Esperando que el “Maná caiga del Cielo”
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A través de una profusa información y un muestrario de fotos que en forma palmaria graficó el desastre que es hoy en día el complejo Casino, Ecos Diarios dio cuenta en su edición del pasado viernes del calamitoso estado del edificio y de la necesidad de tomar una decisión definitiva.
Más allá de mostrar una lamentable imagen, la crónica apuntó colateralmente al silencio de radio que sobre esta situación han observado en los últimos años distintos estamentos y entidades del quehacer de la ciudad.
Visto el estado de situación no hubo alguna acción fuerte por parte de gobernantes, concejales, integrantes del Entur y entidades intermedias como colegios de, por citar algunos.
Sin embargo, excepción de las consabidas sorpresas, críticas e intercambios generados en las redes sociales, donde si viralizó una marcada repercusión, ninguno de los actores de peso en la ciudad se expresó a viva voz en reclamo de una realidad que no puede soportar más.
En definitiva este “atronador” silencio, amparado en la cómoda y tradicional postura de “a mí no me corresponde”, explica nuevamente porqué Necochea no ha avanzado en las últimas décadas, más allá de algunas intentonas individuales, que obviamente no alcanzan.
No es necesario para darnos cuenta de esta indolencia de buena parte de nuestra sociedad el observar a otras ciudades de la zona, donde la comunidad y sus instituciones se ponen al hombro el avance de las mismas o influyen y reclaman sobre las autoridades de turno para que así sea.
¿Existe una maldición para que en nuestra ciudad no ocurra lo mismo? ¿O la apatía se ha instalado desde hace varios años, de la mano de los cambios generacionales y la falta de contagio?
Sobre el segundo interrogante se puede decir que no siempre se registró la misma conducta. Alguna vez hubo inquietos dirigentes que, por caso desde la Cámara Comercial e Industrial motorizaron mejoras y tuvieron a raya a las autoridades para que las gestaran.
Se conocieron diversas gestiones para generar mejoras en cuanto a infraestructura y servicios (llámese teléfono, iluminación, universidad) contaron con ese impulso de los distintos actores comprometidos.
Pero lamentablemente desde hace tiempo esas acciones quedaron olvidadas. La del Casino es sólo una imagen del desinterés, que se repite en otros hechos. El incendio y destrucción de la estación de trenes de Quequén, de varios paradores en las playas sin que nadie haya levantado la voz y la despreocupación por exigir que exista mayor seguridad en las arenas, luego del trágico accidente que le costara la vida a un niño, son solo otros ejemplos de una marcada y dolorosa indiferencia.
Bien se sabe que la ciudad no es de ningún gobernante, político, dirigente en especial. Es de todos los que la habitan y que deben canalizar sus demandas a través de las entidades que las representan.
Mientras no se cambie la mentalidad, solo queda esperar que el “Maná caiga del Cielo” será harto difícil que Necochea se enfile hacia un futuro que está esperando, pero por ahora solo es promisorio en los buenos deseos.///