Estudiantinas color esperanza
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Organizas por el CEF de Quequén, tuvieron su esplendor en los años 90 y transformaron la infancia de miles de chicos
Hace dos décadas, al tiempo que surgían los Juegos Deportivos Bonaerenses, nuestra ciudad también generaba espacios propios para acercar a los chicos de las escuelas al deporte. Desde un punto de partida más recreativo, incluso incorporando a los docentes al juego, directivos, profesores, padres y estudiantes del Centro de Educación Física N°76 organizaban las denominadas Estudiantinas de Color, en el marco de los festejos por el Día de la Primavera.
Estos encuentros integradores tuvieron su primer par de ediciones pensados para los estudiantes secundarios, pero finalmente cobrarían una recordada trascendencia entre los chicos de las Escuelas Primarias. Rosa Lorenzo y Julio Feriozzi, directora y regente por muchos años del CEF, fueron los impulsores de estas celebraciones que incluían juegos, bailes, canciones, comparsas y disfraces en una única jornada. “La institución lo hacía como una manera diferente de recaudar fondos y darnos a conocer en la comunidad. En la primera edición para los Secundarios incluso fueron chicos del Liceo Naval”, recordó Feriozzi.
Los comienzos
En la primavera de 1992 se concretó la primera edición para alumnos de las Escuelas Primarias con la destacada participación de 1.600 estudiantes de séptimo grado de Necochea, Quequén y Lobería. Hubo delegaciones de 20 instituciones quienes compitieron en distintos juegos. “Eran juegos que surgían de la creatividad de los docentes. Era simples, fáciles de aprender, relacionados con lo físico y los inventaban los docentes”, explicó Feriozzi.
En la primera edición los vencedores, compartiendo el primer puesto, fueron los equipos del Colegio Nacional y el Pío XII. Luego se ubicaron la Escuela N° 3, Escuela N°19, Instituto Alta Mira y el Instituto Humboldt.
“La idea se trajo de Tres Arroyos”, recuerda Rubén Retamozo, quien formaba parte del grupo de trabajo en la organización aquellos años. “Aunque en un momento se apuntó a los chicos de las Escuelas Secundarias, se terminó haciendo para las Primarias, ya que los padres tenían mayor participación y había más interés en acompañar a los chicos”.
Una fiesta
La fiesta se abría por la mañana con un desfile por las calles, con una bicicleteada desde el CEF en Quequén al estadio “Gigante” del Club Huracán, sede de las actividades. Padres y amigos colmaban las gradas, conformando hinchadas coloridas y bullangueras. “De cada colegio, era diez los chicos que participaban en los distintos juegos, a quienes se les asignaba un color. Los demás estaban en la tribuna, alentando y debían vestirse con el color que les tocaba. Incluso había un jefe de hinchada que debía sobresalir de los demás. Los colegios se preparaban durante la semana y se generaba un ambiente hermoso”, valoró Retamozo.
La jornada se dividía en dos tramos, dándole espacio a un receso para un almuerzo de camaradería. Había por supuesto un cierre con entrega de diplomas y trofeos. Se incluía además una ayuda económica para las asociaciones cooperadoras de las escuelas ganadoras. Había premios a la mejor hinchada y también para los ganadores de las competencias de los docentes.
Sana competencia
Feriozzi aclaró que “el objetivo no era premiar, sino que (los chicos) se sintieran identificados con la Estudiantina. Queríamos una competencia sana, que no hubiera diferencias entre los colegios. Que se integraran. De ese punto de vista fue exitoso. Siempre hubo rivalidades ente los colegios y después salían todos amigos. Un año metimos casi 2.500 chicos en el Huracán. La repercusión fue hermosa”. Para la quinta edición en 1996, por ejemplo, dijeron presentes alumnos de las escuelas N° 2, 3, 4, 7, 12, 19, 25, 28, 40, 50 y 51, Alta Mira, Humboldt, Pío XII y Cavagnaro.
Lamentablemente, hacia fines de los 90 se dejó de organizar. “Con los años, era tan grande el sacrificio que hacíamos que cuando movíamos la zaranda no quedaba nada. Los papas decían que no se justificaba tanto sacrificio para que no quede nada. Te vas desinflando y si no te van ayudando o no encontrás resultados, te desanimas. En un principio los colegios nos apoyaron pero después ya no. Claro que era mucho trabajo. Hay que trabajar y somos cómodos. Remar contra la corriente lo podés hacer, un poco, pero cuando te cansás no querés más”.
Las Estudiantinas de color proponían todo un día de sana competencia, compañerismo y alegría. Después de casi nueve o diez horas jugando, el cierre era con un baile y una ovación final reconociendo el trabajo mancomunado de directivos, padres y profesores para concretar la fiesta estudiantil. “Hubo mucha gente importante en todo esto, que trabajó desde el anonimato, como los padres de la cooperadora y los docentes”, valoró Feriozzi. Un pequeño aporte quizás para algunos, pero que para otros dejó un recuerdo imborrable en sus años de su juventud.///
