“Esperé cuarenta años para cumplir mi sueño”
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Dijo el francés Pascal Lutz, que llegó a Necochea en su barco, a mitad de su objetivo de dar la vuelta al mundo
Pascal Lutz es el nombre del marinero francés que decidió emprender su viaje por el mundo, cumpliendo con un sueño que se despertó durante su adolescencia y que debió esperar cuarenta años para poder concretar.
El francés se desempeñó como profesor de inglés durante 34 años, lo cual le ayudó con la comunicación en distintos países. Además, habla muy fluido el español y algo de portugués, lo cual le ha resultado todo “un desafío mental”.
Actualmente se encuentra parando a orillas del río Quequén, en el club Vito Dumas, en lo que es su primera visita a América del Sur. Se encuentra aquí desde el pasado viernes y ya recorrió la ciudad para cambiar dinero y hacer compras, con acompañamiento de la gente del Club. “Creo que la gente de Uruguay, Brasil y Argentina es muy similar a los franceses, es fácil entendernos bien. Además, me encanta encontrar este pequeño club con un ambiente de amistad y que se muestra interesado en ayudar a los navegantes. Para nosotros y para todo el mundo, Vito Dumas es conocido y respetado como pionero de la navegación”, explicó.
El viaje
La aventura del hombre de 58 años, comenzó hace quince meses en su ciudad, Bretaña (Francia), siendo el comienzo del cumplimiento de un sueño que tuvo desde los 16. “Salir solo es mejor y más fácil porque si tienes miedo, es tu miedo, no tienes que hablar con otro para decirle ‘no te preocupes, todo va a estar bien’ y así se gasta menos energía”, explicó.
Además, aseguró que se trata de una “experiencia espiritual” porque “uno es solo con el mar y la naturaleza”. “No hay nadie para quebrar la concentración, uno está enfocado en lo que hace”, aseguró.
Durante el recorrido pasó por Galicia, Lisboa, pasó cuatro meses con amigos en Islas Canarias, continuó por Cabo Verde y luego llegó a Brasil. Más tarde se dirigió a Montevideo y arribó a Quequén el pasado viernes.
Ahora le queda sacar el barco del agua para limpiar bien el casco y hacer algunas reparaciones en la parte de la proa. Partirá cuando el tiempo lo permita y las condiciones climáticas le permitan navegar más hacia el sur.
EL próximo objetivo es llegar a Puerto Madryn y luego a Ushuaia para cruzar a Chile y transitar el océano pacífico.
En pequeñas travesías
Si uno quisiera hacer un viaje por el mundo, tal vez tendría su ruta marcada desde el primer día y trataría de seguirla. Sin embargo, ese no fue el caso de Pascal, que decidió llegar a Brasil y luego ir poniéndose pequeñas metas. “Mi última pequeña travesía fue la de Montevideo hasta Quequén. Ahora, seguiré mientras pueda seguir, y sino me vuelvo, esa es mi filosofía” afirmó.
El clima lo ha tratado muy bien al igual que la gente, aunque tuvo problemas con los fuertes vientos en dos ocasiones, y el más intenso fue al sur de Brasil. “Tuve que quedar a palo seco, sin velas durante seis horas a la noche, andando a la deriva”, contó.
“Peligroso y traidor”
Si bien Lutz empezó navegando desde muy chico por enseñanza de su padre y su hermano y conoce las aguas, se sorprendió con el Río de la plata al que consideró un lugar “peligroso y traidor” en el que siempre “hay que mirar a la espalda” por el viento que varía muy rápidamente, el poco fondo y oleaje. “Tengo respeto por los marineros que navegan allí constantemente”, indicó.
La navegación es una costumbre familiar para Pascal, e incluso su hermano dio media vuelta al mundo en los ’90, desde Nueva Caledonia hasta Francia.
La pequeña embarcación con la que llegó a Quequén, la compró en 2014 sabiendo que, tarde o temprano, “algo iba a cambiar” y que quería estar listo. En 2016 vendieron la casa con su ex esposa y con lo que obtuvo de su parte emprendió el viaje.
También llegaron dos holandeses
Además de Pascal Lutz, en el club Vito Dumas se está hospedando desde hace dos días una pareja de holandeses que también están viajando en un velero.
Su estadía en Quequén se debe a un desperfecto inesperado, ya que el ancla de su embarcación se quedó atorada en el fondo del río y, pese a los insistentes intentos y a la ayuda recibida, no pudieron quitarlo. Debieron cortar el ancla para poder amarrar la embarcación en el Club y esperaban que Prefectura le brinde buzos que puedan sumergirse y ayudar a sacar el ancla.
