Evitar que se caiga en la “noche de ignorancia”
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En 2020 se perdió un año entero debido a la cuarentena porque, pese a los esfuerzos docentes, la educación virtual no tiene ni para empezar con las clases presenciales en el aula. En el 2021, se perdió la mitad del año por la misma razón. Y este año, el ciclo lectivo comenzó temprano y todo se venía desarrollando con aparente normalidad, pero evidentemente siempre por alguna razón se empiezan a perder días de clases cuando se podría evitar. Y a fin de año, seguramente nos vamos a volver preguntar: ¿por qué no pudimos llegar a cumplir los 190 días de clase de los que tanto se hablan? Las razones están a la vista. Porque no seguimos los ejemplos que debiéramos para no caer “en la noche de ignorancia”, evocando el himno a Sarmiento.
Nos permitimos recordar que, apenas pasado un mes desde que se arrojó la bomba sobre Hiroshima, en 1945, causando 80 mil muertos en los primeros minutos y 150 mil en total, sin contar las espantosas secuelas que dejó la tremenda ola calórica, los maestros y alumnos retornaron a clase.
Otra vez Japón sufre la catástrofe y 30 días después del tsunami ocurrido en el año 2011, igualmente alumnos y maestros volvieron a abrir sus libros y cuadernos cumpliendo con el sagrado mandato de educar y educarse. Hoy bajo el temor y el estruendo de los bombardeos rusos en Ucrania, hay refugios donde se sigue dictando clases.
Mientras que ayer, pasadas las 12 del mediodía, se dio aviso a las escuelas de que se suspendían las clases en los turnos tarde, vespertino y noche por alerta de fuertes ráfagas de viento y riesgos en la vía pública. Sin embargo, no ocurrió nada, más allá de un poco de lluvia y viento. Una vez más, se tomó una medida innecesaria, sin ninguna razón de ser, que no hizo más que desorganizar la rutina de las familias y hacer que los chicos se pierdan un día más de clases.
La decisión –según se informó- la tomó la Jefatura Distrital de Educación, tras realizar la consulta pertinente al área de Defensa Civil de la Municipalidad. No es la primera vez que se suspenden las clases ante la mínima lluvia con un poco de viento que nada tienen que ver con los fuertes temporales que han sucedido en Necochea, a lo largo de su historia, realmente con destrozos importantes y consecuencias graves para la población.
El aviso llegó intempestivamente al mediodía cuando todavía muchos chicos estaban en clase porque, en el caso del secundario, generalmente los horarios de salida son a las 13 o a las 14, dependiendo del establecimiento.
Desde las escuelas, se llamó a los padres para que retiren a sus hijos, generando una desorganización para las familias que tienen una rutina armada todos los días y que no siempre pueden flexibilizar. Además, no pasaba más que un poco de lluvia y viento y los chicos estaban protegidos dentro de los establecimientos educativos.
Lo que sí debería preocuparle al Estado, en lo que respecta a los días de lluvia, son los edificios escolares que tienen filtraciones de agua, que se llueven o que no tienen buenos accesos para garantizar la igualdad en el acceso a la educación. Y ni hablar de los chicos que no pueden ir a clases los días de lluvia, de esto también tiene que ocuparse el Estado.
Volviendo a la decisión de suspender las clases, no esperada y tomada a la ligera, más allá de la desorganización familiar que produjo, lo más triste es que gran parte de los alumnos perdió, innecesariamente, otro día clases.///