Escasa cantidad de monjas en la ciudad
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Hace poco cerró sus puertas el Hogar Stella Maris que contaba con la última hermana de la Orden Don Orione
En nuestra ciudad son pocas las congregaciones religiosas que hay y lo mismo en cuanto a la cantidad de monjas, lo cual es un dato a destacar y que también preocupa, sabiendo que hace poco tiempo cerró sus puertas el Hogar “Stella Maris”, en Quequén, de la orden Don Orione, debido a que no contaban con religiosas y les resultaba imposible destinar a alguna para que permanezca fija en Quequén.
Las restantes congregaciones corresponden a la orden de las Hermanitas de los Hermanos Desamparados en el Hogar de Ancianos “Dr. García Landera”, quienes están abocadas a ayudar a los ancianos y más necesitados; la otra congregación es la de las Hijas de la Caridad Canossianas, más conocidas como Hermanas Canossianas quienes llevan asistencia al que sufre, acompañan en el dolor a enfermos y sus familias y promueven la cultura en niños y jóvenes.
Por último, está la congregación de Hermanas Dominicas de la Anunciata que invocan a San Francisco Coll, quienes predican el mensaje a la niñez y juventud a través de la educación
En la actualidad, son pocas las religiosas que hay en nuestro medio, contabilizando 14. Hay cinco Hermanas Dominicas de la Anunciata, tres Hermanas Canossianas y seis Hermanitas de los Hermanos Desamparados.
Ecos Diarios tomó contacto con la hermana Lucía, que pertenece a la congregación canosssiana y recordó que su sede está en calle 541 Nº 3614, frente al Hospital Irurzun. Allí las hermanas se dedican a la catequesis familiar, coordinan dos centros de Cáritas y visitan enfermos.
La congregación lleva 33 años de servicio en nuestra ciudad y la primera en llegar en 1985 fue la hermana Fabia, nacida en Jujuy. Ella, junto a dos hermanas más, fundó la comunidad canossiana en Quequén.
Unos años antes, llegaron el padre Carlos Rúfulo y el seminarista Alejandro Martínez en una misión que duró tres años. En el último tiempo, antes de irse, pidieron a las hermanas Cannosianas, con sede en La Plata, si podían enviar monjas a Quequén porque se trataba de un pueblo que necesitaba mucho.
Las religiosas comenzaron su trabajo centrado sobre todo en la enseñanza de catequesis para chicos, con la ayuda de laicos que se acercaron a colaborar y que hoy todavía continúan con la misma tarea. Abrieron un primer centro de Cáritas y luego un segundo, en la Casita de Fátima.
Por la década del noventa abrieron una guardería, que funcionó casi 10 años y que luego se convirtió en el Jardín municipal maternal «Barquito de Papel”.
La visita a enfermos es otra de las actividades que realizan habitualmente, para llevar la comunión y la palabra de Dios.
En general, siempre se mantuvieron tres religiosas, aunque no siempre las mismas, pero nunca llegaron a ser más de cuatro hermanas canossianas.
En este sentido, Lucía manifestó que “ahora todas somos jubiladas pero tenemos el tiempo para dedicarnos a esto”, y con respecto a la decisión de la vocación reconoció que “el compromiso es cada vez mas difícil de tomar, pero gracias a Dios en nuestra congregación siempre tenemos jóvenes que realizan misiones en otros lugares para que conozcan otras realidades y vayan descubriendo el proyecto de Dios en sus vidas”.
Con respecto al vínculo que mantienen con la comunidad, Lucía aseguró que son muy bien aceptadas, y siempre las ayudan para asistir a otros.
Particularmente en esta etapa donde Quequén, todavía no cuenta con un párroco, ellas son un claro referente y muchas personas se acercan a ellas.
“Realmente tenemos mucho trabajo y la gente se acerca a veces simplemente para ser escuchadas. Todo lo hacemos por amor al señor”, destacó Lucía.
Cabe señalar que la fundadora de las Hermanas Canossianas fue Santa Magdalena de Canossa, que nació en Verona (Italia). Era una marquesa, que sintió el llamado de Dios, e intentó ingresar a una congregación de clausura, «las Carmelitas Descalzas”, pero sintió que allí no podía ayudar a las personas directamente. Así fue como decidió fundar otra congregación, que llevó el nombre de Canossianas, con el anhelo de abarcar todo el mundo para anunciar la palabra de Dios.
Asistencia
En el Hogar García Landera, de la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, está la hermana Amelia Sánchez, superiora del hogar. Actualmente en el edificio residen 52 personas, y seis religiosas están a cargo de las diferentes áreas del establecimiento y de los internos, con la ayuda del personal.
Siempre hubo un promedio entre cinco y siete monjas a cargo de la institución.
Si uno se remonta a la historia, la congregación tiene sede en Valencia, España y llegó a la Argentina en 1931, pero a nivel local el hogar funciona desde 1954, hace 64 años, cuando un grupo de religiosas llegó a trabajar.
Sor Leonidas, que era la madre superiora, sor Consuelo, sor María, sor Dolores y sor Carmen, comenzaron a trabajar con los 40 ancianos que habitaron el hogar.
En aquel entonces, estaba todo por hacer, faltaban roperos, camas, provisiones, combustible muchos utensilios para alcanzar las comodidades mínimas que había que cubrir.
Muchas de las actividades están ligadas a la fe de las hermanas, que es la piedra fundamental en la vida de estas religiosas, que han dedicado y dedican su vida al cuidado de los ancianos.
En cuanto a las actividades que realizan los residentes, se indicó que son varias como por ejemplo un taller de manualidades, hay un psicólogo que viene a charlar con ellos y se entretienen, además de una docente que los ayudar a escribir.
Además reciben visitas del grupo de jóvenes de la Parroquia Santa Maria del Carmen y comparten la tarde juntos.
Un clásico, es el festejo por el día de la primavera, donde el hogar y los residentes se visten de fiesta y comienzan con muchas actividades desde temprano. Vale mencionar que en marco de los festejos, la Unidad Básica Mataderos, realiza la elección de la Reina y al Rey de la primavera, comen un asado, y pasean en caravana por la ciudad, con la Asociación Necochense Taxistas Unidos (ANTU).
La fiesta continúa con la presentación de números artísticos, cantores y bailarines. Esta fiesta es una de las más esperadas, ya que los residentes salen de paseo y realizan actividades dentro del hogar junto a sus familiares.
Entrega
La Congregación de Hermanas Dominicas de la Anunciata nace como respuesta a las necesidades de un momento histórico, a mediados del siglo XIX. Francisco Coll, dominico, se dedicó a evangelizar los pueblos y vio que una de las principales causas de la corrupción de costumbres era la ignorancia, especialmente de la doctrina cristiana.
Francisco Coll, emprendió la ardua tarea de trabajar para subsanar estas lagunas descubiertas en la predicación. Funda la Congregación para “Anunciar el Mensaje de Salvación a todos, especialmente a la niñez y juventud a través de la educación”.
En nuestro medio, las religiosas que pertenecen a esta congregación están en el Instituto Nuestra Señora del Rosario, más conocido popularmente como Colegio de Hermanas, donde ellas predican la palabra a través del eje de la educación.
Actualmente son cinco las monjas que están en el colegio, Carolina, Rina, Aurora, Celia y Estrella. Ellas, por falta de monjas, viajan diariamente a Balcarce donde hay otra comunidad religiosa y Colegio Santa Rosa de Lima, y también van a Buenos Aires donde cuidan a sus pares que se encuentran enfermas.
Las religiosas han ido rotando a lo largo de estos 84 años, pero cada vez son menos. Aunque años atrás eran muchas más, puntualmente en 1961 hasta 1963 hubo 22 monjas, y en el colegio hay un libro donde se registró la cantidad que hubo por año.
El Instituto Nuestra Señora del Rosario, abrió sus puertas el 3 de marzo de 1934, y las religiosas han sabido impartir la educación y el compromiso por la fe.
Inclusive hay un grupo Movimiento Anunciatista integrado por niños, jóvenes y adultos, cada grupo tiene un coordinador y se reúnen los días miércoles y sábado.
Hasta el día de hoy, los alumnos viajan para misionar a otras localidades del país y llevar la palabra de Dios y colaborar con los más necesitados.