Estremecedor relato
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Fue una de las estremecedoras afirmaciones de Marisa Astudillo, quien recibió tres proyectiles del arma reglamentaria del policía Rubén Ortega (53) cuando trataba de escapar de la agresión. “El quería tener el control de todo, era violento y me basureaba”, acotó
“Quería declarar, como sea. A pesar que me tienen que hacer una intervención quirúrgica en la tráquea y va a modificarse mi timbre de voz, yo quería contar lo que sucedió”, señaló ayer con firmeza y valentía Marisa Ivana Astudillo (43).
La víctima de violencia de género estuvo sentada frente al jurado popular durante dos horas y media y respondió todas las preguntas de los abogados intervinientes. Brindando detalles precisos y una marcada lucidez que emocionó a los presentes en el recinto de justicia.
Efectuó un relato pormenorizado de los episodios protagonizados y de su vida junto al oficial de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, Rubén Abel Ortega (53), hasta que llegó el desenlace en el patio exterior de la vivienda del barrio 9 de Julio.
“Me estaba preparando para ir a trabajar al buffet de Palestra y llegó Rubén a la casa, tras cumplir servicio en la Jefatura Departamental de Necochea. Tenemos que hablar, me dijo en reiteradas ocasiones, porque yo le decía que estaba por irme”, narró Marisa Astudillo.
Acotó que “discutimos en ese momento y empezó a ahorcarme, sentí que me moría. Logré zafarme de esa situación y corrí hacia la calle, me encontré con una vecina a quien le pedí que llamara a la policía”.
“Me quería matar…”
Astudillo se quebró emocionalmente en reiteradas ocasiones pero con mucha convicción respondió el interrogatorio del fiscal del caso. En una parte de su relato desgarrador señaló que su ex esposo “me quería matar y cuando trepaba la reja sentí un calor que me quemaba el cuerpo”.
Toda esa escena se desarrollaba la mañana del 21 de abril de 2017, entre las 8 y las 8.15, en el domicilio de calle 102 bis al 3900, ante la vista además de habitantes del barrio 9 de Julio que no entendían lo que sus ojos captaban.
“Alcancé a escuchar que cargó el arma y me disparó tres veces. Los vecinos le decían ‘mira lo que hiciste Rubén, Marisa quedó enganchada en la reja’ y en ese instante pensé que se iba a matar”, declaró la mujer que fue atacada por la espalda y se mantuvo, increíblemente, consciente.
Marisa Astudillo sufrió gravísimas heridas provocadas por las balas ejecutadas desde la pistola calibre 9 milímetros marca Browning que pertenecía al servidor público, otorgada por el Estado provincial.
Heridas gravísimas
Los proyectiles ingresaron en la zona toráxica de la víctima. Uno de ellos quedó alojado en cercanías a la médula y otro perforó un pulmón, mientras que la tercera bala impactó en cercanías de uno de los hombros.
De milagro se salvó la mujer, tras semejante agresión a unos 50 centímetros de distancia, prácticamente, a quemarropa se produjeron los disparos del arma reglamentaria del efectivo de la Departamental.
Los facultativos que recibieron en el Hospital Municipal Ferreyra a la paciente debieron intervenirla quirúrgicamente de urgencia y, tras permanecer internada durante varios días, decidió continuar la recuperación en Mar del Plata, donde viven sus hermanos y el resto de la familia.
Cabe indicar que la mujer también contestó todas las preguntas que le hicieron los abogados del particular damnificado y de la defensa del imputado del delito de “tentativa de homicidio agravado por el uso de arma de fuego y el vínculo”.
Para estos casos, la pena que cabe para los que sean declarados culpables es de hasta 25 años de prisión.
El desesperado aviso al 911
“Me quiere matar, me está ahorcando”, alertaba la víctima
“Marisa me llamo, Marisa, me quiere matar, me está ahorcando”, le expresaba la víctima al operador del servicio de emergencias 911 de la Policía, en un llamado desesperado para tratar de salvarse de la agresión que luego, inexorablemente, llegaría.
Del otro lado de la línea y por el protocolo de estos casos, el operador le preguntaba a Marisa Astudillo si el hombre “¿Está armado…?” y desde qué ciudad estaba llamando, mientras pasaban segundos preciosos para que el ejecutor llevara adelante su propósito.
La mujer respondió con rapidez al interlocutor y le dijo que su ex marido “trabaja en la Departamental de Necochea”, pero los instantes transcurrían como si fuesen una “verdadera eternidad” para la víctima que buscaba una respuesta concreta para tratar de protegerse.
Ayer se escuchó la grabación de la conversación de Marisa Astudillo con el 911 aquella mañana fatídica del viernes 21 de abril de 2017. Durante esa comunicación también se oyeron ladridos de perros que estaban en los alrededores, como presagiando un desenlace aún más violento.
Nueva advertencia
Posteriormente, fue otra vecina del barrio 9 de Julio que volvió a llamar a emergencias policiales cuando se escucharon los disparos a corta distancia que impactarían en el cuerpo totalmente indefenso de la víctima.
Tal vez, con el primer llamado que realizó la propia Marisa Astudillo, de haber arribado al lugar un patrullero con prontitud se hubiese evitado (o tal vez no), la agresión del oficial de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.
El debate oral y público, mediante la modalidad de juicio por jurado, seguirá hoy a partir de las 9.30 en el Tribunal Criminal Nº 1 con testigos de la Fiscalía, del particular damnificado y luego de la defensa del imputado. ////