Exabruptos y patoterismo
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Absorta, indignada y dolida, gran parte de la sociedad argentina viene escuchando y observando frases y hechos lejanos a la vida en democracia.
Se trata de las voces y acciones de “personajes” con un historial oscuro, interesados en mantener su bienestar personal y eludir a la Justicia, en vez de rendir cuentas. Se sienten impunes, arrogándose la opinión de la gente y apelando a los duros agravios a la investidura presidencial, que es lo mismo que atacar al sistema republicano.
Impresentables por trayectoria, con aires destituyentes y actitudes de pleno patoterismo, un grupo de oportunistas, que lamentablemente siguen teniendo protagonismo, vienen taladrando desde hace meses a la administración de Mauricio Macri al frente de la Nación, así como también de la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal.
Si bien son numerosos los despropósitos que han enunciado, estos individuos, vale recordar recientes exabruptos. Violentos y llenos de odio.
Por caso se puede apuntar la indignante frase que vertiera en julio pasado el activista Luis D`Elia, qué desbocado enunciara en una entrevista radial la frase: «A Macri habría que fusilarlo en la Plaza de Mayo delante de todo el pueblo. Es un hijo de re mil putas».
Ni que decir de la integrante de las Madres de la plaza de Mayo, Hebe Bonafini, que tiene una enorme lista de brutales dichos, con un alto tinte antidemocrático. De los últimos tiempos se puede apuntar sus felicitaciones a quienes agredieran días atrás a la gobernadora Vidal en Chascomús; o en uno de sus dardos hacia el Presidente el enunciado, “no quiero que Macri se vaya, quiero que se caiga a pedazos”.
La escalada de dichos en contra del jefe de Estado del líder del Sindicato de Camioneros, Hugo Moyano, sobre todo en los últimos días cuando su hijo Pablo estuvo cerca de ir preso, no se ha privado nada. De su “célebre” colección se puede mencionar su arenga: «Hay que erradicar el Gobierno de la miseria». Y la última si detienen a Pablo, paro nacional.
En torno a los Moyano también fueron un verdadero disparate las palabras del juez Luis Carzoglio, luego de desestimar el pedido de detención del miembro de la directiva de Independiente, el primogénito de Hugo, quien insólitamente argumentó que no se dejó llevar ni presionar por “la campaña de prensa” y apuntó directamente a medios como Clarín y La Nación y a reconocidos periodistas como Jorge Lanata y Luis Majul, entre otros. Una llamativa manera de justificarse.
A horas de esos dichos, en la celebración del Día de la Lealtad, en Tucumán, la diputada nacional Graciela Caamaño se despachó con la frase: «A la mierda los prolijitos, nos están llevando a la ruina”, en referencia al Gobierno y también con un marcado tufillo antidemocrático.
A todas estas declaraciones el Presidente de la Nación no ha respondido con virulencia. Poco menos que las ha obviado, privilegiando el respeto por sobre la violencia verbal. Apenas se ha limitado a calificarlos en algunos casos como “voceros del odio”; y respecto al líder de los camioneros, sin siquiera nombrarlo, citó que «nadie se puede creer por encima de la ley, ni prepotear a los demás»
La historia argentina lamentablemente está llena de sórdidas campañas y acciones en pos de terminar con gobiernos elegidos en las urnas. Muchos de ellas protagonizados por las distintas vertientes ideológicas que abrevan en el peronismo, y que no toleran que quienes no comulgan con su doctrina dirijan los destinos de la Nación.Y llama la atención que, ninguno de los amigos de estos energúmenos haya dicho una sola palabra de rechazo a estas desubicadas e intolerantes manifestaciones.
No es más que un boomerang, que explica porque la Argentina no puede avanzar. Una historia inexplicable para el mundo, y que ha significado una lacerante postergación para varias generaciones.