Estadísticas y realidad
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Con frecuencia, funcionarios policiales o miembros de la Justicia suelen esgrimir que el mapa delictual ha bajado, o que no es tan elevada la cantidad de hechos como los que una sociedad, en este caso la nuestra, sufre o percibe.
Estas aseveraciones, que en principio sirven para justificar la labor de quienes tienen que combatir el delito, se basan en estadísticas generalmente sobre denuncias y no sobre hechos aclarados. Y en más de una ocasión las mismas merman, aunque estos números no reflejan palmariamente la realidad.
La semana pasada, el director de Coordinación de Políticas de Seguridad Pública de la comuna, Héctor Giglio, indicó a Ecos Diarios que en Necochea se observa una merma de un 15% de delitos “respecto al año pasado”.
Las palabras del funcionario, que en su momento formara parte de la fuerza policial hasta su jubilación, se basan en las estadísticas que le remite periódicamente la Policía, tanto de la denuncias como los llamados al 911.
Si bien los dichos de Giglio están fundamentados por datos, los hechos que salen a la luz las contradicen diariamente. Es así que proliferan los robos, hurtos y arrebatos, que son reflejados en las páginas de Ecos Diarios; así como también rebrotes de ataques a la propiedad privada para robar, cuestión que muchas veces los delincuentes logran y que castigan a los residentes en distintos barrios, como ha acontecido recientemente en el del Parque.
Siguiendo con las expresiones desafortunadas o inoportunas, la ministra de Seguridad de la Nación, Sabina Frederic, citó hace unos días que “no son muchos los robos”, y en un tono falaz atribuyó la sensación de la ciudadanía a “la difusión de los hechos que hacen los medios”.
Las críticas que arreciaron sobre los dichos de la funcionaria hicieron que horas más tarde el propio jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, saliera a reconocer el aumento en los casos de inseguridad en el país desde que comenzó a flaquear la cuarentena.
Esta desmentida de funcionario inmediato al presidente de la Nación deja varias lecturas. En principio que las estadísticas, máxime si se las compara con las de un año anterior, no suelen coincidir con el pensamiento y padecimiento de la gente, que en muchos casos no hace la denuncia. Y éste comportamiento se fundamenta en la falta de credibilidad que el hecho se aclare y se recupere los objetos robados.
Por otra parte, si el propio Gobierno admite que el delito creció durante últimamente, se deduce que los delincuentes no acatan la cuarentena y salen a cometer sus “fechorías”.
Ante esta confesión también es casi imposible despegar el aumento del delito con la decisión de liberar a cientos de presos, supuestamente en forma temporal, por el riesgo que los mismos correrían ante el avance del Covid-19.
Más allá de todas estas cuestiones, la indefensión, miedo, hartazgo y la sensación de que nadie puede o sabe cómo ponerle freno a la delincuencia, invaden a gran parte de la comunidad, que obviamente observa como irreal lo que se plantea desde las autoridades ligadas a cuestiones de seguridad. Un curioso divorcio entre las estadísticas y lo que realmente ocurre.///