Escuela de básquet y escuela vida
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Desde hace más de 20 años, el reconocido entrenador Alberto Pastrello dedica su vida al básquet femenino, y junto a su compañera de la vida, Leticia Arancón, marcan a generaciones de chicas con el deporte como móvil, fomentando el compañerismo, la integración, el respeto y el trabajo, tanto en Rivadavia como a nivel selección local
Las mil y una historias para contar. Si algún día a alguien se le ocurre escribir un libro sobre el básquet local, Elio Alberto Pastrello tendrá muchos capítulos para completar. Dueño de una pasión sin igual, casi de manera circunstancial tomó el rol de entrenador y formador del básquet femenino de Rivadavia hace 21 años, junto con quien es su compañera de vida, Leticia Arancón Ruiz, y a partir de allí abrieron un camino que marcó y seguirá marcando la vida de un sinfín de chicas, con el deporte como móvil para transmitir valores.
Pastrello narró que hizo el curso de entrenador con una academia española en los ’80, vía on line y con un disquete, pero que le gustaba la parte dirigencial y no pensaba tanto en dirigir, hasta que se abrió una puerta. “Justo Rivadavia tuvo una dificultad para salir adelante con un proyecto y me convocaron a ver si yo estaba dispuesto, y ahí arrancamos con Leticia en el femenino. Ella venía trabajando con las más chiquitas y necesitaban alguien para trabajar de sub 17 para arriba, y ahí me incorporé, pensando en un pequeño compromiso, y resulta que desde ahí llevamos más de 20 años”, manifestó.
Búsqueda constante
Sin un espíritu de innovación permanente no hubiera sido posible semejante continuidad, y es por ello que aseguró Alberto que no le gusta estar estancado y así lo expresó con la frase “si no hay algo que te lleve a crecer un poquito más es como que te desganás”. Se refirió a ello en el sentido en que los primeros años las chicas jugaban nada más que Bonaerenses y algún que otro amistoso, por lo que hubo que buscar la vuelta para reinventarse. “En ese momento les dije a los padres que teníamos que jugar el torneo de Mar Del Plata, así que viajamos y entusiasmamos a la gente de allá. Luego Mar Del Plata también nos quedaba corto porque éramos sólo cuatro clubes y con Leticia salimos a recorrer la zona. Fuimos a Dorrego, Bahía Blanca, Punta Alta y Tres Arroyos, a estimular y organizar torneos”, reveló. Incluso, enfatizó que luego se abrió la posibilidad para ir a más ciudades como Ayacucho y Olavarría, “y armamos el Torneo Amanecer, que después pasó a ser Integración, que fuera de Capital fue el mejor de la Provincia de Buenos Aires, y lo hacíamos entre entrenadores”.
Asimismo desde el nivel, el crecimiento de Necochea fue de a poco, y al respecto aseveró Pastrello que “con Mar Del Plata al principio perdíamos por 70 puntos, hasta que un día fuimos campeones allí. Y después el básquet fuerte estaba en Buenos Aires, entonces teníamos que viajar allá para hacer campus y jugar en varios lugares, y eso nos permitió acercarnos a grandes entrenadores para traerlos a Necochea y tener un contacto más fluido”.
El crecimiento del jugador y la integración por sobre lo competitivo
Durante la charla, Pastrello no necesita que le pregunten cuál era el norte que perseguían desde un inicio, sino que él solo se encarga de remarcarlo con orgullo. “La perspectiva nuestra nunca fue competitiva, sino la del crecimiento del jugador. Te vamos a dar herramientas para que llegues alto, pero no te vamos a meter en la cabeza que vos tenés que ser el mejor. Nosotros trabajamos para todos y creemos en el deporte de integración social”, subrayó.
En base a eso, contó que “viajamos una o dos veces por año con todas las chicas a distintos lugares, hemos recorrido casi todo el país. Hay una frase de una jugadora nuestra que nos mató en una despedida, cuando terminó y se iba a vivir a Mar Del Plata, dijo que si no hubiera sido por nosotros ella no conocía más que Necochea, ya que la familia no podía viajar. Hemos ido a muchos lugares sin sponsors ni colaboración alguna, sino que todo lo hacemos a pulmón y con orden, buscando siempre que las chicas además de crecer técnicamente, puedan tener un intercambio, viajes en conjunto y conocer la idiosincrasia de cada lugar”.
El porqué de trabajar con el femenino
“La convocatoria en su momento en Rivadavia fue para el femenino y con el tiempo me encantó”, aseguró Alberto, pero más allá de eso, explicó con detalle que “un entrenador famoso dijo una vez que el básquet femenino es otro deporte, no es como el masculino, utiliza el mismo reglamento y todo, pero es otra cosa, y es verdad. Por una cuestión cultural, trabajar con los varones te da más trascendencia, pero trabajar con las chicas es único, ver el logro día a día de una chica es maravilloso. Cuando llegan al club no tienen los mismos reflejos ni reacciones que los varones, porque culturalmente a la nena no la han tenido desde chiquita practicando con la pelota, y entonces es como un desafío mayor”, sostuvo. Si bien recordó que también “estuvimos tres años con el masculino y nos fue bien”, aseguró que “el femenino es más simple porque no hay tanta presión de los padres. El padre lleva a un chico a básquet y ve a un basquetbolista, pero lleva a una chica a básquet y es para que haga deporte”, diferenció.
Las nuevas generaciones y la discriminación entre géneros
Lo que parece que también es cultural, es la forma en que el mundo del deporte te trata según seas hombre o mujer, y allí las diferencias aún son abismales. Al respecto, Pastrello contó una anécdota muy elocuente: “Fuimos a jugar un zonal y lo ganamos, pero la organización no había previsto ni siquiera trofeos para las chicas, así que agarramos una botella de plástico y nos sacamos una foto, como si fuera la copa”, al tiempo que se refirió a los matices entre las chicas de hoy y las del pasado no muy lejano. “Hoy hay otras distracciones, entonces el club es algo más y ya no es lo principal. El avance de la tecnología influye y te obliga a tener que trabajar más para sostenerlas en el club, aunque nosotros siempre tuvimos cantidad”.
El sentido de pertenencia de las chicas con el club
A simple vista, el básquet femenino de Rivadavia destila un sentido de pertenencia único y ello enfatizó Pastrello que “te lo dan las cuestiones periféricas del juego, como un viaje, una actividad solidaria en una escuela rural o demás. Nadie nos regala pelotas, camisetas, ni nada, sino que todo se consigue con actividades especiales donde trabajan desde la más chiquita hasta la más grande, y todo eso lleva a la unidad”. Más aún, afirmó que “el día más doloroso del femenino fue en el incendio de 2014, donde hubo muchas reliquias que perdimos, pero ese dolor nos impulsó y nos fortaleció más”.
Asimismo, añadió respecto de la pertenencia que “hay jugadoras grandes que siguieron sus caminos e igual tenemos relación, como Candela Theiler, quien es abogada en Buenos Aires y cada vez que viene a Necochea nos visita. Con la mayoría queda un gran vínculo, podemos ganar torneos, pero cuando una jugadora nos llama y nos dice “me recibí” es lo máximo, eso trasciende lo deportivo. Cosas así me emocionan, la devolución de todos los años anteriores está en esas cosas”, expresó.
El quinteto más preciado
En el cierre del recorrido, Alberto se refirió a su círculo familiar, tanto su compañera de vida, Leticia, como sus cuatro hijos, a quienes les contagió su pasión. “Con Leticia somos un equipo, ya sea en el club como en la vida familiar. Uno empuja al otro, los dos vamos para adelante, tenemos el mismo criterio y ella está continuamente especializándose”, señaló, mientras que se refirió al quinteto más especial de su vida, el que conforma con sus cuatro hijos: Martín, Hernán, Camila y Lautaro. “El más chico, Lautaro, nos acompaña a todos lados y ya es como un entrenador, hace la jugadita en la pizarra y todo. Con mis hijos tenemos la misma línea, apuntamos a proyectos a largo plazo, tratando el sentido de pertenencia, la integración de los chicos y demás”, sintetizó. Incluso, destacó que de su trabajo con Leticia ya han salido siete entrenadoras oficiales como Camila Pastrello (su hija),Yamila Labarthe, Marilú Ostriniuk o Débora Siri, entre otras, y también varones como Cristian Silva o el “Colo” Hernán Berón”.
Sin dudas, Alberto y su historia están para un libro, el cual seguirá sumando páginas con las generaciones presentes y futuras.