y 6º, y en los últimos cinco años de su carrera, concursó para directora.
Recuerdos del aula son muchos, pero comentó que lo que se da desde las emociones nunca desaparece. “Si a un chico le preguntas en qué grado aprendiste los sustantivos, tienen que pensarlo, pero si se consulta a qué maestra recuerdan, la respuesta es inmediata”, aseguró.
Las emociones nos constituyen como personas y es muy importante una mirada, una caricia, un saludo, más allá de los contenidos que de una maestra.
Vale mucho para un niño que la maestra le haga un cartelito que diga que bien que trabajaste hoy.
Gachi sin titubear recalcó que “uno se enamora de esta tarea, va más allá de la vocación, nunca se descansa, en el colegio, después en la casa se planifica, corrige, se piensa en las actividades, la vida gira en torno a esta profesión, y cuando pasa el tiempo y corren para abrazarte fuera de la escuela, es maravilloso. Es inmenso el amor que uno recibe comparado con lo que uno da”.
En el marco de esta fecha, la ex docente mencionó la importancia de reivindicar las ideas de Sarmiento, mas allá de que políticamente uno pueda o no coincidir. “Es imposible negar que introdujo la educación para la mujer, y supo ver cuánto se lograba en los países que tenían educación”, reflexionó.
En tanto, con respecto al rol docente reconoció que es hermosa la tarea. “Uno tiene el privilegio de quedar por siempre en el corazón de alguien, la primaria es la etapa en que el niño establece mayor vinculo con el educador y ellos también quedan en la vida de uno para siempre”.
A pesar de los sinsabores, Gachi volvería al aula, olvidando lo que no fue grato. “Lo que queda son los lindos recuerdos, el reconocimiento y el afecto que uno sigue recibiendo”, dijo.
Asimismo, mencionó que el gran desafío del docente es con el alumno que aprende distinto a los demás, al que le cuesta, al que necesita un poco más. En esos casos el maestro debe ponerse en el lugar del niño, no retarlo delante de todos, acompañándolo y celebrando sus logros.
Para Gachi salir del aula y pasar a la dirección fue todo un desafío, pero gracias al equipo que integraban en el Colegio Pio XII, estando el padre Hernán David, Inés Ibarguren, Mónica Sola y Antonia Del Pópolo, fue todo más fácil para ella. “Pase a estar en un rol muy diferente, porque no hay lugar más hermoso que el aula, los chicos, en cambio la dirección es un lugar muy solitario”, señaló.
La dedicación y amor que refleja Gachi por su profesión es total, a tal punto que estando jubilada empezó a estudiar Neuropsico educación en forma semi presencial. “Es apasionante la neurociencia, saber cómo podemos ayudar a los chicos, estimularlos. Esto era una materia pendiente”, dijo.
Entrega
Gustavo Chambrillón es profesor de Inglés y ejerce en el nivel primario en la Escuela Nº 6, 28 y 31, en 4º, 5º y 6º grado. “Lo que más disfruto de estar en el aula son las reacciones que tienen los chicos cuando llevo algo novedoso, como puede ser una tablet o algún dispositivo electrónico, ya que no todos tienen acceso a la tecnología”, manifestó.
Gustavo asiste dos veces a la semana y trata de que sus clases sean lo más didácticas posible, con canciones y juegos, buscando una compresión lectora de un mensaje.
“Ellos están en contacto con las redes sociales, juegos, manejan otro lenguaje, leen emoticones, palabras en inglés y la idea es que ellos puedan comprender y se den cuenta lo útil que es aprender inglés”, comentó.
Además, señaló que no favorece el hecho de que los padres digan que les cuesta el inglés, que es difícil, porque se trasmite ese mensaje a los chicos, condicionándolos.
“La manera de contener a los chicos es llevándoles la mejor clase, darle el mejor contenido y que ellos sientan que están recibiendo algo de calidad, y cuando uno siente el apoyo de los alumnos y la familia, es muy bueno”, subrayó.
Al comienzo del ciclo lectivo, Gustavo se presenta con la familia y les explica que “para mi la escuela es una extensión de los valores de la familia, es muy importante contar con su apoyo, nos llena de alegría como docentes saber que hay una familia presente en el sentido de que acompañe y apoye lo que uno hace en el aula como profesionales de la educación”.
Gustavo se recibió hace siete años, en su comienzo recordó que salía con el libro de egresado bajo el brazo, contando con las prácticas docentes, pero la realidad es otra. “Te das cuenta que los tiempos son otros, que la realidad es muy distinta, inclusive está presente la violencia”, mencionó y añadió que “también están los buenos momentos, las gratificaciones de la profesión cuando un nene te dice tío o papá, eso me llena de emoción porque claramente reflejaron en mí, alguien importante en su vida”.
El rol docente claramente no es para cualquiera. En este sentido, Gustavo indicó que “la docencia es muy gratificante porque uno siente que puso su granito de arena, uno trata de dar siempre lo mejor y lo más importante es que ellos disfruten, que se sientan realizados de que pudieron hacer algo”.
Muchas veces se habla más de lo negativo que de lo positivo del rol docente, pero como estos, hay muchos educadores que ponen lo mejor de si frente al aula, convencidos de que la entrega y dedicación, se verá reflejada en estos niños que luego serán adultos.