Exigir e interpelar a nuestros candidatos
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«Hay demasiada gente
que coloca el nivel de
exigencias a ras de suelo»
(Mario Alonso Puig,
escritor español)
Una sociedad exitosa se compone de varios ingredientes, dirigentes políticos que no sean comandantes de vuelos de cabotaje, sectores de la comunidad aportando su cuota parte, con derechos y obligaciones y todos adquiriendo responsabilidades, sea cual fuese el nivel socio-económico.
La sociedad exitosa debe contener crítica, no queja colectiva, la crítica siempre es un acto de esperanza para mejorar, la queja es un llanto vacío. Se debe tener alta participación en los compromisos ciudadanos y, fundamentalmente convertirse cada uno en exigentes habitantes del distrito.
Siempre cabe la misma pregunta sobre nuestra geografía ¿por qué teniendo un distrito de potencialidad evidente, características “quasi” únicas, zona agrícola ganadera potente en todo sentido, turismo, un puerto considerado entre los más importantes del país no podemos crecer a la altura de todas estas posibilidades?
Caer en el facilismo es afirmar que la culpa total es de la dirigencia política que nos han gobernado en los últimos años, eso es un escapismo, tendencia a eludir responsabilidades o evadirse de la realidad cargando culpas al otro. Es cierto que nuestra dirigencia política la tiene también asumir la de uno mismo, aunque sea en menor escala. Pero no se puede cargar con ésta a toda la población. La responsabilidad mayor y absoluta, la tienen quienes han apostado, y jugado a ser políticos, exhibiendo soluciones en sus manos.
En tal sentido, no se puede ser una sociedad de distraídos, de habladores sin accionar, aislados en el individualismo y sin colocarnos la mochila de exigencia, para uno mismo, a la hora de votar y cuando debemos interpelar a quienes tendrán la responsabilidad de conducirnos porque, estos se ofrecieron para hacerlo con idoneidad, capacidad, seriedad e inteligencia.
Se debe exigir políticos preparados, no improvisados.
Cuando no hay preparación lo que viene inevitablemente es el fracaso.
Estamos a escasos días de las definiciones de las diferentes alianzas y luego la conformación de las listas que participarán en las Paso del 11 de agosto, en el intríngulis actual, lleno de intenciones de personas que se postulan a la intendencia o a diversos cargos, existen diferentes posturas y argumentos en aquellos que no deben confundir la preparación para ganar una elección con la de gobernar. Dos cosas totalmente distintas.
De esos candidatos esperamos sus propuestas, el muestreo de caras que podrían conformar sus equipos de gobierno en caso de acceder al poder, y la definición de los temas prioritarios para la ciudad.
Por fuera del periodismo y su profesión que es la de preguntar, analizar, informar, aparece la sociedad, nuestro conjunto de personas que se relacionan entre sí, y su exigencia, que va más allá de protestar, quejarse por distintas circunstancias, decir exigencia es no dejarse llevar por un discurso enardecido, palabras altisonantes o repeticiones de frases acomodadas y bonitas según el momento, exigirlos en cada tema, buscando las respuestas concretas que no sean cargadas de excesivos ideologismos, no exentos del populismo, una instalación clásica de muchos gobernantes que adquieren un brillo momentáneo hasta que el rey se ve desnudo, ergo, se cae el traje del populismo y la verdad queda al descubierto.
Exigiendo respuestas en los temas fundamentales
A pocos meses de la elección a intendente, debemos tener respuestas claras en los temas que venimos arrastrando en la discusión en prolongado tiempo.
Necesitamos saber como mejorar la cobrabilidad de nuestras tasas municipales sin entrar en la recurrencia de la utilización del aumento como única salida.
Basta de dubitativos o políticamente correctos que nos hablan sin decir nada sobre el futuro del parque «viven lavándose las manos como Poncio Pilatos, sin asumir compromisos. Prioridad es la planta de efluentes cloacales, tema que suele agitarse ante cada elección, decir que hay que concretarla es extremadamente simple, hay que añadirle la respuesta de donde sacamos el dinero, previo un diagnóstico porque ni siquiera sabemos con certeza su valor de obra.
Exigir respuestas sobre qué hacer ante la falta de agua en algunos sectores, el pensamiento sobre nuestro estado municipal, necesitamos estadistas que piensen en el presente y programen el futuro.
Siempre falta esa transición hecha con altura para reunir equipos técnicos de los que se van y de los que comienzan una tarea, sabiendo a ciencia cierta como se encuentran las áreas especialmente la más sensible, la económica.
¿Subastamos, dinamitamos, concesionamos qué hacemos con el edificio del casino, en forma inmediata?
¿Cómo armonizan un equilibrio entre Estado y privados, o la balanza tiene inclinaciones en sus pensamientos?
No hay tiempo de improvisaciones, ni remiendos ni maquillajes, no hay tiempos de magias ni irrealidades, sólo proyección de ideas, equipos de trabajo, integrar una sociedad movilizada unida en un proyecto común y políticos preparados que no lleguen a la función pública a aprender perdiendo un tiempo irrecuperable.
La esperanza en un vocablo derivado del latín «esperare», en eso estamos los habitantes del distrito, en la espera.
La única verdad es la gestión
Hoy el nombre de un gobierno es la gestión, dentro de la misma existe la ideología, es razonable, lo negativo es cuando esta se convierte en fundamentalismo irracional imponiendo verdades, o convertir al adversario es un enemigo irreconciliable.
En un municipio la única verdad es la gestión, encabezada por el intendente, a la manera de sus formas.
entendiendo la idiosincrasia de cada distrito, algunos fruto de la continuidad, otros producto de la calidad de sus gobernantes, y sociedad mas participativas, sin anteponer ideología por sobre el ciudadano, piense como piense, el distintivo es mejorar la calidad de vida del habitante.
Los pueblos tienen responsabilidades, que no es expresarlas en una red social o en clásica mesa de café donde arreglamos el mundo con dos cortados livianos, esa responsabilidad de ser activos cuestionadores para mejorar, vigías de las promesas incumplidas, estudiosos de las situaciones para no repetir a coro bajas intenciones o sueños inalcanzables de utópicos vendedores de ilusiones.
Cuando esgrimimos el concepto de interpelar, es tanto a aquellos que quieren ser como al que quiere continuar.
La exigencia del ciudadano deberá ser para todos, oficialismo y opositores, algo que hará bien al debate, elevará la calidad del mismo y bajará a la realidad las promesas, que siempre suelen ser seductoras a la hora del voto, no es cuestión de decir que haremos puentes, y si no hay río haremos también un río.