Equinoterapia en la pista de carreras
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La pasión de los cuidadores locales que trasciende en los hipódromos de Tandil y La Plata
El caballo ha formado parte de la vida del hombre desde el instante mismo en que ambas especies transitaron juntas esta tierra. Ha sido compañero de caza, vehículo de transporte, bestia de carga, herramienta en el arado y también desde hace siglos un elemento en el deporte. Por ejemplo las carreras de caballos fueron documentadas en la Antigua Grecia y había hipódromos en el Imperio Romano. Y esa pasión “burrera” sigue vigente hasta el presente.
Cuando se habla de turf siempre se piensa en las apuestas, en el dinero ganado o perdido. Sin embargo, otros encuentran el valor en todo lo demás. En el cariño y cuidado del animal. La belleza de la naturaleza y la satisfacción centáurea de llegar juntos a la victoria.
30 años
Esa pasión en la venas para muchos es una cuestión de sangre. De familia. Así lo vive Juan Amado, tercera generación de cuidadores de Ramón Santamarina, hoy desde el stud “El Rollo” en nuestra ciudad. Hace 30 años, el 1 de mayo de 1988, era protagonista junto a su hermano Héctor y el caballo “Dinamita”, ganando el premio “Ecos Diarios” en un festival que se desarrolló en un circuito de 350 metros armado en el Parque “Pedro Zugazúa”, colmado con cerca de 4.000 personas. La victoria de “Dinamita”, un tordillo de 58 kilogramos, según describía la crónica de esos días, llegó en un fallo discutido por un reclamo de otro competidor que adujo que fue encerrado antirreglamentariamente al salir de las gateras.
Los studs locales
Hoy, tantos años después, Amado sigue disfrutando del turf junto a su familia y es uno de los criadores de caballos de nuestra ciudad que se presentan en carreras en clubes hípicos en la región y en La Plata. “Hay entre 10 y 12 ejemplares compitiendo, antes había más”, apuntó Juan sobre la presencia necochense en la competencia provincial y valoró el trabajo de los demás colegas cuidadores en los diferentes studs locales: “José Tótaro, Hugo Garayalde, Juan José Daniele, y también puedo nombrar a Mariano y a Nazareno Graciano, que son amigos, jovencitos que venían de los autos de carrera, nos visitaron en el stud y se entusiasmaron, compraron un animal con un pequeño capital y ya compitió cuatro veces, andando muy bien”.
Como stud se conoce el lugar donde se tiene el caballo de carrera «en cuida», preparándolo para competir. Cuenta con boxes, monturero, forrajero y también veterinaria (donde se guardan los medicamentos a usar), y hasta instalaciones para el personal, dependiendo del lugar. Así como genera una inversión tener un lugar así en la ciudad o en el campo, lo mismo implica contar con un caballo: “Se compran en Haras, pero a los cuidadores del interior nos cuesta mucho llegar a comprar grandes animales. Los potrillos de selección, el Hara no los vende por más que vayan con el capital. Esos van directo a un stud de primer nivel en Buenos Aires, de confianza, donde queda a nombre de ellos. Por eso es difícil llegar a los grandes premios”. En cuanto a valores, explicó que “las pujas pueden llegar a los 800 o 900 mil pesos, pero nunca sabes lo que te traés”, apuntó sobre la calidad del caballo. “Podes perder con un caballo que lo pagaron 30 o 50 mil pesos, ya pasó. Pero por lo general es difícil competir con esos caballos (los caros) porque viene con un linaje que el papá y la mamá eran ligeros”.
“De toda la vida”
Para Juan preparar caballos y disfrutar de ese ambiente “es una pasión de toda la vida, que mamamos mis hermanos de mi tío y de mi papá principalmente, hace 45 años. Yo tenía 8 o 10 años y ya iba al stud. Y es algo que no se termina de aprender nunca. Para un verdadero cuidador es muy difícil no haber cometido algún error con algún caballo. Ellos pobrecitos no pueden hablar y hay que estar pendiente de todo. Tratamos de que estén de la mejor manera posible”. Y al respecto reveló detalles de los viajes a competir: “Vamos un día antes, para que el caballo se sienta cómodo. Hay que darle masajes y atenderlo. También es importante que nos vea, para que no tenga un cambio brusco. Incluso llevamos agua. En Buenos Aires el agua tiene mucho cloro y no te la toman… es apasionante. Además de correr vamos a ver quién lo tiene más lindo. Que lo vean lindo al caballo”. Los lugares más habituales y más cercanos de competencia para los caballos necochenses son en Tandil y La Plata.
En el hipódromo
Mientras los cuidadores locales suelen compartir el transporte para abaratar costos, Amado aclaró que “para insertarse en este deporte lo principal son las ganas. Está el costo de invertir un capital en una yegua, pero hay premios importantes. Nosotros lo hacemos como hobby. El costo mayor que tenemos en las carreras es llegar al hipódromo. Después un caballo de dos años está corriendo por un premio de $ 200.000 o dependiendo de la carrera, por $ 400.000, sin poner nada. Los que más pagan son los potrillos, para fomentar a que haya nuevos caballos. El (Gran Premio) Carlos Pellegrini al primero paga cerca de $ 3.5 millones. Mi sueño es poder correr un Nacional o un Pellegrini con un caballo nuestro”.
Entre esas experiencias en los hipódromos, Amado atesora muchas, como cuando conoció a “Jorge Ricardo, el jockey más ganador de Argentina y del mundo”, con quien pudo sacarse una foto: “Es un trofeo muy preciado. Fue en La Plata. El mismo le puso la montura y corrió un caballo nuestro ese día. Cuando uno pone ganas se pueden hacer cosas desde lugares chiquitos”. Y recordó que el primer caballo de Ramón Santamarina en ganar en La Plata fue el 29 de julio de 2010. El caballo se llama Earth Wind y tuvo a Amado como peón y a Julio Haedo como capatás.
Dejó en claro que aunque son importantes, el jockey es un actor secundario detrás del caballo: “Los jockeys se consiguen. En Tandil, en el interior de la provincia, hay muchos y muy buenos. Y siempre se van agregando”, comentó aunque aclaró que no hay jockeys necochenses en este nivel.
Miedo de ser ‘burrero”
Sobre la transparencia del turf, aclaró que “muchos piensan que es como antes, pero ahora el caballo va con un chip en el cogote, para que el veterinario tenga el número exacto y sepa la edad del caballo y si ha ganado. No lo podés hacer competir con cualquiera. También si te llega a faltar una vacuna no podes correr. Antes la gente tenía miedo de decir que era burrera. Es un deporte que no sólo da plata, sino que además da trabajo”.
En su stud, Juan cuenta con 4 caballos propios aunque agregó que “hemos llegado a tener más, pero no tenemos capacidad”, apuntando que para que este deporte crezca es importante contar con un club hípico: “Tengo ganas de llevar un proyecto a la Municipalidad. Es un lugar que con un pequeño capital se puede generar, para que el caballo en invierno no pase frío. Se hacen los boxes, se cobra una pequeña pensión y hay gente encargada. Es un lugar que da trabajo y que tiene una pista para correr. No tenemos canchas blandas adecuadas. Así el caballo no corre peligro, hay que pensar que toma una velocidad de 70 u 80 kilómetros. Ojalá vuelva la hípica a Necochea”.
Para Amado la pasión por los caballos va más allá de lo competitivo y este proyecto apunta a que la actividad llegue cada vez a más personas. “Andar a caballo es hermoso, estuve 17 años sin andar por una lesión cervical. Los médicos me recomendaban no hacerlo pero anduve igual e incluso perdí kilos”. Viajar al hipódromo es la salida esperada: “Los domingos se detiene todo. Va toda la familia”. Para Juan, el caballo es parte de esa familia. Y las carreras un lugar de encuentro. Un vínculo especial entre el hombre y el animal que nació hace miles de años y que se sigue honrando. ///
