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    Es una sensación

    1 de octubre de 2022 | 21:10
    Es una sensación
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    Mientras la pandemia de Covid-19 dio una tregua a la salud de los ciudadanos, la inseguridad se mantiene firme y genera cada vez más temor por las distintas modalidades delictivas que están en plena vigencia.

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    A los episodios de robo a los que nos acostumbramos a lo largo de la vida, como consecuencia de la tediosa cuarentana que atravesamos, aparecieron otras formas de sostener el delito por parte de quienes están abocados al malvivir.

    Llamados telefónicos a viviendas de adultos mayores, los más vulnerables, indudablemente, con intentos de engaños y de estafas, han sido casos muy habituales en los últimos tiempos.

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    Los delincuentes por ejemplo, aturden a las víctimas con menciones referidas a que los billetes de dólares ahorrados hay que cambiarlos y llevarlos al banco de inmediato. O que alguien de la entidad crediticia pasaría por la casa a retirarlos y es solamente, la sustracción del dinero.

    Hubo y hay extorsiones, entre las situaciones más frecuentes que se han dado, donde los ladrones también se ponen en contacto telefónico con las víctimas en horas de la madrugada y les manifiestan que tienen como rehén a algún familiar.

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    Lógicamente, a cambio de la liberación de la persona, solicitan la entrega de dinero y están otras acciones como la venta de artículos por Internet o la realización de transferencias bancarias que suelen darse para embaucar a las víctimas y robarles.

    Vecinos aterrados

    La famosa sensación de inseguridad es tan dañina como la misma inseguridad que cualquier habitante puede sufrir, ya que nadie está exento del accionar de los que pretenden apoderarse de las pertenencias de los demás.

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    Y los casos que se dan a menudo en distintos barrios del núcleo urbano, provocan desconfianza y un estado paranoico en algunas personas, ya que están en un permanente estado de alerta que les impide distenderse como debería ser.

    “No somos dueñas de salir con una cartera colgando al hombro porque, en la calle, viene un ‘motochorro’ y te la arrebata, hasta con la posibilidad que te tire al suelo y lastime”, es la expresión más común que se puede escuchar en boca de una mujer.

    Otra realidad de un matrimonio y sus hijas que dejó su vivienda sola: “Fuimos dos horas a cenar a la casa de unos amigos y cuando regresamos a nuestro hogar, nos encontramos con todo revuelto y el faltante de diferentes objetos de valor”.

    Los habitantes se sienten indefensos, desprotegidos por las escasas medidas de prevención y cuando los hechos se consumen por la audacia y eficacia de los delincuentes, aparece en escena otro tema: la falta de resolución de parte de los investigadores.

    “El esfuerzo de tantos años de las personas de bien destruido por los delincuentes que se llevan las pertenencias en breves minutos y al momento de las investigaciones, nos encontramos con que no se pudieron recolectar rastros o las cámaras de seguridad de los alrededores no funcionan y esto tampoco ayuda a resolver los casos”, reconoció un vocero judicial en forma de autocrítica.

    Al respecto, hubo anuncios de la adquisición de nuevos aparatos para el centro de monitoreo y la incorporación del servicio de Caballería, entre otras acciones, tendientes a mejorar la seguridad, pero los resultados se demoran.

    Delitos de gravedad

    Frente a este panorama de incertidumbre, se dieron hechos de inseguridad de suma gravedad que no pueden pasar desapercibidos como los asaltos que han sufrido familias en sus casas, con delincuentes que ingresan con armas y no se sabe cómo puede terminar la historia.

    El robo de vehículos (motos, autos y camionetas) en la vía pública genera preocupación y alimenta el archiconocido “mercado ilegal” de ventas de autopartes y accesorios, pero esta modalidad delictiva también está lejos de desarticularse.

    Se suman las sustracciones de neumáticos de auxilio de camionetas de alta gama y que pareciera que esto tiene vinculación con la problemática que se vive en la industria que elabora las cubiertas y los vaivenes de la economía.

    La inseguridad es muy dinámica y tiene como involucrados a varios actores de la sociedad. Es un flagelo muy difícil de sobrellevar y la reacción inmediata es negarlo, decir que a uno no le va a pasar.

    Pero inconscientemente, la población va dejando su felicidad, su capacidad creativa, su interacción social y su productividad en el diario vivir.

    Precisamente, una víctima de robo en su vivienda reconoció que “hay una especie de acostumbramiento y resignación: la realidad es así y tengo que vivirla de esa manera, al menos, yo no estaba cuando me robaron y me encuentro en buen estado de salud”.

    Un especialista en psicología lo resumió de esta manera: “Lo más grave es que en el mediano y largo plazo, aparecen los sentimientos de depresión y desgano en algunas personas que han sufrido situaciones de gravedad”.

    Marcado descreimiento

    Otro dato que no es menor en estos tiempos es el descreimiento en las instituciones, como la Justicia o la Policía, ya que es común escuchar en los ciudadanos que han tenido un episodio delictivo y no lo denunciaron porque no confían en la posible resolución.

    “Me ha tocado denunciar un robo y luego tengo que bancarme las represalias de los malvivientes. Te sustraen la motocicleta y se comunican para solicitar rescates y que uno pague por lo que es suyo, es el mundo del revés, una realidad”.

    Las palabras pertenecen a un empleado de un comercio que tuvo el robo de su medio de movilidad y tuvo que escuchar cómo impunemente, el o los autores del ilícito trataron de extorsionarlo.

    Estas situaciones, que se dan a menudo, refuerzan, indudablemente, la sensación de inseguridad, la otra pandemia que la comunidad soporta. Y lo peor es que está muy lejos el horizonte para encontrar una probable solución. ////

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